Diario Sur

La «paz inacabada» de Peres preside su despedida

La «paz inacabada» de Peres preside su despedida
  • Obama hace un llamamiento al diálogo a Netanyahu y Abás, que se saludaron en tono conciliador

Simon Peres descansa en el cementerio del monte Herzl de Jerusalén, a unos metros de donde reposa otro Nobel de la Paz, Isaac Rabin, el primer ministro asesinado por un judío extremista en 1995. Adversarios políticos en vida, la muerte les ha unido en el lugar que Israel tiene reservado a los Grandes de la Nación. El tercero de los protagonistas de los Acuerdos de Oslo de 1993, Yaser Arafat, está enterrado al otro lado del muro, en la ciudad cisjordana de Ramala. Desde allí viajó ayer el presidente palestino, Mahmud Abás, para tomar parte en el funeral de Estado más importante que ha organizado Israel en las últimas dos décadas y en el que estuvieron presentes el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sus homólogos francés y alemán, el príncipe Carlos de Inglaterra y el rey de España, Felipe VI, entre una nutrida presencia internacional. Un viaje de apenas diez kilómetros, pero que Abás no realizaba desde hacía seis años. El homenaje al antiguo presidente y primer ministro, fallecido el martes a los 93 años, pudo con las fuertes diferencias que mantienen el proceso de paz congelado.

Justo antes de la ceremonia, que duró tres horas, las cámaras captaron el momento más simbólico de un funeral en el que la palabra 'paz' estuvo en boca de cada familiar, amigo y político que intervino. Netanyahu, y su esposa, Sara, estrecharon las manos e intercambiaron unas breves palabras con el presidente palestino, quien comentó sin perder la sonrisa: «Mucho tiempo, mucho tiempo», en referencia a ese último encuentro en la ciudad santa de hace seis años en la residencia del primer ministro. Netanyahu le agradeció su presencia y le dijo que «es algo que aprecio mucho en nombre de nuestro pueblo».

Cada detalle del protocolo es fundamental e Israel trató al líder palestino con todo el respeto que se merecía el único jefe de Estado árabe que acudió al adiós de Peres. Egipto, uno de los dos países vecinos que tiene un acuerdo de paz con Israel, envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Sameh Shukry.

La ceremonia tuvo una primera parte para los elogios a una persona que fue clave en el nacimiento del Estado de Israel en 1948. Netanyahu recordó las diferencias que tenían respecto al conflicto con los palestinos y cómo Peres le decía que «la mejor seguridad es la paz», pero él le respondía que «sin seguridad no hay paz». Una discusión que, tras su muerte, el líder conservador zanjó al asegurar que «los dos teníamos razón. El objetivo no es el poder, el objetivo es la existencia y coexistencia».

Obama fue le encargado de hablar en representación internacional. Arrancó su discurso con una alusión directa a Abás y Netanyahu, a quienes recordó que la paz con la que soñaba Peres sigue siendo una «tarea inacabada». En el discurso, que puso fin a las exequias, el mandatario estadounidense, también Nobel de la Paz, dijo que «incluso frente a ataques terroristas, pese a repetidas decepciones en la mesa de negociación, Peres insistió en que, como seres humanos, los palestinos debían ser vistos como iguales en dignidad a los judíos y debían por tanto ser iguales en su derecho a la autodeterminación».

El funeral estuvo rodeado de extraordinarias medidas de seguridad que paralizaron la ciudad santa durante la mañana. El monte Herzl fue una fortaleza blindada por 8.000 agentes de seguridad que cortaron todos los accesos para garantizar la seguridad del adiós a un Peres.