Diario Sur

Cómo 'Donald' perdió el debate

Hillary Clinton y Donald Trump se saludan sin mirarse al finalizar el debate que los enfrentó en la Universidad Hofstra. :: SPENCER PLATT / AFP
Hillary Clinton y Donald Trump se saludan sin mirarse al finalizar el debate que los enfrentó en la Universidad Hofstra. :: SPENCER PLATT / AFP
  • Expertos y sondeos coinciden en que el candidato conservador fue su peor enemigo

«Great success, great success (gran éxito)», repetía la noche del lunes (madrugada de ayer en España) Donald Trump delante de todas las cámaras concentradas en la Spin Room. Era la primera vez que un candidato presidencial salía del debate y se paseaba por ese circo donde sus representantes intentan influir en el análisis de los medios de comunicación. Más burdo que los congresistas que apuestan por su victoria en pro del partido, el magnate sólo repetía por el paseíllo al ruedo «Great success, great success». «Lo hice extraordinariamente bien», dijo a todo el que le quiso escuchar, sin entrar en detalles, que no es lo suyo.

Está acostumbrado a que todo lo que repite hasta la saciedad delante de muchas cámaras se transforma en verdad, pero cuando no le funciona opta por echar la culpa a los demás. Al moderador, Lester Holt, al que en las horas del 'great success' aplaudía por haber hecho un buen trabajo, lo acusaba más tarde de ser un vendido por no haberle preguntado a Clinton sobre los correos borrados o el tráfico de influencias a través de su Fundación. Y el micrófono. «Me dieron un micrófono terrible que no funcionaba bien, no se si te diste cuenta, iba y venía, a veces en la sala no podían oírme. Me pregunto si lo hicieron a propósito».

La ex primera dama no podía estar más relajada. Al fin había encontrado su voz, después de su victoria abrumadora en el debate de más audiencia de la historia de EE UU, con más de 80 millones de espectadores, según Nielsen. Trump insiste en que todas las encuestas, «menos la de CNN, que nadie ve», le dan a él como ganador. Pero, como le dijo irónica su rival durante el debate, «Donald, sé que tú vives en tu propia realidad, pero esos no son los hechos».

Muchos creen que no fue ella quién ganó el debate, sino él quien lo perdió, Donald siendo Donald. Tanto, que uno de sus principales caudillos, el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani, que le ayudó a prepararlo en la Torre Trump, dijo que «si yo fuera él no iría a los siguientes». Por supuesto, la culpa no fue de Trump, sino del moderador.

Los analistas resolvieron que Trump actuó bien y tuvo el dominio durante los primeros 20 minutos, pero hasta ahí llega el autocontrol del impredecible multimillonario. «¿Cómo estás, Donald? Me alegro de estar contigo», dijo una Hillary demasiado suelta. Y él la atacó con datos certeros en lo que más daño podía hacerle, los tratados comerciales a los que las clases medias culpan del fracaso de la globalización. «El Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (con México y Canada, Nafta, por sus siglas en inglés), es defectuoso, probablemente el peor que se haya firmado nunca». «Ella lleva 30 años haciendo esto, pero sólo ha empezado a hablar de él recientemente. ¿Por qué no ha intentado mejorarlo?». La frase de «lleva 30 años haciendo esto» apareció media docena de veces en diferentes contextos.

Trump no la culpaba sólo de los acuerdos negociados por su marido, también de los que ella misma ha defendido en nombre del Gobierno de Obama. Clinton llegó a estar contra las cuerdas pero por suerte Trump, que carece de disciplina, fue incapaz de mantener la presión. Pronto sucumbió ante las preguntas críticas del moderador, que pidió explicaciones sobre sus inconsistencias. Se empeñó en seguir negando que apoyara la invasión de Irak, aunque quedó grabado en una entrevista de radio con Howard Stern. Y decidió que el modo en que podía haberse impedido la formación del Estado Islámico habría sido «llevándose todo el petróleo de Irak».

Clinton había encontrado su velocidad de crucero y todavía le quedaba mucha munición para seguir picando su vanidad y desatar verborreas incoherentes que sobrevivirán con mucho a los 90 minutos del debate. Trump tenía que quedar de chulo en cada ocasión. No haber pagado impuestos federales durante años significa que «soy muy listo», presumió.