Diario Sur

Momentum, el Podemos de Corbyn

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn (izquierda), y su número dos, Tom Watson. :: reuters
El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn (izquierda), y su número dos, Tom Watson. :: reuters
  • El movimiento de militantes surgido en torno al líder laborista británico quiere devolver el poder a las bases y recuperar el socialismo

liverpool. John McDonnell, el responsable de Economía del Partido Laborista, prometió ayer un aumento de más del 30% en el salario mínimo, una política industrial integral, la restauración de poderes sindicales en las empresas privadas, inversiones públicas de 150.000 millones de euros por un Gobierno presidido por Jeremy Corbyn y la creación de un banco público de inversión con otros tantos millones.

«Esta es nuestra visión para reconstruir y transformar Reino Unido», concluyó. «En este partido no tienes ya que decir la palabra socialismo en voz baja.» Los aplausos llegaron con puntualidad. Los más de mil asistentes a la conferencia laborista en la sede de ferias de Liverpool se desperdigaron por cafeterías, pubs y restaurantes.

Nada de eso fue prometido por los laboristas en las elecciones de 2015, pero el entonces líder, Ed Miliband, dimitió y tras un verano de afiliaciones masivas el partido eligió a un sexagenario que ha pasado toda su vida adulta en los márgenes contestatarios de la política. Tras la rebelión de los parlamentarios, que no lo quieren, Corbyn fue reelegido el sábado por los miembros del partido.

Momentum, el movimiento surgido en torno a las dos campañas de Jeremy Corbyn para ser el líder del Partido Laborista, ha convocado en los mismos días 'The World Transformed' (el mundo transformado), su propia asamblea, en la majestuosa capilla construida en Liverpool por los puritanos del congregacionalismo, convertida ahora en un centro comunitario de artes.

Las conferencias de los partidos se celebran en centros feriales o de congresos, con grandes auditorios, escenarios diseñados para la televisión, rituales de entonación en el discurso y de aplauso discreto o entusiasta, hoteles circundantes en los que se sueñan y se beben conspiraciones o se debate la política de vivienda en salones alquilados por grupos de pensamiento o empresas constructoras.

La zona de 'exposición' muestra la cercanía de los partidos al Gobierno. Los laboristas apenas tienen este año stands de expositores privados, a los que no les preocupa ahora quedar bien o mal con Corbyn y los suyos. Hay puestos de sindicatos, el que el Gobierno de Gibraltar lleva a las conferencias de cada partido todos los años, de grupos preocupados por el bienestar animal o la cerveza auténtica...

En el salón central de la capilla donde se reúnen los congregados por Momentum se oye una música soul tentadora, hay un puesto de té, otro de camisetas estampadas con el nombre de Corbyn, una librería, pancartas históricas de los sindicatos de estibadores, otras que piden justicia para víctimas de errores o brutalidades policiales. Hay poca gente a las diez de la mañana porque las veladas son largas.

La noche anterior estuvo aquí John McDonnell, en un debate sobre 'Socialismo Parlamentario', un libro de Ralph Miliband, el padre marxista de Ed, anterior líder laborista, y de su hermano David, ministro de Blair y de Brown. Es una crítica a la idea de que el laborismo, nacido para crear un grupo de diputados en el Parlamento, pueda representar la política socialista que desean sus miembros.

El responsable de relaciones con la prensa no pudo asistir a todo el acto, pero cuenta que McDonnell llegó tarde y que la discusión era tan interesante que la gente no se distrajo para observar la entrada del gran líder. Guía al corresponsal hacia el stand de la revista americana 'The Jacobin', que promovió el evento. No está su responsable, pero atiende el puesto su vecina, Emma Fajgenbaum, asistente de dirección de la 'New Left Review', londinense.

Fajgenbaum, australiana, asistió al debate sobre esa contradicción aparente entre una clase política gestora que se encarga del Parlamento o del Gobierno y unos militantes que desearían una política más fiel a principios socialistas. McDonnell dijo en la reunión que su objetivo es duplicar el año que viene el medio millón de miembros del partido, que es ya el mayor en Europa Occidental. Fajgenbaum cree que la expansión de la militancia y el deseo de devolver poder a las agrupaciones es un buen presagio.

Es congruente con su idea del socialismo. Tras medio minuto de silencio, lo define así: «Para mí significa una política basada en lo social, inversión de poder en las organizaciones sociales, diseminación, democratización, devolución a la gente de la capacidad de tomar decisiones».