Diario Sur

«Más vale que esté vivo, es lo que os digo»

Manifestantes en Charlotte se dirigen a la autopista interestatal 277 con la intención de bloquear el tráfico. :: Brian Blanco / afp
Manifestantes en Charlotte se dirigen a la autopista interestatal 277 con la intención de bloquear el tráfico. :: Brian Blanco / afp
  • Un vídeo muestra cómo la Policía mata a tiros al afroamericano Keith L. Scott y agita de nuevo Charlotte, donde está en vigor el toque de queda

A los tres días de iracundas protestas en las calles de Charlotte, los últimos minutos de Keith L. Scott emergieron de entre las nubes de gases lacrimógenos que han acaparado la atención mediática. Lo hicieron a través de la mirada de su esposa, que el martes se encontraba en la escena donde la Policía le disparó mortalmente. «¿Le habéis disparado? ¿Le habéis disparado?», gritaba histérica la mujer sin dejar de grabar. «Más vale que esté vivo, es lo que os digo».

Scott, de 42 años, padre de siete hijos, no volvió a levantarse del suelo. Todos los días esperaba leyendo en el coche el autobús escolar en el que llegaba su hijo. El martes la Policía había acudido a la urbanización de la ciudad estadounidense con una orden de arresto para otra persona. Scott se bajó del coche para mirarlos y al cruzar con ellos la mirada volvió a meterse en su vehículo. De refilón, el agente pensó que tenía una pistola en la mano y se volvió hacia él para ordenarle que saliera del coche con las manos en alto. Scott entró en pánico. Todo afroamericano en EE UU sabe que un encuentro con la Policía puede ser fatídico.

Rakeyia Scott había bajado para darle a su marido el cargador del teléfono, cuando se lo encontró rodeado de policías que le ordenaban salir del coche con las manos en alto. Su primera reacción, grabar la escena. «¡Tira, la pistola!», le gritaban los agentes. «No tiene ninguna pistola», les decía cansada su mujer. «No ha hecho nada. Nos os va a hacer daño, tiene una lesión cerebral y acaba de tomar su medicación». Según su abogado, esa medicación que Scott tomaba desde que tuvo un accidente de moto en octubre pasado ralentizaba sus movimientos, lo que explicaría la lenta reacción.

«¡Keith, no les dejes que rompan los cristales, sal del coche!», le ordenaba su mujer, preocupada por el coste de las ventanas que la policía hubiera roto sin dudarlo. Su consejo resultó desafortunado. El marido salió lentamente del coche y fue recibido por una lluvia de disparos. «¿Le habéis disparado? ¿Le habéis disparado? Más vale que esté vivo, es lo que os digo». A Rakeyia Scott todavía se la oye negarse a acercarse al cuerpo de su marido, tendido sobre el asfalto. «¡No pienso acercarme a vosotros!», grita asustada, «pero voy a seguir grabando». Es ella la que llama a la ambulancia «porque le ha disparado la Policía, y será mejor que viva porque él no les había hecho nada».

¿Libro, teléfono o pistola?

La familia de la víctima ha sacado a la luz el vídeo después de que la Policía se negase a hacer público el que grabaron las cámaras que portaban los agentes. En ellas, ha admitido el jefe Ker Putney, no se ve a Scott portando un arma. No tiene nada en su mano derecha, que era la dominante, pero sí algo en la mano izquierda que la cámara no recoge. Tal vez un libro, un teléfono o una pistola, depende de a quién se escuche.

Su muerte ha prendido fuego a la ciudad, regada por el resentimiento de los afroamericanos contra el abuso policial que este año ya ha costado tantas vidas como en 2015, a falta de tres meses para acabar el año.

En Tulsa, la semana pasada, otro afroamericano al que se le paró el coche en medio de la carretera murió de varios disparos, a pesar de tener las manos en alto. Cuando las puso sobre el coche, la agente Betty Shelby le disparó, al pensar que intentaba coger algo de dentro del vehículo. La detención y puesta en liberta de la uniformada bajo fianza de 50.000 dólares ha impedido que Tulsa se convierta en una ciudad en estado de sitio como Charlotte, donde la Policía se niega a hacer público el vídeo y defiende la actuación de sus agentes.