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Dilma Rousseff y su exministro Guido Mantega. :: afp / reuters
Dilma Rousseff y su exministro Guido Mantega. :: afp / reuters

Más crispación preelectoral en Brasil

  • Fuerzan a un juez federal a liberar a un exministro investigado por corrupción tras de ser detenido en la clínica donde operaban a su mujer de cáncer

En un nuevo episodio de la saga de la justicia brasileña contra el Partido de los Trabajadores (PT), el exministro de Hacienda Guido Mantega, que ejerció con Luiz Inacio Lula da Silva y luego con Dilma Rousseff, fue arrestado ayer a primera hora en un hospital de Sao Paulo -donde iban a intervenir a su esposa, enferma de cáncer- pero quedó en libertad horas después como consecuencia de la indignación que se generó por las condiciones de la detención.

Mantega estaba en el hospital Albert Einstein junto a su mujer, que ya había sido anestesiada para ser intervenida por su grave enfermedad, cuando llegó la orden de prisión preventiva por la presunta solicitud de una donación para el PT. La Policía Federal no lo encontró en su casa y fue a la clínica. Para facilitar el cumplimiento de la orden, el exministro se puso a disposición de los uniformados, que lo llevaron a la sede policial para tomarle declaración a pesar de las difíciles circunstancias del caso.

En respuesta a la reclamación de los fiscales, el juez federal Sergio Moro, de Paraná, había ordenado el operativo de búsqueda y arresto de 20 personas, entre ellas Mantega, a quien se acusa de haber pedido en 2012 al empresario Eike Batista que cancelara una deuda de cinco millones de reales (1,4 millones de euros) que arrastraba el PT de su campaña electoral. A cambio de aportar estos datos a la investigación, Batista fue beneficiado con la libertad.

La detención de Mantega provocó la airada reacción del PT. Lula, que el lunes fue declarado reo en una causa por corrupción, dijo que la operación «debería llamarse 'boca de urna'», por la cercanía entre el arresto y las elecciones municipales del 2 de octubre. El senador Lindbergh Farías, también del partido izquierdista, lamentó que mientras está libre el exdiputado Eduardo Cunha, procesado en múltiples causas de corrupción, Mantega sea arrestado «con su mujer en el hospital».

También su abogado, José Batrochio, cuestionó la medida por «abusiva, arbitraria y sin razón». El letrado reveló que él mismo recomendó a Mantega salir a la puerta del sanatorio para evitar el tumulto. Su cliente, dijo, «jamás intervino (para obtener) una donación de cualquier valor» para el partido. El defensor lanzó además una grave denuncia: «Las libertades públicas e individuales están secuestradas en Brasil y su cautiverio está en Curitiba, Estado de Paraná», donde ejerce el juez Moro.

Discreción

Ante tal conmoción, Moro revocó el arresto de Mantega. Informó de que tanto la Policía como los fiscales y él mismo desconocían que la esposa del exministro iba a ser operada. Dijo que los agentes actuaron «con toda discreción» y que «pese a la gravedad de los hechos» de la imputación, revocaba la prisión pues, debido a que su mujer está hospitalizada, «no hay riesgo de que (el acusado) interfiera en la recolección de pruebas».

Por su parte, la Policía Federal convocó una rueda de prensa. Junto al procurador, los investigadores insistieron en que «desconocían totalmente» la situación familiar de Mantega y que fue una «triste coincidencia» la orden de detención justo el día de la operación. El fallido arresto llegó menos de un mes después de la destitución de Rousseff y a dos días de la decisión de Moro de procesar a Lula por corrupción y blanqueo de dinero. Mantega fue ministro de Hacienda de Lula desde 2006 y siguió con Rousseff hasta 2014.