Diario Sur

«Falta voluntad de los líderes hacia los más desesperados»

«Es una falacia decir que no existe capacidad de recepción», sostiene José Antonio Bastos. :: r. c.
«Es una falacia decir que no existe capacidad de recepción», sostiene José Antonio Bastos. :: r. c.
  • El responsable de la ONG censura el desinterés e incluso las maniobras de obstrucción activa de la Unión Europea en el drama de los refugiados

  • José A. Bastos Pte. Médicos sin Fronteras España

Millones de personas están atrapadas por la guerra o huyen de la violencia, unos padecen el infierno de los enfrentamientos armados y bombardeos masivos y otros emprenden un viaje en el que lo arriesgan todo. La campaña 'Seguir con vida', impulsada por Médicos Sin Fronteras (MSF) pretende recordar el sufrimiento y vulnerabilidad de las víctimas, rescatar los conflictos olvidados y recabar apoyos. «La escala de sufrimiento es enorme y no deja de aumentar», advierte José Antonio Bastos.

Se han producido bombardeos a hospitales de MSF sin que se hayan determinado responsabilidades. ¿Nos hallamos ante un escenario de agresión impune contra todas las organizaciones humanitarias?

Hemos trabajado durante cuarenta años en contextos donde han proliferado los incidentes de seguridad, pero desde octubre de 2015 no se trata de algo casual, de daños colaterales, sino de una tendencia. Los ataques en Siria, Yemen o Palestina con armamento pesado se deben a ejércitos regulares y no a rebeldes islamistas. Se han atacado hospitales de todo tipo, escuelas, comedores, viviendas o mezquitas. La dimensión es nueva y los autores, sorprendentes.

¿Quieren deshacerse de un testigo incómodo?

Hemos tenido presiones formales, pero no se puede extrapolar. Resulta difícil hablar de una regla común, si bien pensamos que se trata de ataques indiscriminados contra objetivos civiles y somos una parte.

¿Faltan respuestas conjuntas al problema de los refugiados?

No se quiere responder. A las ONG que trabajan con fondos europeos en África se les exigen unos estándares de calidad, mientras que a los refugiados, cuando llegan al continente, a países con ejército y servicios de protección civil, les niegan la acogida con mínimos de decencia. Es una falacia decir que no existe capacidad de recepción cuando, durante la guerra de los Balcanes millones de bosnios y croatas, sin restricciones, fueron realojados. Es una excusa y, si no, hay que fijarse en Líbano, un Estado precario e inestable con 3 millones de habitantes y que ha acogido a otro millón.

¿Las crisis actuales precisan de nuevas estrategias?

Precisamos innovación. Desde el 11-S y la campaña de Bush contra el terror, los ejércitos occidentales han utilizado la acción humanitaria como un arma de guerra, por ejemplo recurriendo a la vacunación para hacerse con material genético y conocer el paradero de Osama bin Laden. Esta manera de actuar ha generado sospechas entre los islamistas radicales y nosotros hemos pagado la desconfianza.

¿En qué escenarios se requiere innovar?

Con la emergencia de grupos radicales y muy violentos, las necesidades se han desbordado y dejado enormes agujeros negros, caso de Somalia o Nigeria. Las autoridades en esas zonas son muy violentas y, además, las ONG que quieren llevar ayuda se enfrentan a la sospecha de colaboración con el terrorismo, como advierte la legislación estadounidense. En los últimos cinco años ha cambiado nuestro modelo de equipo internacional a la gestión con locales en ese tipo de zonas.

También asistimos a un repliegue de la ayuda humanitaria en crisis de larga duración, como la congoleña.

Lo que evidencia es la falta de voluntad política de los líderes hacia la gente más desesperada. Encontramos menos presencia de otras organizaciones, agencias y donantes, lo percibimos con el ébola hasta que Occidente sufrió la paranoia colectiva. La UE incluso ha pasado del desinterés a la obstrucción activa con los candidatos al asilo para impedir que se beneficien del sistema de solidaridad.

Hay conflictos abandonados, como Darfur.

Las ONG han abandonado porque no encuentran fondos. No interesan a los gobiernos. Afortunadamente, el 90% de nuestra financiación es independiente. En cualquier caso, cuesta mantener la atención en lugares con más de 10 años de guerra. Es fácil recabar apoyos para las víctimas del asedio de Alepo, pero también hay mucha gente que sufre la violencia en Darfur, Congo y, hasta hace poco, Colombia y nadie lo sabe.