Diario Sur

Acuerdo inconcreto de la ONU frente a la crisis de refugiados

  • Los líderes mundiales asumen como global el problema migratorio con una declaración poco ambiciosa que servirá de base a futuros pactos

Los líderes mundiales firmaron ayer la Declaración de Nueva York, un documento que pretende abordar el problema de los grandes movimientos de población. Los estadistas, reunidos en la sede de Naciones Unidas, aprobaron una vaga declaración de intenciones, no vinculante, sobre la que se pretende negociar los próximos años pactos globales sobre refugiados y migrantes. El propio secretario general de la ONU Ban Ki-moon reconoció que le habría gustado ir más allá y defendió «acciones valientes» para implementarlo.

La Cumbre sobre Refugiados, celebrada ayer en la metrópoli norteamericana, constituye la primera ocasión en la que el mundo asume la crisis como un asunto global pero, a juicio de las ONG implicadas en su lucha, el resultado carece de ambición y medidas concretas. La negociación, durante meses, del pacto ha eliminado importantes iniciativas del borrador inicial como la de reasentar al 10% de aquellos que han perdido su hogar y que actualmente se concentran en regiones que carecen de medios suficientes para proveer sus necesidades. La asunción de la «responsabilidad compartida» supone un reconocimiento de la trascendencia planetaria de este fenómeno.

Los 193 miembros de la organización admiten la necesidad de gestionar esos flujos «de forma humana, sensible, compasiva y centrada en la gente» y se comprometen a abordar las raíces de estos desplazamientos masivos. Entre otros objetivos, prometen apoyo a esos Estados especialmente afectados por la diáspora y proteger los derechos humanos de todos los afectados sin importar su estatus. «Estamos decididos a salvar vidas», señala la redacción. «El desafío es, por encima de todo, moral y humanitario».

Sin novedades

El texto pretende sentar las bases sobre las que se negociarán futuros pactos globales, pero no incluye fundamentos novedosos, sino que reúne muchos de los compromisos internaciones ya aprobados en anteriores encuentros y, por ejemplo, el deseo de que el recurso a la reclusión en campos de acogida sea una excepción en el futuro. Entre las novedades más interesantes, cabe destacar cierto anexo que anticipa un nuevo acuerdo para el 2018 con compromisos más explícitos y que vendría acompañado de otro específico sobre migrantes.

La intención de aunar fuerzas para responder conjuntamente se contradice con el reconocimiento del derecho soberano de cada Estado para decidir a quién admite en su territorio, una prerrogativa también incorporada a la Declaración. La manifestación del primer ministro chino, Li Keqiang, de reconsiderar la idoneidad de paralizar un fondo especial de unos 900 millones de euros para combatir la grave situación humanitaria pone en entredicho esa solidaridad y constituye un alarmante precedente. El representante de la segunda potencia mundial reconoció ayer la amenaza social, política y de seguridad que implican los tráficos de millones de personas, pero apuntó que asumirían sus responsabilidades «siempre que fueran compatibles con sus capacidades».