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Clinton, antes y después de susto, y su rival, Donald Trump. :: afp
Clinton, antes y después de susto, y su rival, Donald Trump. :: afp

La salud entra en campaña en EE UU

  • El «golpe de calor» que obligó a Clinton a salir de la Zona Cero aporta munición a las dudas sobre su competencia que difunde Trump

Un «golpe de calor» y una partida prematura de la ceremonia de recuerdo en Nueva York a las víctimas del 11-S en el 15º aniversario de los atentados empañaron aún más un fin de semana negro para la campaña de Hillary Clinton, después del error de descalificar como «lamentables» a los seguidores de Donald Trump.

La candidata demócrata a la Casa Blanca había participado, de pie durante noventa minutos, en el acto de la Zona Cero, donde saludó a familiares de los fallecidos en los ataques a las Torres Gemelas. A su lado, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio. Era una mañana soleada, la temperatura superaba los 26 grados y la humedad rondaba el 37%.

«Durante la ceremonia, ella sintió un golpe de calor y se retiró al apartamento de su hija (Chelsea Clinton vive en Manhattan). Se siente mucho mejor», indicó su equipo de campaña en un comunicado que tardó hora y media en llegar a los periodistas que cubren su campaña y a los que no se permitió seguirla cuando abandonaba la Zona Cero junto a una ayudante.

Un periodista de France Presse en la ceremonia observó a Clinton, que vestía un traje azul marino, dejar el acto, saludando a gente y sin parecer apresurada. Pero un vídeo subido a las redes que dio la vuelta al mundo muestra a la ex secretaria de Estado mientras espera para abandonar la zona en una furgoneta negra. Una colaboradora la sostiene de un brazo y, cuando avanza hacia el vehículo, puede verse cómo se le doblan las piernas y tiene que ser sostenida por otra asistente para evitar que se caiga, entre los esfuerzos del personal de seguridad para bloquear la visión de la candidata.

Horas después, Clinton sonrió ante los medios y posó para las fotos junto a una niña mientras salía de la casa de su hija Chelsea. «Me siento muy bien, es un hermoso día en Nueva York», declaró, antes de viajar a su casa de Chappaqua, a unos 50 kilómetros de Nueva York, para reunirse con su esposo, el expresidente Bill Clinton.

El episodio añadirá leña al fuego de los críticos que afirman que Clinton tiene serios problemas de salud. Los programas de la televisión estadounidense magnificaban ayer que la semana pasada tosió varias veces durante un discurso en Cleveland. Achacó entonces las molestias a una alergia y mencionó un informe de su médico que declara que está en buenas condiciones para acceder a la Casa Blanca.

«Panda de lamentables»

Una certificación que hasta ahora no ha bastado para convencer a su rival republicano, Donald Trump, que insiste en que la ex secretaria de Estado no es apta ni por carácter ni por aptitudes físicas para ser presidenta. Lo cierto es que los candidatos de este año son los de mayor edad en concurrir a unas elecciones. Trump tiene 70 años y Clinton, dos menos.

Los próximos días exigirán sin duda un trabajo extra de persuasión a una campaña demócrata que lidia también desde el viernes con la polémica alusión a los votantes del magnate. En un acto para recaudar fondos en Nueva York, la aspirante demócrata afirmó: «Para generalizar de una forma exagerada, podrías poner a la mitad de los partidarios de Trump en lo que llamo una panda de lamentables».

El sábado dio marcha atrás. «Fui extremadamente generalizadora y eso nunca es buena idea. Me arrepiento de haber dicho 'la mitad', eso estuvo mal», dijo en un intento de aplacar la polémica. Pero ya era demasiado tarde. «Guau, Hillary Clinton fue tan insultante con mis simpatizantes, millones de personas increíbles y muy trabajadoras. Creo que le costará en las encuestas», atacó Trump el mismo día en Twitter.

Larry Sabato, un veterano politólogo de la Universidad de Virginia, calificó de «error estúpido» el comentario de Clinton. Y le recomendó que acuda a la «mayor lista de insultos a grupos e individuos» que acumula el republicano para contrarrestar la metedura de pata.