Diario Sur

Duterte se gana un gran enemigo

Barack Obama y Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas desde el 30 de junio, en dos imágenes combinadas. :: afp
Barack Obama y Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas desde el 30 de junio, en dos imágenes combinadas. :: afp
  • El presidente de Filipinas trata de rebajar la tensión tras insultar gravemente a Obama pero insiste en su lucha extrajudicial contra la droga y el terrorismo

nueva york. «Debes ser respetuoso. Y no sólo lanzar preguntas y comunicados. Hijo de puta, te voy a maldecir en ese foro. Nos vamos a revolcar en el lodo como cerdos si me hace eso». El autor de estas palabras, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, tuvo que lamenta ayer el grave insulto lanzado a Barack Obama la víspera de que ambos participaran en la cumbre de Países del Sureste Asiático en Laos. Los exabruptos de Duterte respondían al interés de los periodistas por cómo reaccionaría si el presidente de EE UU le reprochaba su llamada «guerra contra la droga», que ha costado unas 2.400 vidas desde que llegó al poder en Manila el pasado junio.

En un comunicado, el portavoz de la presidencia filipina, Ernesto Abella, señaló que Duterte no tuvo intención de atacar personalmente a Obama sino que la expresión más grave (traducida del tagalo como «hijo de puta») iba dirigida a miembros de la prensa tras recibir de ellos lo que consideró duros comentarios que le produjeron gran estrés y frustración.

Duterte, criticado recientemente por el Departamento de Estado del Gobierno de Obama por la violación de derechos humanos y las muertes extrajudiciales a cargo de policías y grupos de vigilantes en la lucha contra las drogas en Filipinas, lamentó sus palabras de la víspera, y añadió que no quería entrar en una pelea con el presidente más poderoso del planeta, sino rebatir a los críticos de su política.

Al tiempo que sus representantes trataban que mitigar la tensión que llevó a posponer la cita bilateral con Obama, Duterte volvió a desafiar a sus críticos añadiendo, si aún cupiera, más leña al fuego. «Muchos más tendrán que morir; los que tengan que morir hasta que el último vendedor (de drogas) desaparezca de las calles», señaló en comentarios a AFP. Refiriéndose al atentado que la semana pasada se cobró 14 muertos en el corazón de Davao, la ciudad de la que fue alcalde durante más de 22 años, el polémico mandatario anunció que «comerá vivos, crudos, enfrente de la gente» si hace falta, a los terroristas islamistas de Abu Sayyaf.

Conocido por sus insultos y crudas amenazas, Duterte cuenta con un aplastante 90% de popularidad en su país entre un electorado cansado de los tradicionales políticos de buenas palabras provenientes de la pequeña elite de Manila. Duterte llamó recientemente al embajador estadounidense en Manila «gay hijo de puta». «No me jodáis», ha dicho dirigiéndose a la Iglesia católica. También ha tenido palabras de ofensa contra miembros de la ONU y el entorno del Papa cuando se produjeron atascos de tráfico en Manila durante la visita de Francisco. Y no ha dudado en bromear sobre la violación de una misionera australiana.

Filipinas ha sido un aliado clave de Estados Unidos en la región, particularmente como socio en la contención a la expansión militar de Pekín hacia el sur del Mar de China Meridional. Manila, que mantiene varios contenciosos con los chinos sobre islas y atolones, obtuvo una sentencia a su favor por parte del Tribunal Internacional de la Haya el pasado julio.

La polémica con Duterte enturbia el propósito de Obama de mostrar en la cita de Vientián que «el interés de EE UU por el eje Asia-Pacífico no es un capricho pasajero sino el reflejo de intereses nacionales fundamentales» de Washington a largo plazo. Además de reclamar un endurecimiento de las sanciones a Corea del Norte por sus provocaciones nucleares, el presidente es el primero de su país en visitar Laos, el territorio del mundo donde cayeron más bombas por habitante cuando la guerra en el vecino Vietnam desbordó su territorio entre 1964 y 1973. Los estadounidenses ayudarán ahora a limpiar explosivos sin detonar.