Diario Sur
Pedro Baños.
Pedro Baños.

«Por cada atentado como el de Niza hay muchísimos otros que se abortan»

  • Avisa de que habrá que «acostumbrarse a la lacra» yihadista, porque ningún Estado puede desplegar contra ella «más recursos que ciudadanos»

  • Pedro Baños Coronel y analista de geopolítica y terrorismo

La autorizada voz de Pedro Baños (León, 1960, militar en la reserva) lleva días tratando de explicar las raíces del mal. Qué hay detrás del salvaje atentado de Niza. Qué pretende el Estado Islámico. Por qué tantos están dispuestos a morir matando por su causa.

¿A qué atribuye esta inquina terrorista contra Francia?

Francia está participando muy activamente en operaciones contra el yihadismo no solo en Siria o en Irak, sino también en el Magreb y en el Sahel. Constituye además un aliado de Estados Unidos que, a su vez, es para Al-Qaida y el Estado Islámico el causante de todos sus males: desde la intervención en Afganistán al desastroso post-conflicto en Irak, pasando por la coalición que bombardea en Siria e Irak... A esto se une el caldo de cultivo de un porcentaje radicalizado, aunque sea pequeño, de la población musulmana que vive en suelo francés. Y Francia es el país europeo que más combatientes ha enviado a Siria e Irak. Hoy puede haber entre 3.000 y 5.000 personas vigiladas por sus servicios de inteligencia. Pero el conductor del camión de Niza ni siquiera era sospechoso de vinculación yihadista y ha cometido una barbaridad.

¿Y el simbolismo? La patria de la Revolución y de los derechos del hombre, del goce de vivir...

Sí, Francia refleja muy bien lo que combaten los salafistas, que pretenden una vuelta a los orígenes, a la pureza, y nos consideran unas sociedades absolutamente corruptas y en decadencia. En Francia hay musulmanes que se sienten marginados, que perciben una creciente contestación social contra ellos, que sienten que no les está permitido integrarse de la misma manera que a otros grupos religiosos o sociales.

¿Están a la altura del desafío los servicios de seguridad galos?

Hay que pensar que por cada atentado de esta naturaleza que se comete, hay muchísimos otros que se abortan, tanto en las fases más iniciales como ya a punto de perpetrarse. Los servicios de inteligencia franceses tienen una eficacia muy alta. Pero hay tal número de personas a las que seguir... Hay que pensar que cuando se habla de 'seguir' no solo se hace ya en el mundo físico, sino también en el virtual. Y que por cada uno de esos sospechosos a los que se sigue tiene que haber entre diez y 15 personas detrás. Eso agota todas las fuerzas posibles, por muchas que se tengan. Lo que no se puede es someter a seguimiento a todos los musulmanes por el simple hecho de alquilar un camión. No estaríamos hablando de un Estado policial, sino de un Estado que tendría que tener más recursos que ciudadanos.

Lo que nos plantea una batalla muy cuesta arriba, ¿no?

Es muy difícil. Nos vamos a tener que acostumbrar a vivir con esta lacra como convivimos con otras, como la trata de seres humanos, el narcotráfico o las mafias organizadas. No se va a la sustancia del problema. El terrorismo es un síntoma de algo mucho más profundo. Porque los problemas en Oriente Medio no solo no se están resolviendo, sino que se están agudizando.

Si tuviera que catalogar esos escollos, ¿cuáles serían?

Desde el enfrentamiento ideológicos entre suníes y chiíes al geopolítico por el dominio de la región. Cada uno -Turquía, Arabia Saudí, Irán...- está tratando de reposicionarse en un mundo que está buscando nuevas fronteras, un nuevo orden. Y esto no se va a solventar solo por medios militares. Lo que se está jugando allí son luchas de poder internas -hay una guerra civil en Siria, otra en Irak- y el Estado Islámico es un elemento más en ese escenario. Aunque se acabara con el Daesh en Siria, tenemos a la filial de Al-Qaida; un frente que se ha nutrido desde los años 40 a través de los antiguos Hermanos Musulmanes. Y esto no se va a extirpar de la noche a la mañana. Es más, si en 2011 había posiciones de los rebeldes enfrentados al régimen de El-Asad que podrían considerarse moderadas, la moderación se ha acabado tras cinco años de guerra.

Lo que ofrecemos a los sirios es mantener al dictador en el poder...

Es que lo hay que buscar ahora no son las soluciones buenas, sino las menos malas. Es cierto, no es justo mantener un régimen que ha masacrado a su propio pueblo. El problema es que si se le quita, asumirían el control o el Estado Islámico o la facción de Al-Qaida.

¿Y qué puede representar en este contexto el fortalecimiento del islamismo de Erdogan tras el fallido golpe de Estado en Turquía?

Se acentuará la radicalización religiosa del país, con más restricciones; empezando por la libertad de prensa, ya casi inexistente. En paralelo, es probable que Erdogan abandonde la ambigüedad frente al Daesh y colabore más activamente en su lucha. Sobre todo, después del apoyo recibido de Estados Unidos.

¿Queda sitio para la diplomacia?

La diplomacia es la esencia de todo. Pero creo que hay países que están excluidos de poder llevarla a cabo: los que han sido colonizadores, o que han repartido arbitrariamente el poder, sobre todo tras la caída del Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial. Reino Unido y también Francia han creado mucho odio y resentimiento. España podría jugar un papel magnífico, porque se la acepta mucho mejor.

¿Tenemos culpa los europeos o tendemos a ser bienpensantes con respecto al yihadismo?

Bueno, desde el siglo XIX los salafistas más radicales han estado enfrentados a Occidente, al que acusan de intervenir en los territorios árabe-musulmanes, corrompiendo su historia, su tradición, su cultura, su manera de vivir. Esto se ha agudizado. En su momento, era muy sencillo que se fomentara una Yihad global en Afganistán, llevar fanáticos allí para expulsar a los comunistas. Esos mismos yihadistas, cuando vencieron a los soviéticos, quisieron expandir sus ideales fanáticos por el mundo. El otro gran hito se produce en 2003, cuando en Irak, donde habían convivido en relativa armonía chiíes y suníes, se agrava la situación con un post-conflicto totalmente erróneo; con una guerra intestina que es el origen de lo que tenemos ahora.

Los antiguos privilegios

El sectarismo del Daesh es muy difícil de combatir...

Sí. Si nació y se ha expandido como lo ha hecho es porque se apoya en dos pilares: el apoyo externo, con países suníes que ven en él una manera de recuperar el poder frente a los chiíes en Irak y en Siria; y, por otro lado, había un sustrato poblacional muy importante que estaba deseoso de que surgiera un nuevo liderazgo suní, que se creara ese Califato para recobrar sus derechos históricos, sobre todo en Irak. No es tan sencillo extirpar el Estado islámico. No hablo de sus milicias, hablo del concepto, de la idea. Hay millones de personas -jóvenes sobre todo, sin nada que hacer- ante los que surge una organización que les dice que van a recuperar esos privilegios que habían tenido sus padres y sus abuelos. Y que están encantados de unirse al Estado Islámico.

No se trata, por tanto, de una lucha de oprimidos contra opresores.

Efectivamente. Usan y abusan de la ideología para hacerse con el poder, porque lo que está en juego es quién va a controlar Siria e Irak. Muchos de los combatientes que viajan allí saben muy poco del Corán; y no hablan árabe. Lo que significa el Daesh para sus partidarios es que, por fin, hay un ejército suní que está haciendo frente a alianzas tan fuertes como la que encabeza EE UU, o al ataque de Rusia. Tiene un gran poder y con auténticos fanáticos capaces de los máximos sacrificios.

¿Hasta dónde es decisivo cortocircuitar las vías de financiación?

Es muy importante. Parte de estas poblaciones estaban muy marginadas con los regímenes de Bagdad y Damasco. Llega el Estado Islámico y les ofrece servicios que no tenían, desde el postal a las basuras. Si dejaran de prestarlos, con las barbaridades que también están cometiendo para oprimir a su pueblo, este se volvería contra ellos. El terrorismo es una herramienta de combate, lo que hay que saber es quién maneja los hilos y por qué. Y asumir que hacemos frente a una ideología contra la que son precisas medidas sociales y educativas, la prevención y la represión policial y judicial y una estrategia más geopolítica. Quienes controlan el Estado Islámico están muy capacitados, nos conocen muy bien para saber cómo pueden impactarnos de la manera más más terrible.