Aquel verano del arqueólogo Pedro Cantalejo en Ardales

Cantalejo, primero por la derecha, posa junto a sus compañeros.
Cantalejo, primero por la derecha, posa junto a sus compañeros. / SUR
Aquél verano de...

Desde joven, disfruta dedicando sus veranos a la Cueva Prehistórica, donde también ha centrado su trabajo de investigación

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Pedro Cantalejo, licenciado en Geografía e Historia, se considera un hombre de costumbres. Tras haber dedicado toda su vida a la investigación arqueológica y prehistórica, hay un momento que se quedó registrado en su memoria, además de en su cámara de carrete con película en blanco y negro. Aquel verano de 1981, Cantalejo hizo una de las primeras visitas a la Cueva Prehistórica de Ardales, retomando los trabajos arqueológicos que se pararon durante la dictadura. Aquel día, además de consolidar el contacto con el entorno que hoy en día es como su segundo hogar, descubrió junto a sus compañeros una serie de galerías superiores que habían permanecido fuera del conocimiento de la comunidad científica por su difícil acceso. «Estábamos pisando un suelo que había estado intacto durante miles de años».

«Cuando subimos todos, puse la cámara en el trípode y nos hicimos la foto». Esa instantánea que Cantalejo recuerda como si fuera ayer, está expuesta en el acceso a la cueva, junto a la de otros investigadores y personas relevantes para el paraje y su conservación. Recuerda el nombre de todos los que le acompañaban –miembros de la Sociedad Excursionista de Málaga, presidida por Cantalejo en aquella época–. «José Antonio Molina y Antonio Vela, dos magníficos espeleólogos que también eran muy buenos topógrafos, estaban allí para hacer el mapa científico que se ha utilizado desde entonces», comenta. «Ellos fueron los que consiguieron llegar a las galerías altas». Además, en la imagen también aparecen el fotógrafo Jesús Corceles y el arqueólogo José Luis Sanchidrián.

«Cuando subimos todos puse el trípode y nos hicimos la foto». Ahora está expuesta en la entrada del paraje

«En aquella época la legislación en esta materia no era como ahora, todo era mucho más fácil porque las investigaciones arqueológicas las llevaba el Museo de Málaga, dependiente del Ministerio de Cultura de Madrid». De esta manera, «los trámites eran muchísimo más sencillos, y aquel verano nos dedicamos en su totalidad a trabajar en la cueva de Ardales». Sin embargo, lo hizo en su tiempo libre: «Yo trabajaba en Málaga, y subíamos a Ardales los fines de semana y algunas tardes». Trabajaba en una oficina vinculada al Ministerio de Agricultura y tenía la «enorme suerte» de que sólo fuera de ocho a tres, por lo que le sobraba tiempo para seguir estudiando por las tardes e incluso hacer una visita. Todo el trabajo que se realizó en aquellos meses han sido la base del proyecto que comenzó cuatro años más tarde, en 1985, cuando el Ayuntamiento del municipio y la Junta de Andalucía decidieron que Cantalejo estuviera al frente del yacimiento.

A pesar del esfuerzo, ese verano consiguió irse de vacaciones, y lo hizo poniendo rumbo al norte de la provincia, donde siempre ha tratado de pasar sus días libres –cuando lo hacía fuera del país–. «Yo era un niño de ciudad, del centro de Málaga, vivía en la Malagueta por lo que la playa era familiar para mí». En sus vacaciones se desplazó hasta los Pirineos, e hizo un recorrido por Cantabria y Asturias, donde conoció una nueva afición: «Allí me enamoré del Románico». Pedro recuerda que en aquella época «no había tanta infraestructura turística como ahora, y mucho menos lejos de las playas». Por este motivo se armó de «todo lo necesario para subsistir en el campo por uno mismo». Como solía hacer cada vez que se iba de vacaciones, metió en la mochila cosas «que ahora nadie se plantea» cuando se va de escapada: «Desde pastillas potabilizadoras para el agua hasta infiernillos para la cocina, teníamos que llevar de todo».

La forma en la que viajaba en los ochenta es muy parecida a como lo hace hoy, en familia, «con planificación y a lugares más frescos que Málaga». Este mismo verano ha vuelto al norte, y, en el camino de vuelta decidieron dónde dirigirse el año que viene. «Me gusta informarme con tiempo del lugar que voy a visitar».

Pedro Cantalejo está al frente de la Red de Patrimonio de Guadalteba en Ardales

Ese verano cambió su vida y dirigió la dirección en la que caminaría profesionalmente hasta el día de hoy, en el que sigue visitando la cueva con regularidad y gestionando las visitas, así como los trabajos de investigación que allí se realizan, generalmente con científicos de todo el mundo. «He cambiado muy poco, mi vida es una magnífica monotonía; trabajo, después leo, escribo, publico lo investigado y me rodeo de un equipo de gente estupenda».

A pesar de llevar 36 años entrando en la cueva con la frecuencia de quien acude a su residencia de verano, asegura no haber perdido «la sensibilidad» ni la noción de la responsabilidad: «He tratado siempre de no perder la emoción al estar en los sitios importantes de España y Málaga. No he perdido la pasión de los primeros días y, de hecho, algunos compañeros me dicen que parece que fue ayer cuando lo descubrí».

Cantalejo cree que su pasión y curiosidad por descubrir cosas nuevas se gestaron en su interior cuando era niño: «Todo empezó con una pandilla de amigos; nos íbamos por ahí a investigar y a ver qué podíamos encontrar». Esas aficiones –fotografía, dibujo y deporte– le dieron a posteriori unas buenas bases para la investigación y la espeleología, cerrando un ciclo que comenzó con una simple visita a la Cueva Prehistórica de Ardales.

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