LO QUE CON TOTAL CERTEZA NOS DEJARON OTROS AÑOS PARA 2018

Carta comercial de 1925 de Vicente Lozano, dueño del Café Imperial./
Carta comercial de 1925 de Vicente Lozano, dueño del Café Imperial.

Nos gusta desear más que felicidad para todo un año brindar porque al menos nos acompañe este hacia la sonrisa y no a la pesadumbre del llanto

A. GARRIDOESCRITOR

Será a causa de los años, de los que ya acumula uno demasiados, pero cuando uno nuevo acaece, como es el caso del recién estrenado 2018, con mucho tiento andamos, no muy ciertos de que podamos contemplar la luz del siguiente. Por tal motivo, asumiendo que venturas y desventuras se dan la mano a su entero antojo, sin ningún criterio que podamos nosotros prevenir ni manejar, y que a lo largo del que nos encontramos se sucederán salpicaduras de penas y contentos, de decaimientos y momentos de euforia, por eso nos gusta desear, cuando al caso viene, como puede ser ahora, más que felicidad para todo un año, algo que raramente ocurre, brindar porque al menos nos acompañe este en sus primeros desperezos, un tercio o así, y que en ese tiempo haya un equilibrio entre aquellos estados, y que si de algún lado se incline la balanza de nuestra fortuna sea, no hay que decirlo, hacia la sonrisa y no a la pesadumbre del llanto.

Si impredecibles son esos hechos, que van a marcar nuestro devenir, en algo más de tres centenares y medio de azarosos días, de otros siglos, de otros años, ya muy lejanos, nos viene el recuerdo; primero, porque dejaron duradera huella y luego porque cumplen aniversario en este 2018.

Aunque sea abundar en escritos anteriores, nos gustaría referirnos a dos muy de señalar, como son al de los cuatrocientos años de la inicial edición del inefable Escudero Marcos de Obregón, y a los cien de la celebración de los actos de la Asamblea Regional Andaluza.

En cualquier caso, nuestra intención ahora, tanto por coincidir el mes con su aniversario como por el homenaje que a Blas Infantes se le dedica dentro de unos días en Ronda, es la de también nosotros, por nuestra parte, dedicar unos renglones a esta conmemoración, sin perjuicio, desde luego, de ocuparnos en un futuro artículo al que merece la inmortal obra de Vicente Espinel.

En cuanto a la Asamblea, para no volver a incidir en lo que, con mejores palabras y conocimientos, otros han dicho ya, de algún interés y poco tratado puede ser hablar del escenario en que se celebraron los actos del mencionado encuentro andalucista, que en contra de lo que se puede pensar no tuvo el del Teatro Espinel. A pesar de ser este el elegido en principio como apropiado por Infantes, y en el que, con su participación, había acogido a los asistentes del Congreso Georgista de 1913, por motivos económicos, o posiblemente ideológicos con la sociedad propietaria del local, del que era gerente el conde de Montelirios, otro hubo de buscar el de Casares.

Las sesiones, en los tres días fijados, una previa el día 12, y dos ordinarias el día 13 y 14, tuvieron lugar en el salón alto del Café Imperial, propiedad de Vicente Lozano. Puede llamar a engaño el sitio como sede de la celebración, pero, sin embargo, constituía un muy amplio y hermoso edificio de dos plantas, imagen que dejan ver algunas postales antiguas; de lo más céntrico, levantado donde antes habían estado ubicadas varias viviendas, en el primer tramo, flanco izquierdo, de la calle de la Bola, abarcando, igualmente, otras de la plaza de Lamiable, actual del Socorro.

En sus dependencias de arriba debió contar con un pequeño teatro, casi con seguridad, por el testimonio de algunos viajeros extranjeros, de los llamados café cantantes, que tanto abundaron en Ronda, donde, según los entendidos, nacieron. Tuvo una larga vida, ya que en 1925, tal como muestra la carta comercial inserta, continuaba funcionando. Como tantos otros negocios, desaparecería con los brotes primeros de la Guerra Civil.

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