«Es lo que toca ahora, esperar a que pase el camión para tener agua»

Los trabajadores de la residencia de ancianos llenaron ayer unas 80 garrafas/Ñito Salas
Los trabajadores de la residencia de ancianos llenaron ayer unas 80 garrafas / Ñito Salas

Los vecinos de Archidona aceptan con resignación la imposibilidad de beber el líquido que sale del grifo, una realidad que durará al menos mes y medio

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

José Manuel tenía ayer por la mañana cara de pocos amigos. Era comprensible, a eso de las 10 ya había tenido que llenar y cargar más de 80 garrafas de cinco litros de agua para la residencia de ancianos de Archidona. «Yo sé que esto es un problema para todos, pero aquí se agrava el tema. El camión-cuba pasará todos los viernes, y tenemos que tirar con esto hasta dentro de una semana; eso, o ir a comprar agua al supermercado y cargarnos el presupuesto del centro», asegura.

Esta es una de las tantas situaciones diferentes a las que se van a tener que enfrentar a partir de ahora los vecinos de Archidona, que el lunes por la tarde se enteraron de que la sequía había provocado que el agua de sus pozos –que se llenan con la lluvia– no era apta para el consumo o para cocinar. Por el contrario, sí que es posible usarla para los animales, el higiene personal o para fregar los platos y lavar la ropa.

El camión de agua pasa por varios puntos.
El camión de agua pasa por varios puntos. / Ñito Salas

Esta situación a la que se enfrentan ahora, sin embargo, no es nueva. Ya en el año 2012 sucedió lo mismo, y tuvieron que resignarse a estar de cuba en cuba durante más de dos meses. «La verdad es que a ojo no se nota mucho», comentan Juan y María Dolores, que viven puerta con puerta de la residencia. Sacan un vaso a la calle y lo muestran, aunque parece cierto que el color, a priori, es el que debería ser: ninguno. «Pero claro, como no llueve, el agua llega a la parte más baja de los pozos, donde está la parte más sucia», cuenta Juan. Y es que el hecho de haber convivido con carencia de agua les ha convertido en una especie de expertos en el asunto. «Pero vamos, de nada sirve quejarse. Ahora es lo que toca; esperar a que pase el camión para tener agua. O eso, o ir al supermercado», dice resignada María Dolores.

A lo largo de las calles de Archidona este no es el principal tema de conversación; es el único. Las plazas principales son un ir y venir de vecinos con botellas y otros recipientes para el agua. Muchos de ellos vienen de los supermercados, como el que dirige Pilar Gallardo. «Menos mal que anoche nos trajeron una buena cantidad de botellas, porque desde que nos enteramos al mediodía de que el agua no se podía consumir, no hemos parado de vender los bidones de 5 litros», relata.

En los bares y restaurantes también debería haber reinado el ‘pánico’, pero de momento sorprende la profunda filosofía con la que se están tomando los vecinos de Archidona esta situación. Tomás, propietario de la molletería Laralba, ha ideado un sistema tan rudimentario como útil para solucionar esta cuestión. «Hemos reconvertido la tubería del agua para la máquina de café, y la hemos enganchado a un bidón que vamos cambiando a medida que se acaba. Eso, y que cuando nos piden vasos de agua, lo damos de la botellas», afirma con una sonrisa mientras señala una pequeña torre de botellines que ha ido colocando entre las bebidas alcohólicas.

Un problema indefinido

La alcaldesa de Archidona, Mercedes Montero, estaba ayer un poco desbordada. «En mitad de todo este lío he tenido que oficiar una boda esta mañana, pero hemos querido pasar por varios puntos de entrega de agua para comprobar que todo fuera normal», explicaba.

El Ayuntamiento puso en marcha desde ayer mismo un sistema de reparto de agua de tal manera que pudiera llegar a todos los vecinos. «Los lunes, miércoles y viernes habrá dos camiones que irán repartiendo el agua por cerca de 20 puntos diferentes del núcleo del pueblo. Los martes y jueves irán por las pedanías para que la gente no tenga que venir al centro», indicaba Montero. De momento, los vecinos parecen haber captado la idea, e incluso aplauden que se hayan puestos tantos puntos de reparto, ya que al parecer en 2012 se crearon colas enormes para hacer acopio de agua.

«Para que se pueda volver a consumir tiene que pasar tres controles positivos en tres semanas diferentes, así que se restablecerá no antes de 25 días después de que llueva en cantidad. Tenemos que empezar a asumir que esto será para largo, aunque al menos no afectará a la apertura de la cárcel, que toma el agua de otro lado».

Fotos

Vídeos