La saca del corcho también es cosa de mujeres

Rosana Acevedo y Tania Gutiérrez son pesadoras. :: v. m.
Rosana Acevedo y Tania Gutiérrez son pesadoras. :: v. m.

Rosana Acevedo y Tania Gutiérrez trabajan en la extracción del tejido de los alcornoques en los montes de la Serranía

VANESSA MELGAR

El corcho también es cosa de mujeres y si no, que se lo digan a Rosana Acevedo y Tania Gutiérrez, dos vecinas de Cortes de la Frontera que trabajan en la extracción del tejido vegetal que recubre los alcornoques, un oficio ancestral, históricamente ligado al sexo masculino y poco feminizado en la actualidad, aunque ellas, como en otros empleos, ganan terreno poco a poco. Son pesadoras fieles. Se encargan de pesar la producción y amontonarla en pilas, en patios, procedente de los tractores y otros vehículos que la transportan desde, generalmente, lo abrupto del terreno. Antes, los hacheros, a golpe de fuerza pero también de técnica, de conocimientos transmitidos de padres a hijos, arrancan el corcho de los árboles, el recogedor se encarga de reunirlo y el rajador, de romper las piezas más grandes para que el arriero, gracias a sus animales, lo acerque al vehículo.

De esta cadena forman parte Tania Gutiérrez y Rosana Acevedo que llevan dos y cuatro años, respectivamente, trabajando en el descorche, concretamente, en los montes de Ronda que se sitúan en el término municipal de Cortes de la Frontera, en el Parque Natural de Los Alcornocales, casi en el límite con la provincia de Cádiz. «Es un trabajo muy, muy duro, pero cuando tienes un hijo pequeño y no hay otro trabajo... es una buena oportunidad», explicó Acevedo, con 25 años. «Nos levantamos a las siete de la mañana y ayer (por el martes) terminamos a las once de la noche... aunque el horario depende del día», dijo. Solo en desplazarse hasta la zona donde se descorcha este año, en Parralejo, ambas, como sus compañeros, tardan más de una hora.

«Es duro pero te acostumbras... las mujeres de hoy en día valemos para todo y más», dijo Acevedo. «Se echan muchas horas... apuntamos las cantidades, llegamos hasta 300 kilos y formamos pilas. Cuando llegamos a unos 2.000 quintales, empezamos otra pila», explicó.

Tania Gutiérrez es taxidermista y ha encontrado en las corchas una vía de ingresos económicos. «Puedes ahorrar y también, en mi caso, sales de la rutina. Es un oficio de hombres pero tienes que tener ganas y saber sobrellevarlo. Para mí el calor es lo peor... cuando llega un camión lleno y hay que descargarlo... te deshidratas», comentó esta joven de 29 años cuya familia, como en el caso de muchos vecinos de Cortes, está vinculada a este oficio.

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