Prisioneros de emociones

Proyecto Hombre enseña a los reclusos a conocerse mejor mediante un taller: Habilidades sociales y vida saludable, entre los temas abordados por los especialistas

Esther Romero y Gabriel López, tras una de las sesiones en la prisión./
Esther Romero y Gabriel López, tras una de las sesiones en la prisión.
Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Esther Romero nunca había trabajado con hombres en un centro penitenciario. Admite que cuando el taller sobre emociones que ha realizado en la prisión de Alhaurín de la Torre cobró forma, no sabía cómo se iba a desarrollar, aunque sus dudas se esfumaron en cuanto comenzó la primera sesión. Romero es doctora especialista en Medicina Familiar y comunitaria de Proyecto Hombre, y ha participado junto al trabajador social Gabriel López en esta iniciativa, subvencionada con fondos del Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, solicitados por la asociación de Amigos de Proyecto Hombre del municipio.

El objetivo máximo de este taller no es sólo el de hacer mejorar la vida de los participantes durante su etapa en prisión. En el proceso han tratado de formar a los usuarios sobre temas de relevancia en su adaptación y resocialización, teniendo presente la necesidad futura de tener autonomía y autoconcepto para enfrentarse a las diferentes situaciones de su vida diaria una vez finalicen su etapa de internamiento. Los aspectos concretos sobre los que han profundizado fueron acordados por la dirección del centro y los responsables del proyecto, llegando a la conclusión de que hay ciertos aspectos emocionales que necesitaban ser reforzados.

Así, durante dos meses, Romero y López han acudido una vez a la semana al módulo de la Unidad Terapéutica y Educativa (UTE) para realizar diferentes sesiones enmarcadas en algunos de los aspectos más necesarios para poder tomar decisiones adecuadas cuando recuperen su libertad. El primero de ellos versó sobre hábitos de vida saludable, haciendo hincapié en la alimentación, falsos mitos, dieta mediterránea, ejercicio físico, higiene, sueño y descanso. Desde esa base dieron el paso hacia las habilidades sociales, trabajando sobre aspectos como la comunicación no verbal, a las habilidades relacionales o la escucha activa. Esta sesión estuvo destinada a mejorar la manera de relacionarse, la empatía, la asertividad y la importancia del aspecto físico.

«Nos han sorprendido mucho, han sido muy receptivos», advierte Esther Romero

El tercer taller profundizó en la gestión emocional de los participantes. Aprendieron la diferencia entre sentimientos y emociones, a evaluar de forma introspectiva situaciones de riesgo y a modificar la conducta a partir del análisis corporal y de los pensamientos, entre otras herramientas. Por último, Romero y López impartieron un último taller sobre infecciones de transmisión sexual. En esta sesión, solicitada por la propia dirección del centro penitenciario, profundizaron en las bases anatómicas y fisiológicas masculina y femenina. Además, ayudaron a los participantes a identificar y conocer los distintos tipos de infecciones, a prevenirlos, a tratarlos y, sobre todo, a prevenirlos.

La doctora reconoce que el proceso ha sido muy satisfactorio y que los participantes se han mostrado abiertos al aprendizaje, incluso al tratar temáticas complejas o poco conocidas. «Nos han sorprendido mucho, han sido muy receptivos y al terminar el taller nos han mostrado su agradecimiento, nos han contado lo que más les ha servido», comenta. A nivel personal, Romero reconoce que se ha quedado con ganas de más: «De todo esto saco las ganas de repetir; ojalá el Ayuntamiento mantenga el presupuesto para poder hacer esto todos los años».

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