DEL OTOÑO, DE SUS NUBES Y DE AMARGAS OTRAS QUE NO SON DE ÉL

Como antaño y como en el dibujo de Cristóbal, a más de uno ilusiona ver a la iglesia más antigua de Ronda de nuevo en pie.

Es la estación de más esplendor y viso en Ronda, y sus vastos cañamazos y bordados de nubes apañarán insólitos escenarios vagabundeando a capricho

A. GARRIDOESCRITOR

No deja de levantar nuestro comentario, que, por una vez, calendario y estación, en su establecida fecha de llegada, estuvieran algo de acuerdo, si se puede llamar así a que una avanzadilla de nubes, tras meses sin mostrarse, ornaran el cielo, por pequeñas y difuminadas que fueran. Era como si el otoño, a la chita callando, y sin mayores aspavientos, ni querer alarmar a nadie, entre más sosegadas luces y con estilizadas letras menuditas de algodonosos trazos, nos dejaran su mensaje: «Aquí estoy yo», o bien, más lapidariamente aún, «Mi turno es».

Aseguraríamos que es el otoño la estación de más esplendor y viso en Ronda, y que sus vastos cañamazos y bordados de nubes, que a no tardar harán acto de presencia, apañarán, como siempre lo hicieron, insólitos escenarios vagabundeando a capricho, como naves a la deriva, poniendo en su quieto caminar raros tocados y lindas vestiduras a ese rosario de cumbres, campos y peñascos que amenizan nuestro serrano paisaje.

Pero no a esas gozosas nubes, tan afines al otoño, queríamos referirnos, aunque bien valen como introducción, sino a otras más tenebrosas y que, día a día, cada vez más, se ciernen con intensidad y perversidad sin igual sobre nuestra ciudad, agrandando ese descomunal pozo que amenaza con engullir uno a uno, a cuanto tenemos de valor y de herencia.

Como si no fuera amargura bastante, por citar las de más ver y cercanas, que otras hay, la consolidada ruina de la Casa del Rey Moro, la que ataca al sufrido Puente Nuevo, más ominosas de las que nos quieren hacer creer, pues por numerosas heridas se desangra, y a la mirada de quien quiera verlas quedan abundantes y de ellas nos viene a angustiar ahora, en estos últimos días, con la misma acritud, la mala nueva de que la Casa del Jalifa, atacada por idéntico signo, moribunda está, es decir, que o se pone pronto remedio a su enfermedad, o a mejor vida pasa.

A la condición de vivienda muy de destacar en el urbanismo de la Ciudad, donde se alza, sin desmerecer ni un ápice, habría que añadir la de su valor histórico, de más relieve del que se imagina, como se podrá apreciar en un libro de próxima aparición de Editorial La Serranía.

Entre tanta desesperada crónica, viene aliviarla con moderado ánimo, pues no sabemos su fiabilidad ni lo factible del proyecto, la buena de la posible construcción de un hotel en San Francisco, que vendría a salvar la ignominiosa y ya añosa ruina de la recoleta iglesia de Nuestra Señora de Gracia, pues allí mismo se situaría. En cualquier caso, para nosotros, el mero pensamiento de echarle una mano y de darle un uso a sus naves, por el que venimos hace años clamando, ya merece nuestro contento y aplauso, y eso, sin espectadores, de verdad, con el corazón, el mejor guía, lo hacemos...

Fotos

Vídeos