Oreja a la entrega de Manuel Garrido en la novillada de Ronda

La entrega de Garrido tuvo como recompensa el único trofeo de la tarde. :: sur
La entrega de Garrido tuvo como recompensa el único trofeo de la tarde. :: sur

El espada local corta una oreja en un festejo con poco público donde El Primi dio una vuelta al ruedo

ANTONIO M. ROMERO RONDA.

A la espera de asistir, hoy, a la Corrida Goyesca, en su 61.º edición, donde se despedirá de los ruedos Francisco Rivera Ordóñez, el bicentenario coso de Ronda abrió ayer sus puertas para acoger la novillada sin picadores que en los últimos años es el prólogo de los festejos mayores de la feria taurina de la Ciudad del Tajo. Un espectáculo donde la entrega del local Manuel Garrido tuvo la recompensa de una oreja, el único trofeo cortado en una tarde con poca historia sobre el ruedo, donde El Primi y Llaguno pasaron con más sombras que luces, saltaron al ruedo dos buenos novillos con el hierro de los herederos de José María Aristrain de la Cruz y hubo poco público en los tendidos -los precios oscilaron entre los 20 y 35 euros para un espectáculo que en otras plazas es gratuito-.

Garrido paseó el trofeo tras estoquear al último de la tarde. Un novillo con mucho cuajo y fuerza -el de más trapío del encierro- al que recibió a portagayola con una larga cambiada. Después, cuando intentó estirarse a la verónica sufrió dos volteretas sin mayores consecuencias. En ese momento, el burel, un manso encastadito, se hizo el dueño del ruedo ya que hubo una lidia muy desordenada a la que puso sosiego Eloy Cañete con dos buenos pares de banderillas. En la faena de muleta, el novillero local evidenció que tiene pocas oportunidades y el novillo exigía mano firme. Aunque se le vio en algunas fases inseguro, Manuel Garrido no le perdió la cara al envite en ningún momento y plantó batalla logrando arrancar al novillo, que no humilló y tiró derrotes durante toda el trasteo, algunos naturales estimables durante una faena más de 'uys' que de 'olés'. Dejó media estocada contraria tendida antes de cobrar una estocada que tiró al novillo.

En su primero Garrido estuvo a un buen nivel. También recibió al novillo a portagayola -el rondeño estuvo muy entregado toda la tarde y no perdonó ni un quite- con una larga cambiada. Brindó a los hermanos Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez una faena donde dejó algunas tandas estimables ante un novillo con clase y codicioso; eso sí también se le notaron al joven espada algunas carencias propias de su falta de oficio, aunque solventó la papeleta con dignidad. Perdió el trofeo por su fallo con la espada: dejó una estocada contraria que hizo guardia, una estocada casi entera pescuecera y seis golpes de descabello.

Abrió cartel El Primi, un novillero al que se le vio muy verde toda la tarde y vulgar en el manejo de los engaños. La faena del sevillano a su primero fue arrabalera ya que lo hizo todo por las afueras y con muchas precauciones. Estuvo fatal con los aceros: dejó dos sablazos haciendo guardia y necesitó tres golpes de descabello.

En el segundo de su lote, un animal que blandeó de inicio, el novillero de Cañada del Rosal inició su faena, brindada al público, desde el centro del ruedo con un pase cambiado por la espalda y un muletazo por alto que quebrantaron al animal, que cayó a la arena. A partir de ahí, un trasteo con muchos pases y escasa enjundia, todo ello, de nuevo, con el pico de la muleta. Terminó con manoletinas. Dejó un pinchazo y una estocada casi entera. En los tendidos afloraron algunos pañuelos, pero no los suficientes para conseguir un trofeo.

Juan Pablo Llaguno mostró en Ronda que de los tres actuantes es el que está más placeado. Se le vio con soltura en el manejo de los engaños y en la colocación delante de la cara de sus oponentes, pero no tuvo su tarde con la espada. A su primero lo toreó con elegancia a la verónica en el recibimiento. Banderilleó con más voluntad que acierto. En la faena de muleta se mostró firme ante un novillo manejable ante el que logró algunas tandas buenas. Dejó un pinchazo sin soltar, un bajonazo y un descabello.

En el quinto, volvió a lucirse con el capote. En esta ocasión y dado el fracaso en su novillo anterior, desistió de poner banderillas. Brindó al público una faena que inició con gusto sacándose al toro a los medios, destacando un cambio de mano y una trincherilla. Sin embargo, en el toreo fundamental por ambas manos, sus series estuvieron presididas por la celeridad y la falta de ajuste ya que toreó a distancia. El novillo requería otro tipo de trasteo. Mató de una estocada contraria y cuatro descabellos.

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