Ordenan reabrir por segunda vez el caso por la muerte a tiros de dos colombianos en Alhaurín de la Torre

Entrada a la finca en la que sucedieron los hechos. /SUR
Entrada a la finca en la que sucedieron los hechos. / SUR

La Audiencia establece que se continúe con la investigación porque se obtiene la impresión de que «hay algo que permanece oculto»

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

l escenario fue el mismo. Un año después de que Lucía Garrido fuese asesinada en la piscina de la finca Los Naranjos, en Alhaurín de la Torre, donde vivía con su hija; su expareja, M.A.H., que ocupó la casa que ella dejó vacía tras su muerte, mató a tiros a dos ciudadanos colombianos que irrumpieron en la parcela. Este último caso fue archivado hasta en dos ocasiones, sin embargo, la Audiencia Provincial acaba de emitir un auto por el que ordena reabrir la causa.

Los magistrados de la Sección Novena precisan que, una vez examinadas con detenimiento las actuaciones, concretamente con la lectura del acta de inspección ocular realizada en el lugar de los hechos, «se obtiene la impresión de que hay algo que permanece oculto». Es por ello, además de otros aspectos, por lo que consideran que hay que agotar la investigación.

Se trata de unos hechos que ocurrieron en la noche del 25 de abril de 2009. Al parecer, los dos fallecidos accedieron al interior de la finca tras saltar por encima de la valla que la rodea y provistos con armas cortas. En el auto, al que ha tenido acceso este periódico, se indica que M.A.H. les sorprendió y les disparó.

Sin embargo, solo unos meses más tarde, la instructora acordó el sobreseimiento provisional de las actuaciones, al entender que habría actuado en legítima defensa. Fue la primera vez que se archivó la causa.

Unos años más tarde, el caso dio un giro al remitir la Fiscalía al juzgado nueva información que le había proporcionado el Servicio de Asuntos Internos de la Guardia Civil. En ella, siempre según el auto, se ponía de manifiesto la posible relación del hasta entonces único investigado con varios agentes pertenecientes al citado cuerpo policial, que vendrían dedicándose a diversas actividades delictivas, entre ellas el tráfico de drogas.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que los colombianos fallecidos, que junto con otras cinco o seis personas se habían personado en la finca, lo habrían hecho para sustraerle una importante cantidad de cocaína que allí se encontraría, eliminado también a M.A.H.. Al respecto, concretan que este último, conocedor de lo que iba a ocurrir, se posicionó en el lugar adecuado para abatir a los asaltantes, tras lo cual sacó la droga en una furgoneta.

Pese a que se abrió una nueva línea de investigación para determinar si se pudo cometer un delito de inducción al asesinato, del que podría haber sido autor M.A.H. instigado por varios agentes de la Guardia Civil, finalmente se acordó la conclusión del sumario sin procesamiento alguno, al no haber encontrado la instructora motivos para ello.

El caso se cerraba por segunda vez, pero ahora vuelve a reabrirse a petición de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), personada en las actuaciones. En concreto, argumenta que la muerte de las víctimas es «absolutamente incompatible» con la legítima defensa y que existen hechos posiblemente delictivos cometidos por otras personas, incluidos agentes de la Benemérita, «dotados de la suficiente gravedad como para que no puedan entenderse prescritos».

Desde la AUGC se sostiene que M.A.H. sabía que los asaltantes iban a ir esa noche y que estaba preparado para ello esperándolos. La asociación explica que este aspecto se deduce de la ubicación de las armas que se encontraron durante la inspección ocular, situadas estratégicamente fuera del armero, hallándose una en el salón y otra en el dormitorio de la planta superior, además de la escopeta repetidora que M.A.H. portaba y utilizó para dar muerte a los fallecidos.

Para la asociación, su teoría adquiere firmeza si se tiene en cuenta que M.A.H. dijo que dos días antes de los hechos hubo un supuesto asalto en su casa y que no lo denunció, así como que su expareja, Lucía Garrido, falleció en la misma finca en muy extrañas circunstancias unos meses antes. Se apunta que, en este último caso, varios testigos manifestaron que el sospechoso dijo que si alguien entraba en su negocio a hacer algo le pegaría dos tiros y metería el cadáver en la jaula del tigre que tenía para que se lo comiera.

Por todo ello, se acuerda que se reabra la causa. El fin no es otro que determinar si, como entendió la instructora en un primer momento, M.A.H. actuó en legítima defensa o si, por el contrario, era sabedor de la llegada de varias personas que iban a acceder a su vivienda para –al parecer– sustraer la droga que allí almacenaba y los estaba esperando para ajusticiarlos. Además, se apunta que si se diera esta última teoría habría que determinar si actuó por orden de alguna otra persona.

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