El malagueño que desafió a todo un imperio

Busto de Omar Ben Hafsún, tallado por Ricardo Dávila./Pedro Cantalejo
Busto de Omar Ben Hafsún, tallado por Ricardo Dávila. / Pedro Cantalejo

Omar Ben Hafsún consiguió desde Bobastro desesperar a los Omeyas con la creación de una provincia rebelde dentro de Al-Ándalus

Javier Almellones
JAVIER ALMELLONESMálaga

Entre los siglos IX y X, uno de los imperios más importantes del mundo fue el que lideró el clan de los Omeyas en Al-Ándalus. De hecho, pasó de ser un emirato independiente a ser el poderoso Califato de Córdoba. Pero, antes tuvo que enfrentarse a una rebelión, que puso en jaque incluso al mismísimo Abderramán III.

Este levantamiento, que duró casi medio siglo, tiene su origen en uno de los personajes más singulares de la historia de la Península Ibérica, conocido hoy como Omar Ben Hafsún. Nacido a mediados del siglo IX en el enclave de Auta, que se encuentra en el término municipal de Riogordo, fue un muladí (cristiano obligado a convertirse al Islam) que consiguió aunar a los descontentos contra el emirato hasta el punto de conseguir crear una provincia rebelde que llegó prácticamente a cercar la ciudad de Córdoba, capital por aquel entonces de Al-Ándalus.

Turista observa los vestigios de Bobastro.
Turista observa los vestigios de Bobastro.

El origen de esta sublevación, que ha llegado a ser muy manipulada históricamente, estuvo en la indignación de muladíes e incluso algunos musualmentes por el poder abusivo de los Omeyas. Así, Omar Ben Hafsún, consiguió liderar a partir del año 880 un amotinamiento que llegó incluso hasta después de su muerte.

Su bastión principal fue la ciudad de Bobastro (Ardales), que hoy se puede visitar, en el entorno del paraje natural del Desfiladero de los Gaitanes, en un entorno geológico único en la provincia de Málaga. A un paso del atractivo Caminito del Rey, desgraciadamente hoy son muchos los malagueños y los visitantes que desconocen esta parte de la historia de Al-Ándalus, que daría para un buen guion cinematográfico, que demuestra que, a veces, la realidad supera a la ficción.

A lo largo de los siglos la ubicación del cuartel general de Omar Ben Hafsún ha sido muy dispar por parte de algunos historiadores. Durante años se defendió que no era Bobastro sino Barbastro, en la provincia de Huesca, e incluso se situó en otra localidad malagueña, Comares, donde todavía hoy siguen reclamando esa posibilidad.

Restos de la iglesia rupestre de Bobastro.
Restos de la iglesia rupestre de Bobastro.

Sin embargo, últimamente sí ha consenso entre los historiadores para señalar el enclave de Bobastro como la fortaleza desde la que Omar Ben Hafsún lideró esta rebelión. De hecho, aunque queda mucho por excavar en la Mesa de Villaverde, hay hallazgos que confirman esta tesis. Cuando se hace una visita guiada por este lugar se intuye por qué fue durante años inexpugnable. Situado sobre un cerro abrupto, desde allí se contempla un paisaje único de la provincia de Málaga.

Allí hy se pueden ver las evidencias que demuestran que aquello fue el cuartel general de esta sublevación histórica, como los restos de lo que fue una iglesia rupestre. Este templo, que no es el único encontrado en esta ciudadela rebelde, hoy es uno de los emblemas de este yacimiento arqueológico. Es más, su construcción guarda relación con uno de los hitos de esta sublevación, el momento en el que Ben Hafsún decide abrazar al cristianismo (a finales del siglo IX o principios del X) e incluso nombra a un obispo.

Libro de Virgilio Martínez Enamorado sobre Omar Ben Hafsún.
Libro de Virgilio Martínez Enamorado sobre Omar Ben Hafsún.

Todo esto fue decisivo para el declive de su poder, ya que no sólo enfureció más al emirato andalusí sino que le hizo perder apoyos entre muchos líderes árabes que le habían prestado su apoyo. A pesar de ello, Omar Ben Hafsún murió en Bobastro en el año 918 sin que Abderramán III pudiera sofocar esta sublevación épica.

Tuvo la intención –y estuvo muy cerca- de tomar incluso la capital del emirato Omeya en aquel entonces, Córdoba. No en vano, su provincia rebelde se extendió más allá de la cora de Rayya hasta llegar a lo que hoy es Aguilar de la Frontera. Este rebelde malagueño rozó esa gran hazaña, ya que también extendió su poder hasta ciudades como Baza (Granada), Úbeda (Jaén) o Cabra (Córdoba), como recoge Virgilio Martínez Enamorado, en su obra ‘Umar Ibn Hafsún, de la rebeldía a la construcción de la Dawla”. Este reputado historiador malagueño explica que el rebelde de Bobastro, en realidad, “pretendía una sustitución dinástica”.

Vistas desde el bastión de Bobastro.
Vistas desde el bastión de Bobastro.

Pero, como mantiene el historiador Pedro Cantalejo, la figura de Omar Ben Hafsún “ha sido una de las más manipuladas a lo largo de la historia”. Durante mucho tiempo, se ha señalado un posible origen noble visigodo de este personaje para poner en valor su rebeldía contra el Islam. Sin embargo, hoy es más creíble su carácter “pragmático”. En este sentido, Cantalejo advierte que este caudillo fue capaz de reunirse al mismo tiempo con los bereberes del Magreb y castellanos con tal de conseguir sus propósitos contra los Omeyas. Así, Martínez Enamorado apunta en su libro que contó con una importante “política de relaciones exteriores” con buena parte de las dinastías musulmanas de Occidente. De hecho, tras abrazar al cristianismo, se cree que antes de su muerte, Ben Hafsún volvió a abrazar al Islam y más concretamente a la corriente chií.

Con esos datos, parece hay que olvidar las tesis que señalaban a este muladí malagueño como adalid del cristianismo, ya que, más bien parece que pudo cambiar de credo según le convenía por sus alianzas políticas. Lo que parece evidente es que aún queda mucho por saber sobre este enigmático personaje, al que, según dicen algunas crónicas, se le conocía como “el capitán de la gran nariz”. Pese a ese apelativo, ni siquiera se sabe cómo era realmente desde el punto de vista físico. Eso sí, una aproximación a su imagen puede ser el busto de madera que realizó el escultor rondeño Ricardo Dávila, que hoy se puede ver en el castillo de la Peña de Ardales.

Es más, no se puede olvidar que este personaje histórico fue antes un bandido y un fugitivo, que no tenía mucho que perder al liderar esta revuelta. No fue ni un ‘Robin Hood’ ni el líder de una cruzada. Más bien, fue un personaje ambicioso y pragmático que consiguió una gesta, a priori, impensable. Pasó de tener a su mando a un puñado de hombres a estar a punto de derrocar a los Omeyas.

Provincia de Málaga

Hoy este personaje está especialmente vinculado con el interior de la provincia de Málaga y especialmente con la comarca del Valle del Guadalteba y no sólo por la ubicación de Bobastro en el entorno del Desfiladero de los Gaitanes. También porque sus primeros apoyos fueron, al parecer, las fortalezas árabes cercanas de Hins Canit (Cañete La Real) y el castillo de la Peña (Ardales).

Hoy el enclave de Bobastro se puede visitar parcialmente.
Hoy el enclave de Bobastro se puede visitar parcialmente.

Hoy el nombre de la rebelión de Bobastro se asocia a otros pueblos malagueños, como Mijas, Archidona, Casarabonela o Comares, entre otros, que formaban parte de la cora de la Rayya, con la que se identificaba parte de lo que hoy es la provincia de Málaga. Hay pueblos de la Serranía de Ronda, como Parauta y Júzcar, que también llevan años señalando, como reclamo turístico, que este personaje nació en una alquería de la zona, si bien, la tesis más creíble hoy apunta que su procedencia estaría ubicada en el otro extremo de la provincia de Málaga, en la antes citada fortaleza de Auta (Riogordo).

Sus descendientes

La figura de Omar Ben Hafsún fue sucedida por su hijo Sulaymán, quien resistió una década más el hostigamiento de Abderramán III. Fue en el año 928 cuando Bobastro cayó en mano definitivamente de los Omeyas, lo que marca también un hito en la historia de Al-Ándalus, ya que, al sofocar esta larga rebelión, Abderramán III se proclamó poco después califa.

La estela del rebelde de Bobastro llegó más lejos a través de una de sus descendientes, Santa Argentea. Hoy no se sabe con certeza si esta mártir fue su hija o su nieta, pero, según dejó escrito en su día, el escritor Diego Vázquez Otero murió a la edad de 13 años en el año 931, tras ser torturada por su captores en Córdoba. Hoy el pueblo de Ardales celebra en torno al 13 de mayo, fecha de su muerte, una misa en honor a esta santa malagueña

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