José María Mancheño: «La caza es una herramienta de conservación del medio ambiente»

José María Mancheño, presidente de la Federación Andaluza de Caza.
José María Mancheño, presidente de la Federación Andaluza de Caza. / Fernando Torres

Presidente de la Federación Andaluza de Caza. El máximo responsable de la Federación Andaluza de Caza defiende el papel del colectivo frente a la «visión sesgada»

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

José María Mancheño, nacido en Sierra de Yeguas, llegó al mundo de la caza más tarde de lo habitual. A pesar de ser una tradición que se transmite de padres a hijos, él la conoció cuando empezó a trabajar para la Federación Andaluza de Caza (FAC) como abogado. Una vez se introdujo en la entidad, se especializó en la legislación cinegética y decidió probar con el rifle, momento en el que lo laboral se convirtió también en una afición que desde entonces mantiene. Lleva al frente de FAC –y las 1.500 sociedades que la componen– desde 2012, y el año pasado fue elegido de nuevo para liderarla hasta el 2020, y lo hará manteniendo su postura: «La caza es una herramienta de conservación del medio».

¿Cómo le dio por la caza?

–Yo soy un cazador atípico. Me relacioné con ese mundo hace veinte años cuando empecé a colaborar con los servicios jurídicos de la federación. A pesar de que mi abuelo paterno era guarda, yo no había tenido relación con la caza. Todo el mundo dice que eso se hereda pero no es mi caso, aunque curiosamente a raíz de mi afición varios de mis hermanos y otros familiares se han hecho cazadores.

Ha dicho en muchos sitios que tiene una visión de caza ‘sostenible’...

–La sociedad hoy en día tiene una visión muy sesgada de la caza y superficial. Es una herramienta de conservación y gestión del medio. A través de la caza se pueden controlar enfermedades, especies y los daños que provocan algunas de ellas en la propiedad privada. También somos centinelas de la gripe aviar como hacemos en Doñana; en los Montes de Málaga controlamos los daños que produce la hibridación entre el cerdo silvestre y el jabalí... En pleno siglo XXI es una herramienta necesaria, lo dicen los ingenieros, lo dice la Junta de Andalucía, no sólo yo.

¿Cómo se le transmite esa visión?

–Ese ha sido uno de nuestros grandes problemas y a día de hoy sigue siéndolo. Siempre ha existido una imagen muy superficial de los cazadores en las ciudades. ¿Cómo se le explica? Bueno, nosotros llevamos años tratando de encontrar vías de comunicación a través de las que informar y explicar lo que significa la caza. La gente piensa que cuando nos apetece cogemos la escopeta y el perro y nos vamos a pegar tiros, y eso no es así. Tenemos una Orden General de Veda, podemos cazar un cupo determinado de especies determinadas en días determinados. Cuando no estamos cazando estamos cuidando el monte, con nuestro guarda. También habilitamos miles de comederos y bebederos suplementarios.

¿Qué papel tienen las administraciones públicas en esa transmisión?

–En el mundo de la caza las administraciones ejercen un papel fiscalizador a todos los niveles, desde permisos hasta gestión de cotos. Su implicación, en el caso de Andalucía, la Junta es titular de miles de hectáreas de caza, más del 80% del terreno es cinegético. La consejería colabora con la caza, pero quizá por ponerle un pero debería ayudarnos más en la transmisión de nuestros valores.

¿Cree que está todo hecho para que la caza sea sostenible?

–Llevamos muchos años promocionando los valores éticos dentro de la federación, y apostamos por una casa sostenible, respetando el cupo y los usos y costumbres. Pedimos al cazador andaluz que sea moderno, donde lo que importa es salir al campo y conservar el patrimonio; lo de menos es la percha o el número de piezas. El mensaje ha calado, pero debemos seguir insistiendo.

¿Las nuevas generaciones aceptan la caza?

–Lo cierto es que el relevo generacional no se está produciendo con la intensidad que querríamos. Dentro de la opinión pública se está generando un rechazo directo, tanto en la formación y en la educación. Los jóvenes reciben unos valores que chocan con los que nosotros defendemos. Hay jóvenes cazadores, pero menos. El problema principal está en la educación. Hemos tenido problemas para acceder a centros educativos y transmitir allí valores de conservación; no está bien visto que los cazadores vayan a los colegios.

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