La investigación científica, el mejor método de estudio

Un alumno de 2º de Bachillerato explica el sistema de riego a dos compañeros de 2º de la ESO en el laboratorio del centro educativo /María García
Un alumno de 2º de Bachillerato explica el sistema de riego a dos compañeros de 2º de la ESO en el laboratorio del centro educativo / María García

Lo que comenzó como unas clases fuera del horario lectivo se convierte en un sistema educativo revolucionario y de éxito en el instituto rondeño Martín Rivero

MARÍA GARCÍA

«La ciencia proporciona a los alumnos las herramientas necesarias para comprender mejor el mundo que les rodea. Fomenta la curiosidad y el sentido crítico. Arroja luz sobre la relación entre los seres humanos y la naturaleza, y nos recuerda que los recursos naturales no son ilimitados. La ciencia también forma parte del mundo actual. Europa necesita científicos jóvenes». Este discurso fue pronunciado por el Comisario de la Unión Europea para la Educación, la Formación y la Cultura, Ján Figel, en 2006. Un discurso que seguro caló en la mente del profesor Marcos Naz, cuando se marcó como objetivo hace seis años introducir en su método de enseñanza la investigación experimental para los alumnos y alumnas del Instituto Martín Rivero.

La forma es, y era entonces, muy sencilla: un laboratorio en el que mediante la investigación, el desarrollo y la innovación se abriese la capacidad creativa y la curiosidad científica de los más jóvenes de Ronda.

Cuando abres la puerta de ese laboratorio y enciendes la luz, descubres de manera instantánea que el aula se encuentra en las antípodas del tradicional sistema educativo. Lejos, por tanto, de las horas interminables con un profesor repitiendo curso tras curso el mismo discurso aburrido y ensayado sobre una materia, un monólogo predecible con el que el saber del maestro se traduce en conocimiento para los alumnos y las alumnas.

En este pequeño espacio de uno de los centros educativos de la Ciudad del Tajo, se respira imaginación, ingenio y trabajo en equipo. Se respira instrucción, aprendizaje y diversión, y se respira de una manera tan cercana y cotidiana, que parece hasta fácil haber logrado algo tan complicado: preadolescentes y adolescentes entusiasmados con la ciencia.

El programa comenzó en 2012 cuando tan solo 15 alumnos, de manera voluntaria acudían a su instituto fuera de horario lectivo y confiaron en su profesor, regalándole su tiempo libre.

Aquellos 15 pequeños científicos que acaban en el presente curso sus años de instituto se han visto acompañados en la actualidad en el laboratorio por más de cuatrocientos alumnos, es decir, casi la mitad del alumnado del Instituto Martín Rivero. Y aquel proyecto que Marcos Naz emprendía hace seis años de manera voluntaria, ha pasado a integrarse en el día a día del centro de enseñanza con materias en las que los estudiantes realizan proyectos de investigación.

Comenzaron 15 alumnos que se han convertido en más de 400 en seis años

De esta manera, en los primeros años de los jóvenes en el instituto, en concreto de primero a tercero de la ESO, el profesorado de ciencias, lengua, matemáticas e informática se encarga de preparar al alumnado para la investigación, de una manera interdisciplinar.

Ya en cuarto de la ESO y en primero de Bachillerato, los alumnos colaboran con las Universidades de Sevilla, Málaga y Córdoba. Las entidades universitarias ofrecen temas y proyectos a los estudiantes del Martín Rivero para que los investiguen durante el curso.

Por último, en su último año de instituto, los ya preuniversitarios tienen en su poder la responsabilidad de proponer sus propias ideas y sus investigaciones, que llevan a cabo durante los nueve meses que dura el curso escolar. Además, lo hacen libremente: trabajando por su cuenta en el laboratorio por su cuenta.

Marcos Naz,con una de sus alumnas en el laboratorio
Marcos Naz,con una de sus alumnas en el laboratorio / María García

Un método de enseñanza que se complementa, y eso sí sigue siendo de manera voluntaria, con horas por las tardes en las que alumnos de un curso y otro, con más o menos conocimiento en una materia o especializados en una u otra disciplina, se entremezclan para trabajar en equipo, igual que ocurre en un laboratorio profesional.

Precisamente así, con este método, fue cómo surgió su invento más famoso: un dispositivo de riego ecológico que reutiliza botellas PET para capturar la máxima cantidad de agua de lluvia, que después se puede utilizar para mantener húmedo el terreno donde se coloquen. Un dispositivo que han patentado y que ya han podido probar en una situación real: los huertos sociales de Córdoba. Y deben funcionar y muy bien, pues le han encargado muchas más unidades de su prototipo.

Un dispositivo que surgió de una lluvia de ideas entre los alumnos y que ha logrado conseguir ser finalista en los conocidos como los Nobeles del Agua.

Los proyectos creados en el aula ganan diversos premios

El parque Además de su segundo premio en la fase final de los Nobel del Agua, los alumnos del Instituto Martín Rivero de Ronda han conseguido, gracias a los diversos proyectos que realizan y planifican los jóvenes. Entre ellos, se encuentran el Premio al Mejor Proyecto en la Feria de las Ciencias de Sevilla, el 'Grandes Inciativas que cambian el aula' de la Fundación Atresmedia y Samsung, o el 'Mi solución creativa a un problema medioambiental' de la Fundación Endesa 'Ecoinnovacion educativa'.

Premios que incentivan y ayudan económicamente a que los alumnos puedan seguir investigando. Logrando hacer realidad el sueño del profesor Marcos Naz: «Que los jóvenes aprendan, estudien, se sientan seguros, propongan ideas, que las lleven a cabo y que rectifiquen si se equivocan. Que sepan que hay muchos problemas en nuestro día y a día y en el del resto del mundo, pero que por cada problema hay una solución que puede estar en sus manos. Porque son buenos alumnos y buenas personas».

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