Cuatro paredes para guardar la memoria

Vecinos y descendientes de Peñarrubia construyen una nueva ermita junto al pantano que la inundó

Miembros de la asociación Rosario de Peñarrubia junto a la nueva ermita. / F. Torres
Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Para algunos no es más que un recuerdo. Muchos ni siquiera alcanzan a visualizar en su memoria las calles de aquel pueblo que ya no existe. Hay algunas imágenes de archivo que permiten dilucidar cómo era Peñarrubia antes de que fuera demolida y sepultada por el que ahora se conoce como el embalse de Guadalteba, pero no son más que instantáneas vacías, sin vida. A pesar del paso del tiempo y contra todo pronóstico, el azar y el amor al pasado de unos cuantos valientes hizo que se constituyera una asociación Rosario de Peñarrubia.

Ayer participaron en una multitudinaria romería en honor al Rosario, patrona del desaparecido municipio, a la que acudieron más de 200 personas, en un acto que no es la primera vez que se celebra, pero sí fue la edición en la que estrenaron su nueva ermita. Cuatro paredes y un techo que vuelven a poner al recuerdo por encima de las aguas del Guadalteba.

La festividad del Rosario reúne de nuevo a los amigos de este pueblo malagueño que desapareció para dejar paso al embalse de Guadalteba

María Isabel del Águila, José Durán, José Manuel Romero y Juan Mora son los encargados de esta cruzada contra el olvido. Cada uno representa una función dentro de la asociación, aunque lo que les motiva es haber encontrado en el proyecto un motivo para la unión y el trabajo conjunto. Esta ermita, que no está adscrita a ninguna diócesis, representa el final de varios años de trabajo con los que estos herederos de Peñarrubia han tratado de poner en valor el sentimiento de pertenencia a un pueblo del que ya sólo quedan algunos cimientos que se ven cuando baja el nivel de agua del embalse.

Romería celebrada ayer en este núcleo. / SUR

Peñarrubia fue desalojada en 1972. La mayoría de los vecinos se fueron gracias a la promesa de un futuro mejor, pero otros se quedaron y no se marcharon hasta que llegó la Guardia Civil para obligarles. Un año después entraron las máquinas para derruir las casas. Según Pedro Cantalejo, responsable de patrimonio del vecino pueblo de Ardales y colaborador de la asociación, este acto representa «una intención de borrar la memoria de la localidad».

En aquél momento había algo más de 3.000 habitantes en el pueblo, y se repartieron por toda Málaga y parte de España. En 1990, en Santa Rosalía (localidad que acogió a gran parte de la población), se juntaron varios vecinos que jugaron con la idea de volver a lo que quedaba de Peñarrubia, que no era más que la calle de Peñarrubia, una avenida que discurre junto al pantano donde se alojó el Consorcio de Guadalteba. En aquel momento se hizo el encuentro «y acudió mucha gente, pero no se enteraron todos los peñarrubieros», según explican los responsables. «Hay gente en Barcelona, en Madrid, en Bilbao...». A raíz del encuentro se corrió la voz y al año siguiente «hubo un boom de gente que quería volver a sus raíces». En Santa Rosalía siguieron trabajando el sentimiento de pertenencia, y tomaron la decisión de llevar a la Virgen del Rosario – patrona de Peñarrubia– al pantano una vez cada cinco años.

Juan Mora en su casa de Peñarrubia junto a una fotografía. / F. Torres

Desde 1997 los lustros han marcado la agenda de los herederos del pueblo, y poco a poco los símbolos comenzaron a instalarse. «Primero fue la peana, luego el monolito y ahora es la ermita». En la romería de ayer, los vecinos venidos de todas partes del país pudieron ver cómo la antigua iglesia de su hogar ha vuelto a nacer, ya que está construida a imagen y semejanza de la anterior edificación –tanto es así que la cruz que corona el tejado es la misma–.

Todavía falta encofrar y pulir el exterior, así como adecuarla por dentro. Pero los peñarrubieros están satisfechos con que haya un lugar que cobije su recuerdo y el de sus padres y los saque de debajo del pantano.

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