El Crucificado que trajo el agua a Andalucía

El Cristo de la Salud y las Aguas salió ayer en una procesión extraordinaria. /A. J. G.
El Cristo de la Salud y las Aguas salió ayer en una procesión extraordinaria. / A. J. G.

El Cristo de la Salud sale en Antequera en una procesión extraordinaria con motivo del 350º aniversario de su advocación y la lluvia vuelve a aparecer

Antonio J. Guerrero
ANTONIO J. GUERRERO

Hace 350 años, en 1668, Andalucía se encontraba inmersa en una profunda sequía que afectaba a la población y a las cosechas. Esa falta de agua llevó a pedir a Dios que lloviera a través de oraciones y de procesiones. Como la lluvia, pese a los rezos, seguía sin hacer acto de presencia, lo que aumentaba la desesperación de todo el mundo, los antequeranos decidieron probar con el Cristo de la Salud, imagen que se encontraba en la iglesia de San Juan, donde recibía culto, según recogió el párroco de la época en los libros parroquiales. Y al fin llovió, por lo que se decidió sumarle a esta imagen la advocación y de las Aguas. El 350º aniversario de ese hecho se celebró ayer en Antequera.

Y como pasara hace casi cuatro siglos, y como suele ocurrir a veces desde entonces cuando 'se mueve' la imagen de este Cristo, también llovió ayer, en el intervalo entre el traslado de por la mañana y el regreso en procesión de por la noche. Este año, en vez de procesionar la imagen del Crucificado por la tarde, se decidió empezar por la mañana para trasladarlo al Paseo Real, donde se le ofreció una misa extraordinaria, antes de regresar a su templo.

A las 11 de la mañana, se abrieron la puertas de San Juan para que saliera el cortejo procesional, que lo abrió la banda de música de las Angustias de Campillos, que no paró de interpretar marchas cofrades. A continuación, iban jóvenes portando estandartes y devotos con ciriales, abriendo paso al cuerpo de acólitos con dalmática delante del Cristo Crucificado bajo palio, Patrón de la ciudad desde 2004.

Tras la devocional imagen fueron cientos de devotos alumbrando, entre ellos vecinos de promesa y antequeranos que emigraron y que regresan a su tierra cada año para acompañar al Señor de la Salud y de las Aguas. El sol estuvo presente en todo el recorrido, con tonalidades diferentes por la luz solar de mediodía, así como por el resplandor, en forma de rayos sobre la cruz, que se recuperó este año.

Emoción de los cofrades

El platero local José Manuel Cantos ha reelaborado el antiguo adorno, que se ha estrenado en este 2018. Al llegar al Paseo Real hubo una gran emoción de los cofrades que vivían un momento único, con el Señor en medio de la gran avenida, en la que la imagen presidió el altar que se montó para la misa bajo una carpa que sirvió a mediodía para resguardar al Cristo de la abundante lluvia que cayó en Antequera, como hace 350 años, hasta que comenzó a celebrarse la misa.

El obispo de Málaga, Jesús Catalá, presidió una misa celebrada con motivo del 350º de la advocación de la imagen.
El obispo de Málaga, Jesús Catalá, presidió una misa celebrada con motivo del 350º de la advocación de la imagen. / A. J. G.

A las siete de la tarde, el obispo de la diócesis de Málaga, Jesús Catalá Ibáñez, presidió la eucaristía conmemorativa, a la que acudieron devotos y antequeranos en un lugar inusual para una misa, el paseo de la ciudad. Al término del acto religioso, se organizó la procesión de vuelta del Cristo a su templo, con su recorrido habitual anual tras regresar a San Luis, donde tuvo la Real Hermandad la pleitesía de las cofradías por las que pasó su cortejo. Tras llegar a San Sebastián, delicada subida por las empinadas cuestas hasta llegar al Portichuelo, donde la Cofradía del Socorro 'corre las vegas' en Semana Santa, se procedió a la bajada a su barrio. La procesión extraordinaria terminó después de las 12 de la noche y estuvo marcada por el agua como hace 350 años.

A la imagen se le atribuye poner fin a una fuerte sequía que había en Andalucía en 1688

El obispo de Málaga presidió una misa celebrada en una carpa en el Paseo Real

Hay que recordar que llovió al fin el sábado 28 de abril de 1668. Las precipitaciones se produjeron tras ofrecerle una novena al Cristo de la Salud. El agua cayó del cielo de forma providencial. «El día 28, sábado de abril, se desataron las cataratas del cielo, de manera que pareció abril un noviembre riguroso de aguas pacíficas [...] con que el llanto se volvió en gracias a Dios, a quien se lo deben y agradecen para siempre jamás», según testimonios de ese año.

Desde entonces, se le profesa una fuerte devoción a este Crucificado que va bajo palio, que ayer volvió a recorrer las calles de Antequera. También hubo una misa que forma ya parte de la historia de la localidad. Como no podía ser de otra forma, la lluvia no quiso perderse la salida del Cristo de la Salud y las Aguas.

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