UN RÍO PARA UN BELÉN DE TODO TIEMPO

El río Guadalevín a su paso por tierras de la Serranía de Ronda/
El río Guadalevín a su paso por tierras de la Serranía de Ronda

El precavido río Guadalevín busca certera protección contra la manifiesta impiedad de malévolas brisas y de la no menos insoportable carga de rabiosas heladas

A. GARRIDOESCRITOR

A la chita callando, en lo más crudo del invierno, el precavido Guadalevín, busca certera protección contra la manifiesta impiedad de malévolas brisas y de la no menos insoportable carga de rabiosas heladas. Diciembre es ya, y por mucho que se presagien cálidas eras y cambios que han de trastocar lo que estable se mantenía, aún no ha perdido el mes parte de su ancestral hosquedad.

Enfúndase para ello nuestro río el multicolor ropaje de irisadas frondas, que, con harta generosidad y grosor, desde el albor de los tiempos, le ofrece la reata de árboles, a un flanco y a otro de su escabroso cauce. Un irisado dosel, de amarillos pastel de yema de huevo, sedosos verdes de viñas en agraz, rosas de celajes de calmos atardeceres, añiles de piélagos adormecidos, bermellones de pulpa de sandía, en airoso tropel, todos de medida y sutil maraña.

Más que río hondo, que en modo alguno es, sí que, a rabiar, ama honduras que nadie diría capaz de avasallar, y a picotazos de húmeda zapa, como por antañona vez lo hiciera, miles de millones de centurias antes, cava, brinca, rodea peñascos, a los que cerca y marea para que lo dejen ir por donde quiere, que es, tras tantas vueltas, tanto desmedido auparse para salvar muros, molinos, puentes regulares y colosales, tanto esconderse y surgir de la nada, emprender el esplendoroso camino del valle, siempre llama encendida, al que en descomunal meandro, que no es sino cálido abrazo de hermanos, entretiene con sus tonadas; que es a ratos, según los días y los vientos, batir de alas de palomas en breve vuelo o melodioso clamor que, sin cesar, hasta la ciudad llega.

Y el Guadalevín, que nunca medró, que fue audaz viajero y perenne conquistador, que le cuesta lo suyo traspasar lo intraspasable, negruras, puertos, cañones y oquedades, muda de presente su malla de guerrero, su rodela y su insaciable tenacidad, y en paz, como el largo sueño no interrumpido de un infante, para no desentonar con un suelo que por doquier la respira, mira sin que lo miren, acunando desde su cauce cumbres y cielos, parejos en su sosiego y en su mimado azul. Y, perezoso, victorioso, entiende, que, para ser ahora río que aspira con razón, que ganado se lo tiene, a más ancho hogar, y luego a inabarcable mar, ha de dejar el encantado lugar en el que fue niño y hombre, luz y tinieblas, trapecista y monje, mortaja y ave fénix.

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