Los ángeles de la guarda de Antequera

Varios de los agentes que realizaron el rescate. :: a. j. guerrero/
Varios de los agentes que realizaron el rescate. :: a. j. guerrero

Once policías locales y nacionales rescatan a una familia de un incendio, subiéndose en el coche patrulla

Antonio J. Guerrero
ANTONIO J. GUERRERO

Ser policía es una de las profesiones más difíciles, en la que a veces la opinión pública se queda con su carácter sancionador o su serio perfil. Pero bajo sus uniformes, brotan sus vocaciones por servir al ciudadano. En Antequera, a falta de disponer de una ambulancia en el casco urbano y un parque de bomberos en la ciudad, son en determinadas ocasiones, el mejor aliado para salvar vidas. Así pasó en la madrugada del jueves 31 de mayo al viernes 1 de junio, cuando pasadas las 5 de la madrugada, un particular llamó a la Policía Local para advertir del incendio en una casa en la Cuesta Álvaro de Oviedo, empezando el dispositivo del 112 por el que avisan de inmediato tanto a la Policía Local y Nacional, como la ambulancia y los bomberos.

Cuatro de los once agentes que salvaron la vida a una familia de siete miembros, el matrimonio y sus cinco hijos de 1, 7, 10, 14 y 18 años, relatan aquel episodio. Manu y Paco son policías nacionales de Granada, destinados en Antequera; y Alejandro y Alberto son agentes locales, que viven y trabajan en su tierra, quienes comparten cómo fue esa noche que pudo terminar en tragedia, pero su rápida intervención lo evitó.

«Desde que la llamada telefónica del particular entra en nuestra sala, se alerta al 112, hasta que se saca al último miembro, fueron seis minutos aproximadamente» los que tardaron en salvar a toda la familia. Cuando llegaron, varios vecinos ya estaban a pie del balcón de la primera planta de la casa siniestrada en la que rescataron el niño más pequeño de los siete miembros de la familia: «Nos enteramos de que uno de los vecinos ayudó en el rescate de uno de los niños, de un año. El padre a la desesperada soltó a su hijo, a los brazos de un desconocido». Les sacaron una escalera pequeña, pero viendo la urgencia y la desesperación de esta familia, tuvieron que buscar cómo subir a rescatarlos, no era lo mismo un bebé que un niño más grande y los adultos. Se les ocurrió colocar el coche policial bajo el balcón para poder servir de escala hasta el lugar de los hechos.

Al llegar los primeros y estar en camino los bomberos (Antequera no tiene parque propio en el casco urbano, usa el comarcal que está situado en las afueras en el cruce de las autovía, por lo que como mínimo tardan 10 minutos en llegar a la ciudad) decidieron actuar. Una vez rescatados del balcón de la casa en llamas, llegaron los bomberos y la ambulancia les atendió en el lugar, sin precisar traslado hospitalario por heridas ni inhalación de humo. Esta vez, fueron los policías los salvadores, otras veces les toca a los profesionales de los bomberos y ambulancias.

Encuentro con la familia

Un vecino, casualmente voluntario de Protección Civil, les abrió las puertas de su casa para que descansaran en el salón. Allí, se reencontraron los policías y la familia, de la que solo el padre pudo hablarles: «Cuando terminamos con la intervención y la familia estaba dentro de la vivienda, la cara de los niños era un poema. Miradas totalmente perdidas, no daban crédito. A lo mejor le hacías una muestra de cariño a ver qué tipo de reacción podían tener y era cero. Los niños estaban en estado de shock».

Terminado el trabajo, siguieron con el turno hasta las 8 de la mañana y al llegar a casa se quedan con «la satisfacción de que la labor está bien hecha». Así fue una noche de película de terror que no terminó en drama porque los coches que patrullan de madrugada, llegaron al momento a una casa, donde siete personas clamaban auxilio en el balcón de su vivienda. Y los agentes, sin medios, buscaron cómo subir, utilizando el ingenio de subirse al coche policía y depender de sus brazos para servir de escaleras a la familia.

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