El Burgo quema sus males este domingo

Desde hace siete décadas es costumbre quemar un muñeco gigante que tiene connotaciones negativas / J. A. Ruiz
  • La Semana Santa acaba en esta localidad de laSierra de las Nieves con la Quema de Judas

El Domingo de Resurrección se vive de formas muy distintas en el territorio malagueño. Entre las propuestas más originales, está la que se podrá ver pasado mañana en el pueblo de El Burgo, en el corazón de la Sierra de las Nieves. Allí se instauró hace más de siete décadas una tradición más propia del norte de España, la Quema de Judas. De hecho, fue un cura del País Vasco quien aprovechó su paso por allí como párroco para importar esta peculiar forma de terminar la Semana Santa. Este día, aunque también cuenta con una procesión, tiene como principal aliciente ver como arde y explota esta figura de trapo que alberga en su interior mucha pólvora.

Será a las doce del mediodía en la plaza de Abajo cuando este gran Judas, que simboliza siempre algo negativo, sea prendido. El muñeco, que cada año guarda similitudes con algún personaje con connotaciones funestas y dañinas, suele medir en torno a unos seis metros de altura, lo que da idea de la importancia que le dan a esta costumbre en este pueblo malagueño. Con las tracas y el fuego, el muñeco llegará a su fin mientras los burgueños celebran la Resurrección y el triunfo sobre el pecado.

Esta costumbre importada del norte peninsular, que está declarada como Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía, ha conseguido atraer cada año la atención de numerosos visitantes. Esta cita es una buena excusa para acercarse este fin de semana hasta el pueblo natal de dos personajes históricos, como son el comandante Benítez, famoso por su valentía durante la Guerra del Riff, y el temido y sanguinario José Mingolla, apodado Pasos Largos, conocido como el último bandolero de España.

El pueblo de El Burgo se erige sobre un cerro desde el que se divisa buena parte del valle del Turón. Con esa ubicación estratégica, sería casi imposible que no hubiera allí un castillo en la época más convulsa de su historia. De hecho, existió, a pesar de que hoy se pueden apreciar sólo en algunas partes del casco antiguo del pueblo. Hasta el XVIII, la fortaleza se mantuvo en un buen estado, pero un terremoto a mediados de ese siglo lo destruyó parcialmente. Pese a ello, las tropas napoleónicas lo usaron de refugio en 1812, pero lo demolieron casi en su totalidad cuando lo abandonaron. Hoy se adivinan muchas de sus murallas y restos de algunas de sus doce torres originales.

Desde el pueblo de El Burgo, que es atravesado por el Turón, hasta su nacimiento se puede conocer el legado natural de este sorprendente valle. Así, en el propio casco urbano se puede pasear por la ruta de la Acequia de los Molinos, en la que se puede sorprender en ocasiones a algunas de las especies animales que la habitan, como peces y galápagos.

En el inicio de este pasaje, se puede ver el Puente Viejo, que por su tamaño evidencia que no fue construido para el paso de vehículos. Siguiendo río arriba y dejando atrás el casco urbano de El Burgo, un carril en el margen izquierdo propone un original recorrido, siempre en compañía del Turón. Por este sendero, se llega hasta la presa del Dique, una de las zonas más frecuentadas en verano por los vecinos de la zona. Para llegar hasta el nacimiento es necesario adentrarse por un sendero más estrecho que abandona el carril principal, que resulta ser uno de los tramos de la Gran Senda de Málaga.

Para tener una perspectiva más amplia de todo este paisaje se puede ir en vehículo hasta el Mirador del Guarda Forestal, situado en una zona elevada en el puerto del Viento, en la carretera que une a Ronda y El Burgo. Entre el área recreativa de Los Sauces y el cerro de las Camaretas, en el término municipal de El Burgo, también se pueden ver espectaculares pinsapos, algunos de grandes dimensiones. Aunque no es el bosque más denso de la provincia de Málaga, merece la pena adentrarse en él a través de algunas de las sendas circulares que parten desde la zona conocida como los Sauces, situada junto al antiguo convento de la Sierra de las Nieves.

Entre los itinerarios más destacados desde ese punto de partida también sobresale el que sirve de acceso al pueblo de Yunquera, que recorre igualmente algunos bosques mixtos en los que pinsapos, encinas y otras especies de montaña conviven en armonía.

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