Diario Sur

Juan Burruecos, de 84 años, junto a la fachada de su casa. :: a. j. g.
Juan Burruecos, de 84 años, junto a la fachada de su casa. :: a. j. g.

El último de Callejón de Esparteros

  • Tras tres lustros de protestas y trámites administrativos, los afectados logran arrancar el proyecto para sus nuevas viviendas

  • Hace 16 años la aparición de grietas tras unas obras de saneamiento conminó a sus vecinos a marcharse. Juan Burruecos, que se crió en esta zona de Antequera, aún se resiste a irse

No se considera un 'Chanquete', aquel personaje de la serie de televisión 'Verano azul' que bajo el «no nos moverán» permaneció firme en su barco; pero sí se empecina a lo Baldomero Espartero, aquel militar español que destacó en el campo de batalla en las guerras carlistas por su resistencia a la lucha por una causa justa. Se trata de Juan Burruecos Ruiz, quien con 84 años, se empecina en seguir viviendo en su casa del Callejón de Esparteros, con grietas y en peligro de desplome, pero que no piensa abandonar hasta que la Administración le garantice una vivienda en el mismo estado que presentaba la suya antes de que hace tres lustros unas obras de saneamiento en el entorno causara un corrimiento de tierras en esta zona periférica del centro de Antequera.

Es el último superviviente del Tercer Callejón de Esparteros, grupo de viviendas que desde el año 2000 sufren grietas y hundimiento de firme -la mayoría se encuentran en la actualidad tapiadas- que conminaron a los afectados a abandonar por miedo la zona. El resto de sus vecinos viven aún de alquiler, a la espera de una solución definitiva cuyo proyecto ha tardado dieciséis años en fraguarse.

Tras años de protestas, reclamaciones y trámites administrativos, la solución parece comenzar a vislumbrarse: un acuerdo 'tripartito' entre la Junta de Andalucía, el Estado y el Ayuntamiento de Antequera, apoyado por los fondos europeos, para derribar el complejo, crear en esta superficie una zona verde y convertir unas viviendas sociales aún sin terminar, en los nuevos hogares de las familias afectadas.

El acuerdo establece que los vecinos, que viven de momento en casas de alquiler pagadas por el Consistorio -puesto que las obras que causaron los daños eran municipales-, sean realojados en unos edificios a construir en el Camino de la Campsa -en el entorno de la Avenida de la Estación-, mientras que sus actuales domicilios del Tercer Callejón de Esparteros sean demolidos para construir una plaza.

Según lo acordado en un primer momento, los compromisos de las administraciones pasan por la aportación de 343.575 euros por parte del Estado, en tanto que la Junta aportaría 536.624 euros para la edificación y el Ayuntamiento, 316.678 euros para la edificación y 220.000 euros para la reurbanización de la zona de Esparteros.

De momento, las tres administraciones se han puesto de acuerdo y el Ayuntamiento contempla en sus presupuestos para el próximo año una partida para garantizar las actuaciones. Ello lo deberá aprobar el pleno ordinario de este lunes.

En tanto los vecinos afectados acuden expectantes ante cualquier eventual novedad, a Juan, con 84 años, no le importa exponerse a los peligros de los que continuamente le previenen. A sus 84 años, se niega a abandonar la casa en la que lleva toda la vida y en la que vive solo junto a Carina, una perrita de 3 años que le da compañía.

No obstante, lamenta que «esto está llamado a desaparecer, incluso mi casa, veremos a ver lo que pasará». Se refiere a las filtraciones de agua que llevan a la aparición de grietas con peligro de desplome y que ha provocado que uno a uno, todos los vecinos de la zona hayan abandonado sus casas, tapiándolas y esperando una futura solución administrativa.

«En esta casa llevo casi 60 años y me crié en una casa cerca de aquí. Cuarenta mil pesetas me costó esta, la eché abajo y la arreglé completamente nueva, yo estoy muy a gusto aquí», explica. Respecto a sus vecinos, explica que a todos «les han dado una casa, pero a mí no porque yo dije que no. Esta es mi casa, tengo todos los papeles en regla». En cuanto a daños en su vivienda, reconoce que «sí hay grietas, hay una en mi habitación, está junto a una casa que está cerrada y por ello nadie puede ver nada». No por ello siente especial temor, pues la fisura «desde hace 7 años sigue igual, ni se ha puesto más pequeña ni ha crecido», justifica.

«Para mí y mi hijastra»

En caso de que le conminaran a marcharse, advierte de que le deberían dar dos pisos en vez de uno, argumentando que «este piso tenía otra planta -que tuvo que sacrificar por el riesgo de desplome- y todo lo que había arriba lo he perdido», se lamenta. Por eso, «me tendrían que hacer dos viviendas, una para mí y otra para mi hijastra». «Ahora dicen que van a hacer las casas allí abajo, donde estaba la cochera de autobuses», subraya Juan, admitiendo que él sólo se iría, «si me pusieran todo como lo tenía antes aquí o si no, no me voy». En cuanto a la idea de reurbanizar Callejón de Esparteros como espacio público, a Juan no le gustaría porque se podría poner «lleno de borrachos durante las noches».

En unos años donde el político se aferra a su sillón, hay un antequerano de 84 años, que no teme porque su casa se venga abajo sobre él, sino que las 40.000 pesetas que le costó hace 60 años y todos los recuerdos de su vida, se vengan abajo sin que nadie le dé lo que se ganó con trabajo y se vino abajo por unas obras de mejora de las calles anexas.