Diario Sur

Nicolás González, Universidad de Málaga.  sur
Nicolás González, Universidad de Málaga. sur

De Ronda a la universidad, una decisión que se toma antes de tiempo

  • Jóvenes rondeños narran su camino lejos de la familia, en busca de un título que les ayude a conseguir sus metas

  • Los estudiantes de la capital de la comarca comienzan sus estudios de Secundaria siendo conscientes de que, salvo si eligen Enfermería, deberán salir de casa para cursar un grado

El futuro y el presente viven en un intercambio de momentos permanente. Lo normal es estar pensando en lo que se hará después, haciendo que ambas realidades se mezclen de manera constante. Para los jóvenes rondeños es más que habitual saber dónde estará su porvenir académico: fuera de casa. La historia se repite, y es que, salvo que quieran ser enfermeros -y consigan la nota de corte necesaria para estudiar en la escuela que acoge la capital de la comarca-, la universidad está lejos de Ronda, y eso lo saben desde que empiezan a planificar su futuro. Cuatro jóvenes rondeños cuentan, lejos de donde nacieron -algunos más lejos que otros-, cómo es prepararse día a día para el futuro en un presente fuera del hogar.

Lo habitual es que desde bachillerato ya sepan que, si quieren pasar por la universidad, hay que salir de la comodidad que otorgan los cuidados familiares. «No había otra opción», dice Javier Vázquez, que allá por el año 2008 se mudó para estudiar Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad de Málaga (UMA). Actualmente, tras haber cursado un máster en la Universidad de Sevilla, está preparando su tesis doctoral en el departamento de materiales de la UMA. «Primero me fui a Málaga a vivir con mis abuelos», explica Javier, quien confiesa que no notó el cambio porque «seguía rodeado de la familia». Reconoce que su mejor experiencia fue en la capital andaluza, donde se fue a vivir con algunos compañeros de clase de la carrera.

Ciudades hermanas

«Si te quieres dedicar a las ciencias, no tienes otra opción», explica Javier. Según su experiencia, Ronda y Málaga no son tan diferentes, y se nota que están cerca y comparten muchas cosas: «Ronda es más compacta y puedes ir a cualquier sitio andando, cosa que en Málaga no puedes hacer». Sin embargo, asegura que conserva amistades de todas las ciudades que ha visitado.

Los padres de estudiantes rondeños tienen igual de asumido que sus hijos que el futuro académico, si escogen un grado, pasa por volar del nido. En el caso de Lola Lobato, además de ayudarle a mantenerse fuera, le apoyaron a escoger una carrera de artes poco conocida -Restauración, en Sevilla- y en la que el esfuerzo y el talento son necesarios a partes iguales. Con solo 20 años ya ha probado diferentes formas de vida: «Estuve dos años en una residencia y ahora en un piso». Para Lola las dos opciones, aunque muy diferentes, tienen sus ventajas, ya que en una «conoces gente» y en la otra «tienes tu espacio».

Según Lola, la cuestión de abandonar su ciudad no era solo algo «obligatorio», sino que, además, «tenía ganas». «Es cierto que al principio se pasa un poco mal, pero luego te acostumbras», confiesa. «Yo quiero mucho a Ronda, pero trabajar es lo más importante», explica, haciendo hincapié en que su profesión no es muy habitual, por lo que necesita que abunden las oportunidades. Con Lola coincide Nicolás González, estudiante de Derecho de la UMA. En su caso, el cambio «no fue complicado» porque se fue a una casa que tiene la familia en la capital. Según Nicolás, «Ronda es grande y está muy bien para vivir, pero me lo planteo para cuando tenga la vida algo más hecha».

Sin sorpresas

Nicolás sabía desde bien pronto que tendría que volar del nido para ser universitario: «No te pilla por sorpresa, todo el mundo sabe que hay que estudiar fuera; con 16 ó 17 años tienes que tener en mente lo que vas a hacer». Habla de esto reconociendo que, en Málaga, ser estudiante e independiente «está muy bien, hay mucha gente de fuera y muchos planes para hacer». Vive en Teatinos, un barrio lleno de pisos y residencias para estudiantes, donde «comparte» su día a día con gente como él.

En la misma universidad sevillana a la que acudió Javier para realizar su máster prepara ahora su doctorado Pedro Urda. Pedro abandonó Ronda en el año 2009 para estudiar Ingeniería Industrial en la UMA. Tras haber trabajado en dicha universidad, se marchó a Sevilla para preparar la tesis. «Cuando me fui, al principio fue complicado», asegura Pedro. Sin embargo, aunque «fue duro», es algo «que desde pequeño tienes asumido».

Pedro asegura que, «aunque Málaga te da más oportunidades dentro de la Ingeniería», Ronda es una ciudad tranquila a la que siempre le gusta volver. Asegura que, aunque en la capital de la comarca tiene a sus amigos, familia y aficiones, «volver a casa o no depende exclusivamente de las oportunidades», por lo que hay que dejar los sentimientos a un lado y pensar en el futuro.

Sea como sea, el talento abunda, y se pueden encontrar rondeños en todas las universidades de Andalucía. De hecho, como varios de ellos han comentado, es fácil reencontrarse en los diferentes centros académicos con amigos de infancia, o con paisanos que a los que reconocen entre asignatura y asignatura. A veces es complicado abandonar el hogar, pero en el caso de estos cuatro jóvenes es algo interiorizado, un paso necesario para obtener el diploma que les permita elegir el día de mañana si volver a casa o conocer más mundo.