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Recuperan la antigua fábrica de hojalata de Júzcar como bodega

Enrique Ruiz, el propietario, adquirió la finca hace 15 años, con los edificios en ruinas.
Enrique Ruiz, el propietario, adquirió la finca hace 15 años, con los edificios en ruinas. / V. M.
  • Su dueño rehabilita el primer alto horno e industria siderúrgica de España, que mandó a construir en 1725 Felipe V, y planta 15.000 vides

En el siglo XVIII de entre sus paredes salía hojalata y en el XXI, vinos. La Real Fábrica de Hoja de Lata de San Miguel, ubicada en el término municipal de Júzcar, en el Alto Valle del Genal, estaba prácticamente condenada a la desaparición, en estado ruinoso. Se construyó en 1725 y sobre 1788 se abandonó. Tuvo usos ganaderos y agrícola y ha llegado hasta nuestros días pasando por las manos de muchos propietarios. Hace 15 años se cruzó en la historia esta construcción Enrique Ruiz, un economista ahora con 54 años, de Barcelona que vive en Madrid, que compró la finca en 2001 y que desde entonces se ha sumergido en la recuperación de la misma, sacando del olvido a los viejos edificios considerados, cuando funcionaban a pleno rendimiento, el primer alto horno y la primera industria siderúrgica en España. Ruiz ha respetado al detalle la arquitectura original y ha devuelto a la vida a la Real Fábrica como una bodega ecológica, con tres hectáreas de viñedos y un hotel rural que ofrece cenas y desayunos. Organiza visitas y catas, entre otros.

Las obras de la Real Fábrica se iniciaron por orden de Felipe V y durante 15 años ésta tuvo el monopolio en la fabricación de hojalata a nivel nacional, un material que entonces tenía principalmente un uso militar para recubrir los galeones. Cuenta la leyenda que el Rey mandó a secuestrar a ingenieros alemanes, ya que éstos conocían la fórmula para la obtención de las láminas de hierro o acero, estañadas por las dos caras, y que estos profesionales salieron de dicho país escondidos en barricas de vino, al estar prohibida la contratación en la época para preservar los secretos de la industria.

Ruiz ha rehabilitado prácticamente en su totalidad el asentamiento que conllevó la fábrica en el que existían una plaza, en forma de U, la plaza de San Miguel, una iglesia, dos alas con viviendas, en las que residían los trabajadores, alrededor de 60 (una de ellas ya había desaparecido cuando él adquirió la propiedad), y los edificios industriales, al norte: la blanquería, el cuarto de los secretos y la nave de laminado, en la que actualmente se ubica la bodega que recientemente ha alumbrado dos vinos. También, aprovecha otros recursos que le da la finca, de unas 60 hectáreas, como las aceitunas de los olivos, el corcho de los alcornoques, la cera y la miel de sus colmenas de abejas y los cítricos y otras frutas, entre otros.

El origen del proyecto

«Antes me dedicaba a la consultoría internacional, viajaba mucho, y alguien me dijo que si no echas raíces en algún lugar, nunca te vas a desarrollar plenamente», explicó Ruiz. Entonces decidió comprarse una finca en Andalucía. Le gustaban las zonas de Grazalema, Zahara de la Sierra y Gaucín pero hace años conoció la existencia de las ruinas de la Real Fábrica por una fotografía en la portada de una revista comarcal. Se interesó pero la propiedad era de un matrimonio inglés, una pitonisa y un espía de la CIA, dijo Ruiz. Posteriormente, mientras estaba en el aeropuerto de Barajas, mediante una publicación leyó el anuncio de venta de la finca y entonces decidió visitarla. «El precio era muy alto pero la pitonisa me dijo que había leído mi aura y que debía ser el propietario y me quedé con la finca a un precio razonable», explicó y añadió sobre el proceso: «Visité hasta entonces muchas fincas», afirmó.

Ruiz, que rehusó dar cifras sobre el coste económico de la recuperación de la fábrica y la finca, explicó que ha usado materiales antiguos en la rehabilitación, como vigas de castaño y algarrobo, ladrillo tosco, teja árabe y piedra, entre otros y en la medida de las posibilidades actuales. Incluso, ha empleado azulejos que él mismo ha fabricado con técnicas del siglo XVIII.

Las instalaciones solo funcionan con energía renovables, solar, eólica e hidráulica: «Muchas personas se preguntan el porqué se instaló esta fábrica en un lugar tan recóndito. Había que fundir el hierro y el estaño y para eso se necesitaba energía, entonces ésta era la madera y aquí había bosques. Se usaba también energía hidráulica y estamos al borde del río Genal, como a unos 300 metros río arriba se construyó una presa para elevar el nivel del río y mediante un sistema de acequias, que también he recuperado, se traía el agua», relató Ruiz.

La complejidad del medio geográfico en el que se asentaba la Real Fábrica fue uno de los factores que propició su abandono a finales del siglo XVIII, junto con el escaso caudal del Genal, que no garantizaba la continuidad en la producción, el agotamiento del bosque mediterráneo, la competencia exterior y los elevados costes de transporte, entre otros.

A principios del siglo XXI, el camino que conduce hasta la Real Fábrica recuperada permite disfrutar de un entorno natural casi sin parangón. Es el lugar que se ha construido el propietario de este histórico enclave para compartirlo con los demás y echar raíces.

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