Un paseo por las formaciones geológicas más singulares de la Serranía de Ronda

En el paraje de los Llanos de Líbar, situado junto al Valle del Guadiaro, aguarda un impresionante 'poje'.
En el paraje de los Llanos de Líbar, situado junto al Valle del Guadiaro, aguarda un impresionante 'poje'. / SUR
  • Vertiginosas gargantas, sorprendentes depresiones y espectaculares rocas calizas que son fruto de la erosión forman parte indispensable del paisaje de esta comarca

Rocas con formas caprichosas, depresiones entre sierras calizas o vertiginosos cañones son algunos de los rincones de singularidad geológica que aguardan a quienes se adentran en la Serranía de Ronda.

Más allá de la meseta en la que se asienta la ciudad monumental de Ronda, en los valles del Genal y del Guadiaro y otros enclaves cercanos, se pueden conocer de forma práctica muchos antojos de la naturaleza, como 'karsts' o incluso algún 'polje'.

Un buen ejemplo de esta variedad geológica es el paraje conocido como los Llanos de Líbar, una altiplanicie situada por encima de los mil metros sobre el nivel del mar. Se denomina así por el Cortijo de Líbar, ubicado prácticamente a mitad de camino entre las localidades de Montejaque y Cortes de la Frontera. Es precisamente en este lugar donde los visitantes se suelen sentir más reconfortados por lo inesperado del paisaje.

Una pradera verde se extiende hasta lo que le permiten las montañas rocosas, que la rodean y, al mismo tiempo, la protegen. Quizás, por esa razón, los Llanos de Líbar no sea un lugar tan conocido como otros enclaves del Parque Natural de la Sierra de Grazalema.

Omnipresentes formaciones calizas, entre las que destacan el pico Martín Gil, el peñón de Líbar o los abruptos tajos que se recorren en el tramo existente entre Montejaque y el propio enclave de los Llanos de Líbar. Sin embargo, desde un punto de vista geológico, llama más la atención el 'polje' que se ha formado en lo que se reconoce propiamente como Llanos de Líbar.

En un paraje tan insólito y con tan elevados valores ecológicos no faltan especies animales de interés, como el buitre leonado o mamíferos de gran tamaño, como el corzo.

Antes de adentrarse en los Llanos de Líbar resulta muy recomendable hacer una incursión por el camino que une a Montejaque con la Presa del Hundidero, situada a unos cinco kilómetros. En toda esta zona, se van alternando los macizos rocosos con las verdes llanuras, salpicadas de una gran variedad de flores, donde pastan tranquilamente vacas y caballos.

De esta forma, se llega hasta el Hundidero, el paraje más emblemático del municipio. Allí se descubre el embalse que se construyó en la década de los años 20 del pasado siglo para intentar almacenar las aguas del río Gaduares.

Sin embargo, este pantano nunca llegó a ser utilizado, ya que se encuentra sobre terrenos arcillosos, lo que impide que el agua sea embalsada y propicia que se filtre formando el complejo hidrológico subterráneo más interesante de la provincia, El Hundidero-Cueva del Gato.

Lógicamente, también merece la pena visitar en esta ruta geológica la salida de este río subterráneo, la mencionada Cueva del Gato. Esta gruta, muy frecuentada por los amantes de la espeleología, es uno de los lugares más emblemáticos de la Serranía de Ronda y no sólo lo es por sus dimensiones sino también porque durante milenios ha servido de refugio natural, desde los primeros pobladores de la zona hasta los bandoleros de los siglos XVIII y XIX.

El Gaduares desembocan en el Guadiaro, situado a tan sólo unos metros. Esas mismas aguas pasarán algunos kilómetros más tarde por otro de los lugares más espectaculares de la Serranía, la garganta de las Buitreras. En este caso, se trata de un cañón de impresionantes dimensiones, catalogado como Monumento Natural de Andalucía.

Este insólito desfiladero, fruto de la erosión del propio río, alcanza los cien metros de altitud y apenas cuenta con un metro de anchura en algunos tramos. El conjunto kárstico tiene un gran valor desde el punto de vista geológico, ya que una de sus paredes verticales tiene su origen en la era jurásica, es decir, hace millones de años.

Para contemplar estos espectaculares cortantes, hay dos opciones recomendables, ir hasta el denominado 'Puente de los Alemanes', que en realidad se usaba como un canal hidráulico, o buscar una perspectiva desde la zona más alta del desfiladero, tomando, en ambos casos, las máximas precauciones posibles.

Ésta no es ni mucho menos la única garganta recorrida por un río en la Serranía. De hecho, no se puede obviar la más conocida, situada en el corazón de Ronda, al que se le conoce popularmente como el Tajo. Sus dimensiones abruman casi tanto como las sensaciones que despierta entre los viajeros primerizos. Con una altura que ronda también el centenar de metros y medio kilómetro de longitud, este cañón deja paso a las aguas del Guadalevín, uno de los afluentes del río Guadiaro.

Esta hendidura es un símbolo para Ronda, sobre todo, con el conjunto formado con el Puente Nuevo, obra del arquitecto Martín de Aldehuela (siglo XVIII).

No muy lejos de allí, en el término municipal del vecino Arriate aguarda otro desfiladero de interés, la garganta del arroyo de la Ventilla, sobre la que pasan cada día quienes entran o salen de la ciudad del Tajo por la carretera A-367 (Ronda-Campillos). Lo más recomendables para conocer esta garganta es realizar una ruta senderista que parte del pueblo de Arriate.

Ese camino pasa no sólo por el angosto cañón sino también junto a cavidades como la cueva del Druida. En esta zona se puede comprobar como la fuerza del arroyo de la Ventilla ha conseguido erosionar a lo largo de milenios grandes rocas calcáreas para conformar una espectacular garganta kárstica. Esa naturaleza caliza también ha dado lugar a cuevas, como la mencionada, en las que se han hallado interesantes restos fósiles.

Valle del Genal

En otra de las puertas de entrada de Ronda, la que enlaza con el Valle del Genal, también aguada otro interesante complejo calizo. En esta ocasión se trata del entorno del puerto de Encinas Borrachas.

Desde la carretera de Ronda a Algeciras se accede a este enclave montañoso, a través de una vía que desde el pasado verano se ha convertido en paisajística. La zona cuenta con verdaderos balcones naturales a pie de carretera, aunque las mejores vistas se pueden obtener desde algunas de sus cimas.

El puerto, al igual que el antiguo cortijo, se encuentra en el término municipal de Alpandeire, aunque hay que dirigirse hacia Atajate para deleitarse con las insólitas imágenes que se pueden ver desde la carretera y, sobre todo, desde los miradores que se han habilitado.

No muy lejos de allí, entre los términos municipales de Júzcar y Cartajima, aguarda el paraje calizo conocido como Los Riscos, al que también se le podría conocer como 'el Torcal de Ronda'. De hecho, se trata también de un 'karst', donde la erosión ha conseguido conformar un paisaje muy peculiar, con piedras que se asemejan a animales u objetos.

Para conocer los Riscos se recomienda realizar la ruta senderista que se adentra en este auténtico laberinto de piedra desde el pueblo de Júzcar. A través de un itinerario relativamente sencillo, se puede conocer este valioso enclave geológico de la Serranía de Ronda.

No todo en esta comarca pasa por lo calizo. De hecho, en uno de se extremos se puede ver uno de los fenómenos más singulares de la Península Ibérica, la rojiza Sierra Bermeja, que se comparte con la localidad costera de Estepona. La atención se centra en el paraje natural de Los Reales.

Con este nombre se conoce al espacio protegido que abarca 1.236 hectáreas en torno al pico del mismo nombre. Este enclave ecológico tiene una de las mayores concentraciones de peridotitas, minerales de origen volcánico. Este tipo de roca, rica en platino, otorga a estas sierras su característico color granate. Gracias a la peridotita, se ha creado el hábitat perfecto para más de medio centenar especies vegetales difíciles de ver en otros rincones naturales.