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Prótesis, coches y pistolas: los límites de la impresión 3D

Las impresoras 3D han abierto un abanico de posibilidades para la fabricación personalizada de toda clase de objetos. Desde los imprescindibles hasta los polémicos

09.05.13 - 19:25 -
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Prótesis, coches y pistolas: los límites de la impresión 3D
'Liberator' es la primera pistola impresa en 3D que puede disparar munición real. EFE

La impresión tridimensional es una revolución anunciada que avanza despacio. O, al menos, por caminos inesperados. Nació como una solución barata para hacer prototipos y maquetas de plástico inyectado, pero ahora da sus primeros pasos en nuevos mundos, y promete cambiarlos de arriba abajo.

Hoy ya es posible imprimir, además de maquetas y figuritas, órganos vivos hechos a partir de células, piezas de coche, prótesis personalizadas o pistolas capaces de disparar munición real. Algunas gracias a tecnologías especializadas, y otras con equipos que cuestan menos de 1.000 dólares.

La revolución de las impresoras 3D está en las cosas que se pueden imprimir, y también en su acceso. En que, por el precio de un ordenador de gama media o alta, un usuario puede tener una pequeña fábrica en su casa. Una fábrica multiusos que come plástico y escupe objetos útiles. Menaje, recambios o cualquier artefacto que la imaginación conciba. Los límites son difusos, y se rompen con frecuencia. Actualmente se puede adquirir una a través de la web de crowdfunding Goteo por 600 euros.

«Es solo la punta del iceberg de una tecnología que está dando sus primeros pasos pero que posee un potencial increíble», afirmó recientemente Iñigo Felgueroso, director de la Fundación Prodintec. «Si a alguien se le rompen las zapatas de los frenos de la bici, se las podría bajar de internet e imprimirlas en casa o en una imprenta».

La pistola polémica

La reciente publicación en internet de los archivos que permiten imprimir una pistola ha puesto el foco mediático sobre los límites de esta tecnología. ¿Hasta qué punto se puede controlar lo que un usuario fabrica en su propia casa? Lo cierto es que un arma, por sí misma, no es suficiente para disparar. También se necesitan balas, y pólvora. En cualquier caso, ‘Liberator’ —así la ha llamado su autor— ya ha sido descargada más de 100.000 veces. ¿Cuántos pretenden crearla? No se sabe.

‘Liberator’ no es el primer coqueteo de la impresión tridimensional y las armas de fuego. Durante el verano de 2012 un estadounidense publicó un vídeo en el que mostraba cómo disparaba un rifle de asalto AR-15 con algunas piezas fabricadas con esta tecnología. Su primer ‘prototipo’ soportaba seis disparos sin romperse, y recientemente consiguió mejorarlo para multiplicar por 100 su resistencia.

Prótesis

En otro extremo de la misma tecnología está la fabricación de prótesis. La impresión 3D permite hacerlas a medida, adaptarlas, cambiarlas y mejorarlas por una fracción del precio de las versiones comerciales. Liam, un niño surafricano de 5 años sin los dedos de una mano, ya cuenta desde hace varios meses con un prototipo construido así. Apenas unos días después de recibirla ya era capaz de coger objetos difíciles, como monedas.

Los planos de esta mano robótica están liberados al dominio público, y disponibles en Thingiverse, una página web que aglutina miles de diseños tridimensionales listos para modificar e imprimir. En muchos casos son maquetas, figuras y juegos, pero también se pueden encontrar turbinas para pequeños aerogeneradores, o reemplazos para toda clase de objetos cotidianos —botellas, bridas, o moldes de cocina—.

Bioimpresión

Aunque el plástico es el rey de la impresión 3D, también pueden utilizarse otros materiales. Un equipo de investigadores afincado en Reino Unido ha desarrollado una tecnología que permite imprimir estructuras complejas a base de gotitas de agua recubiertas de una película de aceite. Los objetos resultantes pueden imitar con precisión tejidos vivos.

Y al menos dos universidades estadounidenses trabajan para imprimir órganos completos mediante esta técnica. Científicos de Princeton presentaron recientemente una oreja biónica que integraba una antena de radio y que, afirmaron, era un primer concepto de lo que se puede llegar a hacer. Para conseguir fabricar una estructura tan compleja el mejor recurso es la impresión en tres dimensiones.

La universidad escocesa Heriot-Watt, por su parte, ya ha modificado una impresora 3D tradicional, y la ha adaptado para ‘imprimir’ con células madre. Un primer paso para la fabricación personalizada de órganos de transplante, sin riesgos de rechazo.

Incluso hay quien quiere que esta tecnología cambie la industria de la automoción. Una compañía estadounidense trabaja para diseñar un coche eléctrico y urbano que pueda imprimirse casi por completo. Además de las casi ilimitadas opciones de personalización —inviables cuando se fabrica en serie—, Urbee puede ofrecer una alternativa barata, y muy fácil de reparar. Si se estropea algo, se imprime otra vez y listo.

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