Vargas Llosa, un Nobel fiel y disciplinado

El Nobel, en pleno ejercicio/. Josele-Lanza -
El Nobel, en pleno ejercicio / . Josele-Lanza -

El escritor peruano ha regresado a Marbella y recorre todas las mañanas el paseo marítimo para cumplir con su plan de puesta a punto

HUGO SIMÓN

Mario Vargas Llosa es un hombre fiel. Al menos, en lo que se refiere a su cita estival con Marbella y con la clínica Buchinger. Cada año, durante varias décadas, pasaba buena parte del verano en la ciudad junto a su entonces mujer, Patricia. Tras su separación, el escritor peruano eligió nuevos destinos, probablemente para evitar encuentros incómodos –su exesposa no ha abandonado ese hábito– o porque el Nobel de Literatura y su actual pareja, Isabel Preysler, preferían buscar enclaves lo más alejados posibles de cualquier paparazzi. Eran sus primeros años de noviazgo.

Pero esta temporada estival, Vargas Llosa no ha podido o no ha querido resistirse al influjo de Marbella y ha regresado a la localidad de la que es Hijo Adoptivo para recuperar con su ritual de descansar y cumplir con el tratamiento de puesta a punto del afamado centro clínico. Lo ha hecho más tarde, quizás para seguir eludiendo la confluencia con Patricia –cuya marcha ha coincidido con la llegada de su exmarido– y después de disfrutar con la viuda de Miguel Boyer de un viaje a Nueva York, una breve estancia en Ibiza y unas idílicas vacaciones en la Costa Azul en el yate de un multimillonario suizo.

El ingreso en la Buchinger no habría sido de pareja, sino de trío. A Vargas Llosa y Preysler les ha acompañado en su retiro Tamara, la hija de la celebridad de origen filipino con el empresario Carlos Falcó, marqués de Griñón, según aseguran varias revistas del corazón. Tamara, de 35 años, se habría apuntado al programa que sigue el novio de su madre para perder algunos kilos después de coger peso el pasado invierno por culpa de un problema de tiroides.

Sin embargo, no es cómplice del escritor en los largos paseos que el arequipeño practica todos los días a primera hora de la mañana para cumplir con el tratamiento clínico. No ha trascendido por el momento ninguna imagen de los tres, ni siquiera alguna instantánea de la pareja. Pero a Vargas Llosa se le puede ver –y fotografiar– al despuntar el alba recorriendo el paseo marítimo de Marbella. Aunque puede que muchos de los que se crucen con él no le identifiquen. Pantalones de chándal, camiseta, zapatillas deportivas, gafas de sol y una gorra calada, el Nobel, difícilmente reconocible, camina a paso ligero por el sendero frente al mar, por el que transitan también a primera hora de la mañana un buen número de vecinos y turistas con objetivos similares.

Disciplinado, el literato cumple a diario con el ritual establecido en el programa de la Buchinger de andar alrededor de una hora y media, aunque no sin descanso. Para las paradas, Vargas Llosa aprovecha los bancos dispuestos a lo largo del paseo marítimo, donde se sienta a recuperar el aliento y se relaja con la mirada puesta en el mar. Contemplativo. No le pesa el ejercicio. En una envidiable forma física, a sus 81 años, el escritor peruano siempre ha practicado deporte. Especialmente la natación y los largos paseos. Ya lo hacía en Lima y después en Madrid. También en sus periodos de descanso estivales en Marbella, ahora recuperados.

El novelista, premio Príncipe de Asturias de las Letras y premio Cervantes, siempre ha asegurado que su estancia en la ciudad de la Milla de Oro constituía su mejor terapia. «Son las tres mejores semanas del año», afirmaba al ser nombrado Hijo Adoptivo de Marbella. Contaba entonces que cada verano llegaba al municipio «cansado y abrumado por las obligaciones» y aquí tenía la oportunidad de relajarse, de leer y «hacer las cosas que me gustan», algo que siempre ha considerado «un privilegio». «La Marbella que yo conozco es tranquila, sosegada y austera, de una gran belleza natural», relataba. Como la que observa cada mañana andando o sentado en el paseo marítimo. Quizás por eso este año ha decidido regresar y mostrar así su fidelidad hacia la ciudad junto con su afamada compañera sentimental. Y con Tamara. A la hora de relajarse y ponerse a punto tres no son multitud.

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