Pepe Rodríguez: «Soy un rockero disfrazado de cocinero»

Pepe Rodríguez
Pepe Rodríguez / Ismael Herrero/Efe

Asume con normalidad la popularidad que le ha dado ‘MasterChef’. «Fue un golpe de suerte», dice el mediático restaurador de El Bohío. Soñó con ser una estrella de rock. En su lugar, tiene una estrella Michelin

Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

-¿Cómo lleva ser el poli bueno de ‘MasterChef’?

– No sé si seré tan bueno como dice, pero malo tampoco soy. No me gusta ponerme demasiado serio en el programa; en la vida real, no lo hago. Me muestro tal y como soy.

– ¿Por qué siempre viste de negro?

– Exigencias del guion. Mi jefa no me deja vestirme de otra manera en el plató, pero no me disgusta.

– ¿Cuál ha sido el piropo más atrevido que le han dicho desde que es famoso?

– Seguro que me han dicho cosas atrevidas, pero mi mujer lee la prensa y no las puedo contar.

– ¿Cómo lleva la popularidad?

– Te acabas acostumbrando. Al principio, llevas con mucho orgullo que la gente te reconozca, pero luego lo normalizas todo y te das cuenta de que es parte del trabajo. Te abre muchas puertas y conoces otros mundos. Vale la pena recorrerlos.

– ¿A quién le haría el mejor pisto manchego que no fuera de su familia?

– A cualquiera que lo valorase. A alguien que viniese con ganas de comer y necesidad.

– ¿Se le han indigestado muchos concursantes?

– Se me han indigestado algunos platos, pero concursantes, ninguno. Son todos maravillosos. Llegan para dejarse la piel y vivir una gran experiencia.

La reforma que le libró de trabajar dos meses

Aquel verano de 1986 ha quedado grabado para siempre en la memoria de Pepe Rodríguez. Después, los ha habido «magníficos, pero no son comparables». Contaba con 18 años y en agosto y septiembre hubo que cerrar El Bohío. Era la primera gran reforma del restaurante familiar que asumía junto a su hermano. Eso supuso para este cocinero de Illescas, acostumbrado a trabajar siempre en esas fechas, un verano «como el de los maestros», casi sabático. Recuerda la sensación de libertad, el viaje que pudo hacer con sus amigos a Menorca y haber disfrutado de las fiestas de su pueblo en agosto. «Fue inolvidable», enfatiza.

Desde luego, es el único que de verdad prueba los platos con ganas...

– Jordi y Samantha son dos pijos que no comen nada. El único que come en ese programa soy yo.

– ¿Cuánto cocinilla frustrado ha aflorado con el boom de la alta cocina?

– Creo que antes del fenómeno ‘MasterChef’ ya había muchos cocinillas. Hay que verlo como algo positivo. Cocinar en casa, eligiendo buenos productos, es muy importante para enseñar a nuestros hijos cómo alimentarse.

– ¿Cuál es su mejor receta para combatir los calores?

– La cocina siempre ha estado condicionada por las temperaturas. Tendría que ser algo fresquito, y ¿por qué no un pisto manchego? También se puede tomar en frío.

Llega tarde a casa y sin ganas de cocinar, ¿qué improvisa?

– Una conserva buena o una ensalada rápida. En casa, cocino yo todas las noches que estoy y me complico lo mínimo la vida.

– ¿Algún sabor que deteste?

– Ninguno. Como de todo.

– ¿A usted también le dicen sus hijos, papá esto no me gusta?

– Sí, claro. Los niños son muy puñeteros y te dicen rápidamente la verdad. Por suerte, mis hijos comen de todo, pero en cuanto les hago algo más ‘light’, les meto más verduras o me complico menos ese día porque voy con poco tiempo, protestan y me dicen: «Papá esto es un rollo; estás perdiendo el pulso».

Por obligación

Para haber sido un cocinero tardío, le ha cundido...

– No ha sido tan rápido. Llevo casi 30 años en la cocina. Empecé sin que me gustara, pero he trabajado mucho. He echado muchas horas a la cocina y he tenido suerte, porque otros echando las mismas no son tan reconocidos.

– ¿Qué le empujó a los fogones?

– La obligación. Teníamos un negocio familiar y trabajaba de camarero con mi hermano. Los cocineros iban y venían hasta que uno nos dejó colgados. Le dije a mi hermano: ‘o te metes tú o me meto yo, pero esto no puede seguir así’. Íbamos cambiando hasta que un día me quedé yo. Descubrí algo apasionante que se te mete en la vena y que te hace levantar con pasión.

Estuvieron dos años sin cobrar en los tiempos duros de la crisis. ¡Vaya trago!

– Llevamos 35 años con el negocio y hemos sufrido 27 crisis. Sabemos lo que es pasarlas canutas en casa, pero siempre nos hemos recuperado. Esta última nos pilló a contrapié y mi hermano y yo tuvimos que renunciar a cobrar, pero aguantamos estoicamente, pagando a nuestro personal y la Seguridad Social como podíamos.

–¿Le tocó la lotería con ‘MasterChef’?

– Cuando me llamó Ana Rivas para hacer una prueba, yo no sabía ni qué era ‘MasterChef’. A toro pasado, sí, fue un golpe de suerte, pero entonces no sabía dónde me metía. Me pilló en un momento flojo y ahora me felicito por la suerte.

Como fan que es de los Rolling Stone, ¿cuándo saca el rockero que lleva dentro?

– Eso no lo he perdido nunca. Soy un rockero disfrazado de cocinero. Soñaba con ser una estrella de rock, pero no tenía voz.

– ¿Cuál es la sal de la vida?

– La salud. Sin ella, no hay nada.

– ¿Para cuándo ese viaje soñado?

– Este año me escaparé con la familia a Ibiza, pero queremos hacer otro viaje y no sabemos dónde. Tenemos poco tiempo para viajar, pero el mes de agosto es sagrado.

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