Kiko I de Baviera

Kiko Rivera inauguró los eventos del ‘Oktoberfest Olé’ en el Castillo Sohail, en una sesión de dj en la que también cantó/Jorge Rey
Kiko Rivera inauguró los eventos del ‘Oktoberfest Olé’ en el Castillo Sohail, en una sesión de dj en la que también cantó / Jorge Rey

El hijo de Isabel Pantoja inaugura con una sesión de dj los eventos de la ‘Oktoberfest Olé’ en el Castillo de Sohail

Apenas había caído el sol sobre la muralla y el interior de la fortaleza había sido tomado por completo. No quedaba un sitio en las mesas y bancos corridos, al estilo alemán, en la explanada del Castillo Sohail, donde se vivía un continuo ir y venir. No eran los preparativos de una batalla, sino las colas para comprar los tickets y aprovisionarse de comida y bebida por parte de los asistentes al ‘Oktoberfest Olé’, la fiesta alemana de la cerveza de Fuengirola, cuya novena edición se inauguró con la actuación estelar del dj más patrio: Kiko Rivera.

A primera hora de la noche reinaba en el recinto fortificado un ambiente de lo más familiar. Muchos niños con sus padres –la mayoría de ellos extranjeros– disfrutando de una cena al más puro estilo bávaro. Para sofocar el calor, 24 grifos de cerveza con cinco variedades: rubia, tostada, negra, de trigo y sin alcohol. Y para alimentarse, una amplia diversidad de productos con reminiscencias germanas: tablas de salchichas, costillas a la parrilla, codillos asados al estilo Baviera y ensaladas y quesos alemanes. También, una amplia gama de postres, con el strudel de manzana y la tarta selva negra a la cabeza. Una suculenta oferta de la que hubiera dado buena cuenta hasta hace unas semanas el protagonista de la velada. Ahora ya no.

Kiko Rivera, durante su intervención. / Jorge Rey

En su lucha contra el sobrepeso, Kiko Rivera se ha sometido a una reducción de estómago, tras la cual ha perdido casi diez kilos. «Se me nota bastante y la verdad es que estoy muy feliz. Debería haberlo hecho antes», apuntaba satisfecho al terminar su actuación, ya de madrugada.

Una hora y media antes se había subido al escenario del ‘Oktoberfest Olé’ para inaugurar las noches temáticas de este evento, que se desarrollará en el Castillo Sohail hasta el 2 de septiembre e incluirá fiestas de rock, de salchichas, del maestro cervecero y hasta una de cowboys. «Es un placer para mí estar en Fuengirola, que, como sabéis, forma parte de mi vida», saludaba el dj al inicio de su sesión, pasadas las once y media de la noche. Para entonces, el ambiente en la fortaleza fuengiroleña comenzaba a cambiar. Mucha más gente joven, la mayor parte esperando la actuación del vástago de Isabel Pantoja, cuya presencia sorprendió a muchos foráneos que disfrutaban de las enormes jarras de cerveza como sobremesa de la cena.

Rivera se mostró muy activo y de lo más animoso. «Que España y el mundo vea cómo es la gente de Fuengirola», alentaba a los asistentes desde su mesa de mezclas mientras pinchaba –nada de enchufar un ‘pendrive’ para reproducir una selección de música–, especialmente latino-dance, aunque durante una fase de la sesión se decantó más por el techno. Incluso, se atrevió a interpretar los dos temas con los que ha hecho incursión en el mundo de la canción: ‘Así soy yo’ y ‘Un cuento de hadas’, pieza con la que, acompañado por seis jóvenes a las que hizo subir al escenario, se despidió del público. «Disfruten de la cerveza y feliz verano», deseó a los espectadores que aún se resistían a abandonar el recinto amurallado.

Media docena de fans esperaban poco después para saludar al dj y hacerse una foto con él en una tienda de campaña ubicada a pocos metros del escenario. El mánager y los amigos de Rivera eran los encargados de actuar como filtros para «no agobiar al artista». «Ha sido una noche muy bonita, llevo toda mi vida en Fuengirola, desde pequeñito, de hecho tenemos casa aquí y suelo venir siempre que puedo. La verdad es que el público ha estado maravilloso, yo he intentado estar lo mejor que he podido y solo puedo decir que Fuengirola es un pueblo maravilloso y su gente mucho más», resumía el dj tras la actuación. «Vamos a tomar algo», animaba un amigo. Y así lo hicieron. Decididos a reconquistar la noche fuengiroleña después de que Kiko se hubiera convertido por un rato en el rey de aquella pequeña Baviera.

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