«Pierre me abrazó al ver que estaba vivo»

El italiano Carlo Borlenghi es vecino de George Clooney en el lago de Como, donde nació hace 60 años. :: marina garcía
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El italiano Carlo Borlenghi es vecino de George Clooney en el lago de Como, donde nació hace 60 años. :: marina garcía

ARANTZA FURUNDARENA

Menudo, moreno, fibroso... Carlo Borlenghi se ha movido a diario por el Real Club Náutico de Palma con la naturalidad de cualquier otro fotógrafo de prensa durante la 35ª Copa del Rey Mapfre de Vela que finalizó ayer. Solo que él, contratado por la marca BMW para seguir a su barco, está considerado por muchos el mejor fotógrafo náutico del mundo. Tiene 60 años, está casado, sin hijos, y vive en el idílico lago de Como, el lugar donde nació. Su casa está al borde del agua, justo en la orilla de enfrente de la mansión de George Clooney, y a veces ha visto al actor en su lancha, pero nunca le ha disparado una foto, porque como él mismo aclara: «Yo no soy un paparazzo».

El ojo privilegiado de Borlenghi para captar el efecto de la luz y el viento en las velas y en el mar le ha reportado numerosos premios y prestigio mundial. Pero la fama a nivel popular se la dio hace unas semanas un incidente en el lago de Garda. El 'Malizia', un velocísimo catamarán volador GC32, pilotado por Pierre Casiraghi (tercer hijo de Carolina de Mónaco), aterrizó literalmente sobre su lancha neumática tras una maniobra extrema. Borlenghi todavía se está pellizcando...

Este curtido fotógrafo que ha cubierto la Copa América y la Sydney-Hobart en un enloquecido mar de Tasmania con vientos de 60 nudos (más de 100 kilómetros por hora) y olas de siete metros, jamás pensó que el mayor pánico de su vida lo sentiría en un tranquilo lago italiano. «Yo estaba en una zódiac fotografiando la regata cuando de pronto el 'Malizia' colisionó con otro barco en la boya y cambió de dirección. Nuestra lancha quedó entonces dentro del campo de regatas y, antes de que pudiéramos reaccionar, se nos vinieron encima. Solo recuerdo un ruido bestial que hoy todavía me taladra el cerebro. Me tiré al suelo boca abajo y me clavé la cámara en el pecho. Ni por un momento pensé en lanzarme al agua porque no sé nadar», confiesa Borlenghi riendo.

Tanto él como el patrón de la embarcación resultaron ilesos. Tras varias pruebas en el hospital, al reportero le diagnosticaron una fuerte contusión en el tórax y le recetaron quince días de reposo. Eso fue todo. Al día siguiente, Pierre Casiraghi se fue hacia él y se fundió en un abrazo. «Estaba feliz de verme vivo, porque él se había temido lo peor. Ha sido un milagro», afirma el profesional.

Pierre no es un desconocido para Borlenghi, que también trató a su padre. Fue él quien fotografió desde un helicóptero la muerte en directo de Stéfano Casiraghi, cuando en octubre de 1990 su lancha ultrarrápida volcó durante el mundial 'off-shore' de Montecarlo. A unos 300 metros sobre el suelo, y con un teleobjetivo 500 mm, Borlenghi disparó su cámara una y otra vez sobre aquel cuerpo flotando en el mar, sin saber que estaba muerto. Aquellas fotos dieron la vuelta al mundo. La familia Grimaldi nunca le impidió publicarlas. «Los fotógrafos tenemos sangre fría en plena acción. Es después cuando te sobrecoges al ver lo ocurrido. Yo a Stéfano (también natural de Como) lo conocía y lo apreciaba». Lejos estaba de imaginar este fotógrafo que más de 25 años después viviría, esta vez en primera persona, otro accidente náutico de los Casiraghi.

Pero lo verdaderamente curioso es que el mejor fotógrafo náutico del mundo no tiene ni idea de navegar ni es capaz de hacer unos largos... La culpa de que no sepa nadar la tiene un incidente ocurrido en su infancia. «Dos chavales de mi edad se ahogaron ese verano en el lago y todas las familias decidieron prohibir bañarse a sus hijos. Puedo flotar, pero en cuanto tengo que dar unas brazadas me entra el pánico». En sus cientos de competiciones como gráfico nunca se ha mareado, ni se ha caído al agua... «por la cuenta que me trae». Y aunque posee una barca para pescar, las vacaciones prefiere pasarlas en la montaña. «Le tengo un respeto tremendo al mar. A mí lo que hacen estos regatistas me parece una fantasía, algo imposible». Tal vez por eso los retrate.

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