Gente de Malaga

Puntadas de tradición

Urquízar, en el comedor de la casa, presidido por el cuadro de la Virgen del Rosario, del siglo XVIII
Urquízar, en el comedor de la casa, presidido por el cuadro de la Virgen del Rosario, del siglo XVIII
  • El hogar del diseñador malagueño Rafael Urquízar en pleno centro de la capital es el reflejo de su forma de entender la costura: patrones de vanguardia cosidos a una revisión de la idiosincrasia de Andalucía, fusión que está presente en todas las facetas de su vida

El propio Rafael Urquízar se ríe cuando se le pide una explicación de la particular mixtura estética que envuelve su costura, su casa, su vida. «No lo sé, lo que no me gusta es el tópico, lo evidente», aduce, mientras se adentra en su piso del centro de Málaga, situado a pocos metros del Teatro Cervantes. Un hogar sólido en personalidad que también es reflejo de su forma de entender la profesión: técnicas tradicionales de la costura y la estética andaluzas materializadas en diseños de vanguardia. Es el sello propio de un diseñador que comenzó su carrera muy joven y que tuvo claro desde pequeño que se dedicaría al mundo de la moda.

Ni por un momento se le pasó por la cabeza seguir los pasos de su padre, médico de profesión, que antes había sido perito y mucho antes incluso torero. «Creo que esa manera de ser heterodoxa e inquieta puede venirme un poco de mi padre, que después de todo este recorrido laboral terminó Psicología con sesenta años», indica. La suya, sin embargo, ha sido y es una carrera más recta y contundente. Un recorrido vertical, de abajo hacia arriba, en el que se ha ido despojando de lo superfluo para ir a la esencia de lo que quiere ser y transmitir. El amor por sus raíces es una constante, al igual que el culto a los grandes maestros de la historia de la moda, como Cristóbal Balenciaga, su referente primero.

Con su casa le ha ocurrido lo mismo. Antes vivía en un piso de 200 metros cuadrados decorado con antigüedades y rozando lo barroco. Ahora prefiere la serenidad y la limpieza visual. Pocas piezas pero muy especiales. «Y más que voy a quitar, estoy a punto de comenzar una reforma que dará como resultado un ambiente más diáfano y minimalista aún», indica. Eso sí, siempre con detalles de arte sacro, una de sus grandes pasiones cuyo origen tampoco se explica: «tampoco en mi casa eran especialmente cofrades ni religiosos, pero ese interés se despertó en mí siendo muy niño». Recuerda que a los madelman terminaba por crucificarlos o vestirlos de novia. Nada de acción. Su devoción religiosa fue propia, casi exigida a sus progenitores, que cada año cogían sillas en calle Larios porque el niño no quería perderse detalle de la Semana Santa malagueña.

De vírgenes y cristos hay buena representación en su residencia, donde destacan las tallas de la Virgen del Rocío y la de la Virgen de la Esclavitud Dolorosa, hermandad esta última de la que Úrquizar es hermano mayor desde hace catorce años. Dice que de algún modo estaba destinado a serlo. De muy niño acudía con su madre a la Iglesia del Santo Cristo de la Salud, casi en la plaza de la Constitución. Fue de los pocos templos que no sufrió las consecuencias de la Guerra Civil y en él se encontraba esta talla de Pedro de Mena por la que el modisto sintió predilección desde que la vio.

Casualidad o cosa del destino, el cuadro del siglo XVIII de la Virgen del Rosario que preside su comedor, regalo de un anticuario por la inauguración de su primer atelier, posee una misteriosa inscripción que se reveló con su restauración. A los pies de la Virgen hay un hombre encadenado con un pergamino que dice: «por ti, Virgen de la Esclavitud, me encandeno...». Desde entonces lo acompaña con cada cambio de residencia. Esta enigmática pintura sirve de eje a la decoración de la casa, refugio del diseñador en sus pocos momentos de descanso fuera del atelier o las pasarelas. La vivienda puede presumir de coherencia, ya que todas las estancias se mueven en un trío de colores que abarca el rojo, el blanco y el dorado.

Cuando Urquízar la adquirió realizó una reforma para obtener espacios más amplios y diáfanos. Ahora, salón comedor y cocina están unidos en una misma estancia, a la que se suman el dormitorio el suite, un aseo y el gimnasio. Conserva algunas de las antigüedades familiares, que conviven con lámparas de diseño y un sinfín de publicaciones especializadas en moda, así como otros artículos relacionados con la Semana Santa o fotografías antiguas, por ejemplo. «Éste es, fundamentalmente, el lugar al que vengo a desconectar y relajarme, como si fuera un hotel, apenas paro en casa», señala, mientras ultima los detalles de la presentación de su colección 2017 en la Pasarela Larios. Una colección que vio la luz en la primavera, en el marco de Atelier Couture en Madrid, donde consiguió el apoyo de la crítica especializada. Ahora, dice, ya es pasado. Sólo piensa en la siguiente, en la colección que presentará en 2018 y que, según adelanta, supondrá un cambio de registro en su carrera. «Necesito romper un poco, si hago siempre lo mismo me aburro, mi carrera ha sido siempre mirar hacia adelante aunque sin perder mi esencia y mis raíces», concluye.