Un inventor con alma de artista

En busca de la pieza perfecta, Juan Santos refleja en sus creaciones la sensibilidad artística que heredó de su familia y una pugna de dos décadas con la materia

Juan Santos, en el ‘chill out’ del 19.º Festival de Málaga. /
Juan Santos, en el ‘chill out’ del 19.º Festival de Málaga.
LORENA CODES

Dice Juan Santos que en su casa no quiere ver ninguno de sus diseños porque al contemplar algo acabado no se le ocurre nada que inventar. El suyo es un método a la antigua, centenario y universal. Como la melodía que nace porque una nota requiere de la siguiente y de la anterior, los diseños de Santos surgen de la necesidad del paso posterior, de una natural evolución de un método que estira y se desarrolla con infinitas posibilidades. Hijo de la pintora Mona Guerra y de un catedrático de Dibujo, creció rodeado de arte en todas las expresiones posibles. Su madre afirma que nunca estimuló especialmente a sus hijos, aunque sí les criaron en un ambiente sensible a la música, la literatura o la pintura, por ejemplo. «A Juan le encantaban los recortables de pequeño, se ponía a generar piezas y terminaba creando ciudades, siempre ha tenido un manejo especial del espacio y del volumen», asegura Guerra.

Terminado el Bachiller de Ciencias en Madrid, Santos se matriculó en Físicas en Granada, aunque colgó pronto la bata, aquello no era lo suyo. De aquella etapa en la ciudad de la Alhambra se queda con su experiencia en la tuna, donde aprendió a cantar e incluso valoró la posibilidad de dedicarse profesionalmente a ello, si bien descartó la idea porque, dice, «no parecía un oficio serio».

Vuelta a Estepona

Después de una estancia fugaz en Toronto volvió a Estepona, donde su madre regentaba una tienda de decoración. Desde bien joven, Santos comprendió que el arte y la cuenta bancaria no son del todo buenos amigos, así que se metió en el taller de carpintería de la tienda de su madre y allí aprendió el oficio desde cero. Reconoce que tuvo suerte, rondaba el año 95, en pleno boom inmobiliario, y la economía en la Costa del Sol era más que dinámica. Tanto es así que se decidió a abrir una tienda en Granada y otra en Zaragoza. En el 97 ya contaba con 12 personas en su propio taller. Comenzó restaurando piezas sencillas, pero el propio negocio le fue indicando el camino hacia la fabricación de muebles a medida. «En aquella época llegábamos a entrar en cinco casas al día», apunta. Así que, de manos de los oficiales, fue tocando todos los palos hasta adquirir la técnica necesaria. Diez años después, dominado el método, aSantos le dio por salirse del renglón. «Cuando pasas doce horas al día en un taller viendo tarugos de madera, las ganas de innovar llegan de forma natural», sostiene.

Su primera aportación fue adaptar una mesa modelo San Antonio, estirarla hasta obtener un resultado distinto, más sofisticado. Pero no se quedó ahí, había posibilidades de darle otra vuelta. Así que ideó una mesa parecida, pero con ruedas. «Parecía una catapulta», bromea. Seguía probando, inventando.

En 2003 se le presenta la oportunidad de decorar parte de la oficina de Turismo Andaluz en Málaga.La puerta de entrada, por ejemplo, proviene de unas vigas de ocho metros de unas naves derribadas en el Perchel. Fue un encargo de Salvador Moreno Peralta, que, afirma Santos, «pertenece a una generación de arquitectos con una conciencia y formación más amplias, con un espíritu renacentista que te impulsa a hacer cosas, al igual que Manuel de Castro Morcillo y Paco Peñalosa».

Precisamente fue a raíz de una petición de Castro Morcillo cuando le surgió la idea del sistema de ensamblaje tipo Tente para muebles. Una antigua mesa de proyectos que tuvo que restaurar le enseñó el camino para crear un método de unión de piezas sin necesidad de pegar o atornillar, desmontables y con infinitas posibilidades de desarrollo. De ahí nació en 2006 Weekend, la colección de muebles de exterior con la que acudió a una pasarela de moda en Cádiz y posteriormente para el Festival de Cine, ,Alcances,, también en la capital gaditana. Un fabricante alicantino se interesó por estos diseños y los compró, así que tocaba generar nuevos diseños.

Empezó a probar con materiales más económicos para ahorrar costes. «Fue una época muy productiva, todos los años sacaba varios modelos y los presentaba a concursos», indica. Tanto es así que sus maquetas dieron para una exposición en Bellas Artes. Se matriculó en el grado de Decoración de Interiores en la Escuela de Arte de San Telmo y allí le surgió la oportunidad de montar el primer espacio chill out para el Festival de Cine de Málaga, en 2013. Fue el primero de varios, porque instaló otros similares en Muelle Uno y en ediciones posteriores del festival hasta la actual. Es un método ya dominado, así que su curiosidad lo lleva a infiltrarse en otros territorios. Como el papel. «Durante un año estuve haciendo monigotes de papel para una asignatura de San Telmo y de ahí me surgió la idea de hacer lámparas de papel con el mismo sistema de ensamblaje de los muebles, sin pegar», insiste Santos, quien asegura que «primero se piensa cómo se hace y luego nace el diseño».

El creador insiste en que el dibujo previo sin conocer las cualidades y opciones de los materiales no sirve y es uno de los pecados del diseño hoy. De una lámpara Juan alumbró una veintena, que compusieron la exposición de hace unos meses en San Telmo. Tanto éstas como las piezas de mobiliario demuestran un dominio excepcional del volumen, son armoniosos, esculturales. En sus obras hay reminiscencias de varias escuelas artísticas y una intención que va más allá de lo funcional. Hay madera de artista.

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