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Gente de Malaga
Vivir con estilo en 40 metros

Vivir con estilo en 40 metros

  • Muebles retro, artículos vintage de mercadillo, piezas de diseño y obras de arte joven son los ingredientes que ha mezclado Javier León para lograr un cóctel ‘deco’ a la última. Las increíbles vistas de la terraza, que da al mítico Pez Espada de Torremolinos, confieren a la casa un aire mágico que cautiva

A escasos metros del kilómetro cero del mito de la Costa del Sol, en el Torremolinos que fue escenario de romances y desencuentros entre las grandes estrellas del Hollywood de los sesenta, tiene su hogar el diseñador gráfico Javier León. Un apartamento de poco más de 40 metros cuadrados cuyo encanto reside en la personalísima decoración del autor, que logra sacar el máximo partido al espacio convirtiendo cada rincón en objeto de culto para enamorados del diseño y el arte.

La vivienda es la prueba fehaciente de que no hace falta tener una casa enorme para vivir con estilo. El mismo acceso a la casa, a través de una escalera de caracol ‘hitchcockiana’, traslada al visitante al ‘joie de vivre’ de mediados del siglo XX en esta esquinita del Sur de Europa. Edificios originalísimos, agrupados en una corriente internacional única denominada ‘arquitectura del relax’ (Diego Santos y Juan Antonio Ramírez, 1987). Esta explosión de modernidad y cosmopolitismo es una de las razones por las que Javier siempre se ha sentido atraído por Torremolinos, ciudad de pasiones a la que regresa después de residir quince años en Barcelona. «Necesitaba un cambio de aires y éste es un lugar inspirador para trabajar, su encanto decadente es embriagador», asegura.

Dispuesto a convertir el que fue su apartamento de veraneo en un hogar a medida, comenzó una serie de reformas para adaptarlo a sus necesidades habitacionales y de trabajo. De la Ciudad Condal trajo consigo algunos de sus inseparables compañeros de viaje, como un cuadro de un reconocido artista francés que adquirió en una visita a Buenos Aires, un espejo dorado en forma de sol o su peculiar colección de sillas de diseño en miniatura. El turquesa mediterráneo de la playa, que está a tan solo unos metros de la vivienda, escala desde el asfalto hasta este cuarto piso transfigurándose en la pintura que viste dos de las paredes de la habitación principal. Un color de base fresco y optimista que además posee la cualidad de multiplicar la luz natural.

Es un lienzo perfecto para el collage de piezas de arte al que Javier ha ido dando forma con cada nueva adquisición. Admite que le encanta bucear en mercadillos vintage y de antigüedades, en los que ha dado con algún que otro tesoro. «La gente se desprende de auténticas joyas, llegué a encontrar una mesa ‘Tulipe’ en la calle», asegura. La zona más cercana a la puerta, que hace las veces de recibidor, es un delicioso conjunto de artículos retro, principalmente de la década de los sesenta. Así, sobre una cómoda blanca, destaca el ‘color shock’ de una lámpara Nesso de Artemide, diseño de Giancarlo Mattioli (1967). Un perro de cerámica y un cenicero de cristal de murano de los setenta son los principales accesorios sobre la consola, mientras que en la pared centra toda la atención el espejo de sol italiano de los años 50, que una temporada más se resiste a abandonar el ‘top ten’ de tendencias deco.

Encima, y en un contraste muy personal, un aplique retro en forma de tulipa pone la guinda al conjunto. Alrededor de esta pareja bien avenida se expone un grupo de obras de artistas emergentes y amigos. Además de trabajar para diferentes publicaciones nacionales, León tiene un lado creativo más allá del diseño gráfico y realiza sus pinitos como dibujante. Se confiesa «apasionado del estilógrafo» y en sus paredes se pueden ver desde retratos hasta versiones libres de obras icónicas. Así, en este rincón desfila una de las obras a las que más cariño profesa, su particular ‘Venus del espejo’. Más a la derecha, una mesa auxiliar ‘Tulipe’ de Saarinen (1956) es un altar en el que se rinde culto a piezas tan variadas como un retrato de la artista Marina Abramovic o una biznaga malagueña. En el salón continúa la misma tónica de fusionar estilos y épocas con un criterio que persigue lo auténtico y huye de convencionalismos. Felizmente abigarrado, en este conjunto destaca un retrato de los aún Reyes de España, eso sí, colgado boca abajo.

Obsesiones coleccionistas

Del otro lado, el cartel de la película ‘El Apartamento’ (que además data del mismo año que el edificio) es el principal argumento de este discurso estético, que se completa con fantásticos toques de color en unos gatos de cerámica y una lámpara de diseño. Una vitrina en la que expone alguna de sus obsesiones coleccionistas y una camarera retro accesorizada con detalles Tiki completan este rincón. Sin embargo, el principal atractivo de este hogar aguarda aún en la terraza.

Sus impresionantes vistas al mítico Hotel Pez Espada son el telón de fondo de una decoración anclada en artículos fetiche de hoteles míticos de la Costa del Sol ya desaparecidos (como los apliques de las calaveras). Algunas piezas de diseño como la silla ‘Cesca’, o el cenicero ‘Estocolmo’ de André Ricard, aportan un toque chic a este rinconcito con encanto. «Las noches bajo la luz del luminoso del Pez Espada con el mar al fondo tienen una magia especial», asegura.