CON LA A

ARANTZA FURUNDARENA

Decir portavoza o, lo que es lo mismo, empeñarse en hacer que en lengua castellana todo lo femenino termine en a para diferenciarlo de lo masculino que mayoritariamente termina en o me recuerda a la época ñoña y por fortuna ya superada en la que el color azul era para los niños y el rosa para las niñas. Además, siguiendo la lógica de Irene Montero, en justa paridad, ahora tendremos que empezar a llamar periodistos a los periodistas que son hombres. Y habrá que decir taxistos, artistos, violinistos o turistos... Alguien me dirá que a los modistas masculinos hace tiempo que se les llama modistos. Cierto es. Pero precisamente desde hace unos años muchos de ellos han desterrado ese ridículo palabro para autodenominarse lo que en realidad son y siempre fueron: modistas.

No caigamos ahora en lo mismo (pero al revés). No sucumbamos al tentador vicio, tan arraigado en este país, de dar la vuelta a la tortilla (que por algo se llama española). Si a los modistas se les dio en su día la falsa terminación en o fue probablemente porque el oficio de modista estaba entonces muy feminizado. Y era decir modista e imaginarse a una mujer. Ahora quizá Irene Montero al decir portavoz piensa en un hombre. Pero hace mal. Entre otras cosas porque portavoz (la misma palabra lo dice) es la que o el que porta o lleva la voz. Y voz casualmente es un sustantivo femenino. Aunque no venga vestido de rosa. Es decir, aunque no termine en a. Es curioso: cuanta más igualdad queremos más diferencias hacemos. Más acento ponemos en el sexo de quien desempeña un cargo (concejala, jueza, cancillera...). ¿De verdad importa tanto? ¿No hemos quedado en que una mujer puede ejercer una profesión con el mismo grado de excelencia que un hombre? Pues entonces olvidémonos de lo que un juez o un portavoz lleva entre las piernas. Más ahora que hay tres o cuatro sexos distintos.

Comprendo que la intención de Montero es dar visibilidad a la mujer. Pero no sé si esta es la mejor manera. Hasta ahora, lo único que hemos conseguido en aras de esa mayor visibilidad es la estomagante fórmula del plural doble: trabajadores y trabajadoras, alumnos y alumnas... Y sí nos hace visibles. Pero, mira por dónde, siempre detrás de ellos.

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