El armario invencible

El armario invencible

Letizia saca la artillería pesada en su visita al Reino Unido y cosecha el aplauso unánime de la prensa británica. Kate evitó el duelo de estilos

GUILLERMO ELEJABEITIA

Gran Bretaña rendida a los pies de una reina española? Letizia lo ha conseguido. La que es quizá su visita de Estado más importante hasta la fecha podría calificarse de paseo triunfal. Ante la pompa y circunstancia de la corte más rígida de Europa, la consorte ha sacado la artillería pesada para epatar a los ingleses. Más regia que nunca, ha logrado cosechar el aplauso unánime de la prensa británica, que la ha coronado como «la 'royal' más estilosa del mundo». Si bien es cierto que la española apenas ha tenido competencia. Su rival más directa, la duquesa de Cambridge, ha evitado el duelo ante las cámaras.

Aunque no era ella quien debía pronunciar los discursos, la Reina ha sido muy elocuente en la elección de sus atuendos, lanzando mensajes cargados de simbolismo. Para el recibimiento que les brindó Isabel II y el paseo en carroza hasta Buckingham Palace, optó por mimetizarse con el estilo de su anfitriona. Su conjunto amarillo en 'tweed' de verano, rematado por un sombrerito a juego con motivos florales, es un registro al que no nos tiene acostumbrados, pero que hizo las delicias de los ingleses. «¡Perfecta!», sentenció 'The Mirror'.

Ya instalados en la Suite Belga de la residencia real, aprovechó para cambiarse a un modelo más discreto y, de paso, lanzar un guiño a la moda inglesa. El vestido de corte 'trench' que vistió para tomar el té con Carlos y Camilla antes de dirigirse al Parlamento llevaba la etiqueta de uno de los emblemas del estilo 'british': Burberry. Era el momento de pasar desapercibida para que se escucharan las conciliadoras palabras de Felipe VI sobre Gibraltar y el 'Brexit'.

El momento culminante de la visita llegó con la cena de gran gala que la soberana inglesa ofreció a sus reales invitados. Letizia se enfundó un Varela de corte sirena con cola de tul bordado en hilo y cristal que dejaba sus hombros al descubierto. Se coronó con la tiara de la flor de lis -llamada simplemente 'La Buena'-, que no solo es la pieza más importante del joyero real, sino que servía para recordar los lazos familiares entre ambas casas reales: fue el regalo de bodas de Alfonso XIII a Victoria Eugenia de Battenberg, a la que conoció en ese mismo salón de baile en 1905.

Isabel II sacó a pasear algunas de sus piedras más apabullantes, como el conjunto de aguamarinas brasileñas, pero la foto más esperada no llegó a producirse. Kate Middleton, que vestía un escotado diseño en rosa empolvado de Marchesa y lucía la tiara preferida de Lady Di, no posó junto a Letizia. Si bien es cierto que, como consorte del heredero del heredero, no le correspondía un papel protagonista en el banquete de Estado.

«La 'royal' con mejor estilo del mundo y no, no estamos hablando de la duquesa de Cambridge, sino de Letizia», escribió a la mañana siguiente 'The Sun', el diario más leído del Reino Unido. Incluso el conservador 'The Times', poco dado a frivolidades, dedicaba a la Reina de España su foto de portada, tan sólo un día después de agraviar a don Felipe con una información sobre las correrías sexuales de su padre.

La segunda jornada venía cargada de actividades y la Reina optó por recuperar un conjunto de camisa azul y falda de flores de Carolina Herrera que ya había lucido en 2015. Muy favorecedor, aunque pecaba de informal al rezar ante la tumba de Leonor de Castilla en la Abadía de Westminster. Por la noche, el alcalde de Londres les agasajó con una nueva cena de gala en Guildhall para la que Letizia se guardaba un nuevo as en la manga: un vestido azul tinta con escote drapeado cuya autoría se disputan Armani y Carolina Herrera. Esta vez combinó la diadema floral con unos impresionantes pendientes de diamantes y zafiros que no había lucido nunca y cuyo origen se desconoce. Nuevo triunfo sin competencia.

Después de semejante derroche de piedras preciosas, para su despedida decidió bajar a la Tierra con un conjunto 'low cost' de la cadena británica Top Shop, un nuevo guiño a los lazos comerciales que unen ambos países sin necesidad de despegar los labios. Se nota que domina las claves del oficio.

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