Diario Sur

Antonio Banderas: «Los coros de voces críticas al Astoria se extendían a la mala leche»

Antonio Banderas en Málaga.
Antonio Banderas en Málaga. / Fernando González
  • Esta es la carta íntegra del actor en la que detalla sus motivos para abandonar el proyecto del Astoria de Málaga capital

No resulta fácil escribir esta carta. He reflexionado sobre lo que en ella expongo y he tratado de tomar una decisión consecuente y seria que a continuación paso a detallar.

Hace ya bastante tiempo que me rondaba la idea de lanzarme a un proyecto cultural en Málaga. Creo que es una idea no carente de lógica, pues esta es la ciudad que me vio nacer, en ella desarrollé mis estudios de Arte Dramático y aquí fue donde comencé mi actividad teatral hace aproximadamente 40 años. Soy al mismo tiempo un entusiasta de la inercia cultural que se ha ido apoderando de nuestra ciudad y esto ha ido acrecentando mi interés por aportar, por unirme a esa inercia poniendo mi granito de arena y participar de una forma directa en los acontecimientos que en ese sentido están teniendo lugar en Málaga, por lo tanto creo que entra dentro del sentido común el pensar que yo tuviese una inquietud de este tipo, para con mi ciudad y para conmigo mismo.

Después de considerar y estudiar diversas vías para desarrollar un proyecto, que inicialmente estaba destinado a la actividad teatral, llegó hasta mí, a través de José Seguí, la información de que el Ayuntamiento de Málaga iba a plantear un concurso de ideas tratando de encontrar una solución definitiva al edificio de los que fueron los cines Astoria y Victoria. José Seguí sabía de primera mano el interés que existía en mi desde hacía tiempo por llevar a cabo un proyecto de estas características, no obstante ya hubo un primer intento frustrado en el que ambos estábamos envueltos y que una serie de circunstancias, que no vienen al caso, me hicieron abandonar.

José Seguí es un tipo que proyecta una carga de entusiasmo importante. Es un hombre que ve la vida en positivo y esto reduce mi capacidad de resistencia. Reconozco que cuando me encuentro con gente así se acentúan mis debilidades y sin más me dejo contagiar por el espíritu y los sueños de estos individuos que de forma automática pasan a ser los míos. De alguna forma abstracta, eso es parte de la historia de mi vida.

En cualquier caso, el asunto es que me convenció para que diésemos juntos un paso adelante, y tomásemos la decisión de presentarnos al concurso con un proyecto ambicioso tanto desde sus aspectos formales como de contenido. Pero a la mesa le faltaba una pata. Necesitábamos un tercer socio que fuese capaz de garantizar una gestión y una organización modélica. Que tuviese el coraje, la capacidad y los medios para llevar a buen puerto esta iniciativa.

Yo formé parte del nacimiento de Starlite. Puedo decir que nació en mi casa de Los Ángeles y vino hasta allí de la mano de otra de esas personas que solo miran hacia adelante, Sandra García Sanjuán. Es difícil encontrar en los ambientes artísticos nacionales o internacionales a alguien que no conozca a Sandra y es igual de difícil encontrar a alguien que no la quiera y la respete. Entre muchas cosas es la presidenta de la Fundación Niños en Alegría. El trabajo que realiza esta Fundación en México es espectacular. Son ya más de quince las escuelas construidas y financiadas por la fundación que dan cabida a miles de niños que de otra forma estarían en la calle, literalmente. Con la necesidad para recaudar fondos para la Fundación Niños en Alegría y la Fundación Lágrimas y Favores que yo presido nació la Starlite Gala hace ya ocho años y desde ese momento ha ido cumpliendo de forma regular y efectiva con todos sus objetivos. Más allá del terreno altruista y filantrópico Sandra y su marido, Ignacio Marluquer, son unos empresarios de reconocido prestigio. Ellos dieron el paso posterior para desarrollar la idea de el Starlite Festival, en el que yo no participo, pero que se ha convertido ya en una cita ineludible de las noches de los veranos de Marbella. La originalidad del concepto, las firmes relaciones personales maceradas durante muchos años de la pareja, y la enorme capacidad para aguantar los dos o tres primeros años de pérdidas económicas importantes de forma imperturbable hicieron que poco a poco este Festival se convirtiese en un éxito sin precedentes en toda España y fuera de ella.

Ellos eran los elegidos para ser esa tercera pata. Desde el principio se mostraron entusiasmados con la idea de formar parte de la candidatura. Creíamos tener un equipo ganador para presentarnos al concurso con garantías de ofrecer algo serio, trabajado, interesante para la ciudad y que se uniese a el ambiente cultural que se da en Málaga y que a poco que lo cuidemos se puede convertir en algo realmente extraordinario.

La ilusión era tan fuerte que superaba con mucho las dificultades, los esfuerzos y los sinsabores propios de embarcarse en un proyecto de estas características.

Por tratarse de Málaga me planteé desde el principio no escatimar y apostar fuerte por convertir la idea en algo grande que comenzase satisficiendo a mis paisanos para más tarde conseguir traspasar las fronteras de nuestra ciudad y proyectarse a nivel nacional e internacional.

Había que poner toda la carne en el asador. Desarrollar un proyecto teatral serio, con una producción propia fecunda y regular, con dos espacios teatrales, que no solo diesen cabida al teatro, sino a una producción televisiva de calidad con distribución internacional. Más allá del teatro, el edificio contaría con múltiples espacios que acogerían el debate, la música, la danza, el flamenco y el jazz además de lugares dedicados al ocio y el disfrute de la gastronomía. Un lugar de cultura viva y efervescente que no muriese ensimismado, sino que reventase hacia afuera, que se fuera definiendo desde la vocación intrínseca al propio proyecto de que el malagueño lo hiciese suyo y se sintiera orgulloso de poseerlo y usarlo.

Nunca pasó por mi cabeza la idea de que este proyecto fuese rentable para mí. La idea era más bien la contraria. Lo que he ganado en mi larga vida como profesional, ha sido ganado básicamente fuera de mi tierra, peleándome todos los días en los lugares más competitivos del mundo, viviendo en hoteles, en aeropuertos, sin ver crecer a mis hijos. No, aquí venía a gastármelo. Gastármelo en el importante desembolso económico que había que hacer en la construcción de un edificio que fuese capaz de albergar un proyecto tan ambicioso como este, en los ‘cánones’ que se llegasen a establecer por parte de quien otorga la concesión. Además para ayudar a la financiación, sólo de la actividad teatral, me animé a hacer un ofrecimiento económico que se establecería en el entorno de los 250.000 euros anuales, que ayudase a cerrar un presupuesto por temporada, repito, solo para los teatros, que rondaría los 3,000,000 de euros. Esto se llevaría a cabo de forma totalmente privada, y vendría por la vía de la esponsorización. Pero la aportación más importante que yo podría realizar no era la económica. Casi cuarenta años como profesional del cine, y el hecho de haber realizado la mayor parte de mi labor artística en Hollywood me han proporcionado un buen número de importantes relaciones personales que naturalmente pondría a disposición de esta idea ambiciosa y eso sí podría haber marcado un factor diferencial para dotar a todo el proyecto del prestigio, la profundidad y el brillo necesario para hacer ‘ruido’ en el mundo de la cultura, un ‘ruido’ que se oiría lejos. Además no solo se contaría con personas sino que trataríamos de echar las redes a instituciones como el Actor’s Studio, las escuelas de interpretación de Stella Adler de Los Ángeles, el Roundabout Theatre de Nueva York, etcétera.

Hay mucho más, mucho más, pero desgraciadamente creo que no se dan las condiciones para ello. Tras haber ganado el concurso de ideas, no vinculante, al que se presentaron 72 participantes, y haber obtenido un segundo lugar en la votación popular que se llevó a cabo a través de las redes sociales, nos dimos cuenta casi de inmediato de que no existía el ambiente adecuado para seguir compitiendo por la concesión. Queríamos competir y ganar porque creímos tener el mejor proyecto para la ciudad. Nunca perdimos el respeto a nuestros ‘rivales’. Nos someteríamos deportivamente a la decisión final a la que se llegase por parte de quienes hubiesen de tomarla. Pero los coros de voces que comenzaron a alzarse contra nuestro proyecto, dentro y fuera de los ambientes políticos locales, que además no se detenían en la crítica al mismo, sino que se extendían a la sorna, el cachondeo y por qué no decirlo, la mala leche, me hicieron comenzar a reflexionar sobre si realmente valía la pena arriesgar tanto, enfangarse tanto, y exponerse tanto. Hablé por teléfono con mis compañeros de viaje, pues yo me encontraba trabajando en una película. Tanto Pepe Seguí, como Ignacio y Sandra no entendían lo que estaba pasando, no entendían los insultos, las descalificaciones, el trato humillante. También ellos reflexionaron y todos juntos llegamos de forma clara a la misma conclusión. Había que salir de ahí, había que salir y buscar un mejor lugar en el que depositar todas las energías positivas que deseábamos para este desafío, un mejor sitio en el que sudar por ofrecer nuestras ideas a Málaga, un rincón en el que no huela a corralón y podamos construir algo interesante.

Espero que esta decisión limpie el concurso de la intoxicación en la que parece ser me he convertido. Yo seguiré buscado la posibilidad de integrarme en el movimiento cultural tan esperanzador que está teniendo lugar en nuestra querida ciudad, pero lo haré desde el ámbito absolutamente privado, porque visto lo visto he de reconocer que el tema público da miedo. Ahí se mezclan unos intereses que no favorecen ni la gestión, ni la administración, ni la creación en libertad, y uno quiere eso, crear, trabajar y arriesgar a tope si se siente mínimamente apoyado, si esto no es así se hace muy complicado, muy difícil. No quiero convertirme en un nuevo Moneo en mi propia casa.

Nada más, gracias a los que entiendan mi postura, disculpas a los que no lo hagan y que gane el mejor, que desde luego contará con nuestro apoyo... gratuito y desinteresado.

Hasta siempre.

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