RANURA

La pregunta al Gobierno sobre la existencia de un protocolo para neutralizar una invasión de muertos vivientes podrá sonar a broma, pero es del todo oportuna. Porque el apocalipsis zombi ya ha comenzado. Puede que muchos no lo hayan percibido, sin embargo estamos rodeados de gente alelada, gente teledirigida y gente que directamente no se entera. De otra forma no se explica la gran cantidad de viandantes que van por ahí con medio culo al aire sin darse (aparentemente) cuenta. Igual que a los extraterrestres de la tele de mi infancia se les distinguía por la rigidez de su dedo meñique, a los nuevos alienígenas los podemos reconocer por una seña de identidad mucho más burda y llamativa: la raja. En efecto, me refiero a la exhibición de esa ‘muga’ que divide nuestra anatomía allí donde la espalda pierde su nombre. Tal vez sea porque las fronteras vuelven a estar de moda, porque los pantalones de talle bajo son ya una tendencia global irreversible o porque la estética del rap sigue haciendo mucho daño, pero el caso es que no hay día en que no vea en algún rincón de mi ciudad a uno o varios peatones presumiendo de ranura.

Y no hablo de jovenzuelos antisistema en plena revolución del calzoncillo sino de ciudadanos maduros que o bien no usan ropa interior o, si la usan, es tan escueta como la exterior. Como aquel padre de familia al que no tuve más remedio que contemplar desde la terraza de un bar de un pueblecito costero. El hombre se acercó al muelle con sus niños (pequeños) para mostrarles los peces, así que le tocó agacharse... «La que quiera coger peces que se moje el cu... klux klan», advierte el cuplé. Pero nada dice de enseñarlo ni de dejar media hucha al aire. Para remate, al papá se le acercó un amigo que también se agachó con el mismo resultado, ofreciéndonos a los de la terraza un prolongado dueto de espantosa vulgaridad vertical. ¿Cómo es que ellos no eran conscientes del lamentable espectáculo? Soplaba un vientecillo gélido... ¿Tan zombis estaban que no lo sentían en salva sea la parte? Semejante visión ha sido para mí la postal viviente más irreverente y repetida de la pasada Semana Santa. Y eso que yo pensaba que el ‘caganer’ era cosa de las navidades...

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