Diario Sur

MANGANTE

Por suerte parece que Donald Trump no llegará a presidente gracias a que en su delirante carrera hacia la Casa Blanca hay un tipo impresentable poniéndole la zancadilla a cada paso. Ese tipo impresentable es el propio Donald Trump. Su auténtico yo, su verdadera naturaleza emergen cada día con más nitidez quizá porque no hay en todo el Estado de Idaho piel de cordero suficiente para camuflar a semejante tiranosaurio; insaciable depredador de dinero, de poder y de mujeres. Ni su actual esposa sabe ya cómo justificar el bochornoso vídeo en el que el magnate (y sobre todo, mangante) se retrata como un machista abusador y violento. A este paso Melania acabará alegando que ese día a su pobre maridito le echaron burundanga en el bourbon. Que es como decir 'droja' en el Colacao...

En el otro extremo está el vídeo que ha grabado Robert de Niro para desacreditar al candidato republicano en el que, menos 'caca-culo-pedo-pis', apela a todos los recursos más zafios del desahogo humano. A nadie se le escapa que De Niro era un genio del drama que para desolación de sus fans se pasó a la comedia facilona convirtiéndose en uno de esos actores de un solo registro (las comisuras de los labios hacia abajo). Por eso el hecho de que ahora vuelva a ponerse dramático solo para dedicar a Trump insultos tan de instinto básico como «¡Es un perro!», «¡Es un cerdo!», resulta casi contraproducente. Habría logrado más efectividad parodiándolo, como hizo en su día Meryl Streep poniéndose barriga y flequillo. En su caso, le habría bastado aparecer caracterizado como Trump mientras acaricia un gato...

Tomarse demasiado en serio a un personaje en dos dimensiones como el pato Donald Trump es regalarles munición a sus furibundos partidarios. Mejor darle cuerda suficiente para que se ahorque él solito. En ello está. Y como carrera política parece que ya le queda poca, mucho está tardando Santiago Segura en anunciar que se propone ficharlo para un futuro Torrente.