TRUEBA Y EL ATRACÓN

Casi 40*** | Los buenos demonios** | Los adioses* | Invisible**

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

No acabó mal la competición del Festival de Málaga. Con un atracón algo excesivo de cuatro títulos, pero un nivel más que aceptable. En el que destacó un señor con galones, David Trueba, con una película pequeña -la medida más habitual en esta edición- que se hizo grande, 'Casi 40'. Tras él llegó una película cubana, 'Los buenos demonios', que tuvo comedia, drama y asesinatos, aunque más interesante resultó la argentina 'Invisible', un crudo relato sobre la adolescencia y la soledad. El postre fue 'Los adioses', un 'biopic' sobre la escritora mexicana Rosario Castellanos en la que las intenciones estuvieron por encima del filme.

Cierta amargura cargada de la alegría de vivir se respira en la agridulce 'Casi 40', en la que Trueba recupera a los actores de 'La buena vida', Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, para narrarnos una película a contracorriente que nos habla de la amistad y del amor a través de una pareja de amigos, una cantante retirada y un vendedor de productos de belleza, que se reencuentran para compartir una minigira. Cine de carretera que da pie al director para reivindicar la cultura, particularmente la música, las librerías y las pequeñas ciudades del interior de España cargadas de historia. Un gusto por lo diferente frente al discurso mayoritario de las urbes, las audiencias y los millones de descargas.

Ese es el trasfondo de 'Casi 40', en el que los protagonistas se vuelven a unir porque se dejaron cosas sin decir. Y con una Lucía Jiménez maravillosa que hace plantearse por qué esta actriz lleva una décadas sin protagonizar películas. Ella es una de las apuestas de Trueba, que nos presenta una película alejada de cualquier moda, muy personal y cómplice. Que no es perfecta, pero que tiene la huella de uno de los mejores narradores de nuestro cine. Que te hace pensar y te deja una sonrisa. Una película sanadora y llena de encanto.

El otro filme que también dejó una historia potente fue 'Invisible', un drama argentino sobre la adolescencia y la soledad. Un crudo relato que dirige Pablo Giorgelli y que tiene como protagonista a una joven sin esperanzas que se queda embarazada y decide abortar. Una situación extrema que sirve al cineasta para mostrar a una juventud desvalida y desencantada que se siente invisible y que se refugia en el sexo ante la falta de amor y en la selva de Internet ante la ausencia de referentes y de tutela. La joven actriz Mora Arenillas, que da vida a una chica que estudia y trabaja para sacar adelante su casa, realiza un trabajo cargado de amargura y dolor. Aumentado por ese embarazo no deseado. Giorgelli desliza una oportuna crítica hacia esa sociedad que desatiende a los menores o se aprovecha de ellos. Personalizado en la angustia de la protagonista a través de un filme áspero y exigente que, no obstante, no se deja arrastrar por la tragedia y deja una puerta abierta a lo que parece una esperanza.

También una historia femenina y feminista nos llegó con 'Los adioses', en la que la mexicana Natalia Beristain reivindica a una de esas mujeres adelantadas a su tiempo: la escritora Rosario Castellanos, que combatió el machismo con su literatura y su vida en una época en la que las mujeres todavía no se atrevían a alzar la voz. Un filme militante que no pierde la vigencia de su mensaje, pero que cae en la falta de interés de muchos 'biopics' realizados con absoluta reverencia al personaje.

Por último, la cinta cubana 'Los buenos demonios' nos deparó una mezcla de géneros que se podría haber titulado 'Tito, retrato costumbrista de un asesino'. La película de Gerardo Chijona tiene como protagonista a un taxista que se dedica a matar turistas, mientras vive con su madre, una mujer de carácter, y está enamorado de su vecina de arriba, una generación mayor que él. Un retrato de las diferentes edades y mentalidades que conviven en la contradictoria Cuba de hoy y que resultó entretenida con su mezcla de drama, comedia y tiros.

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