La procesión va por dentro (y por fuera) en el festival

La rondeña Marta Díaz de Lope, en el centro, rodeada de buena parte del reparto./Salvador Salas
La rondeña Marta Díaz de Lope, en el centro, rodeada de buena parte del reparto. / Salvador Salas

La película malagueña 'Mi querida cofradía' hila con humor Semana Santa y feminismo, mientras 'Las distancias' escarba en el drama interior de una generación decepcionada

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

El Festival de Málaga hizo ayer su propia estación de penitencia. Porque de procesiones iba la cosa, de las que se ven y de las que no. La película malagueña 'Mi querida cofradía' sorprendió en la sección oficial hilando con humor Semana Santa y feminismo. La directora y guionista Marta Díaz de Lope debuta en el largo colocando a una mujer en la jerarquía de una Hermandad con el Tajo de Ronda como marco. En la película de Elena Trapé no había capirotes ni tronos, pero sí un vía crucis interior en cada uno de los personajes de 'Las distancias', representantes a su manera de una generación con las «expectativas truncadas».

Ambas directoras, alumnas en su día de la Escuela de Cine de Cataluña (ESCAC), compartieron parrilla con la brasileña 'A voz do silêncio', un filme de André Ristum que pone el foco en los «extras» de la gran ciudad y de la vida. En «esas personas a las que no miramos, de las que no contamos sus historias» y que, también, sufren en silencio.

La montaña rusa de emociones que ayer propuso el Festival de Málaga comenzó con las risas de 'Mi querida cofradía'. Y se agradece cuando el pase de prensa es a las nueve de la mañana. El planteamiento de la rondeña Marta Díaz de Lope era arriesgado: una comedia localizada en la Semana Santa de Ronda, ambientada en el mundo cofrade y con una mujer madura como protagonista. Pero funciona. Iglesia, tradición y feminismo se unen con enorme acierto a través del humor en esta ópera prima. De momento, la única directora malagueña en la sección oficial se llevó el aplauso de la prensa, y no solo por las torrijas con las que el equipo de la película obsequió tras la presentación.

Alexandra Jiménez protagoniza 'Las distancias'.
Alexandra Jiménez protagoniza 'Las distancias'. / MIGUE FERNÁNDEZ

'Mi querida cofradía' retrata los obstáculos a los que se enfrenta una mujer para escalar puestos en ese mundo. Para contarlo, su cámara entra en la Iglesia de los Descalzos de Ronda con la complicidad de la Hermandad del Santo Entierro. Devota y respetada por todos, ella es la persona a quien todos recurren cuando hay algo que solucionar. Pero hay un problema: es mujer y, como se dice en el filme, mientras haya un hombre dispuesto a llevar el bastón de mando, ella nunca tendrá acceso al puesto.

Díaz de Lope lo expone a modo de comedia de enredo, pero sin caer «en el chiste o la caricatura». Un tono medido que siempre tuvo muy claro Gloria Muñoz, la gran protagonista de esta cinta coral. La veterana actriz borda su primer papel protagonista en la gran pantalla, un reto que afrontó con gran responsabilidad. «Si lo hacía mal no solo me cargaba mi carrera, sino la de una mujer que estaba iniciando la suya», bromeó. Según coincidieron todos, le queda mucho por contar. «Sabe lo que quiere y me sentía muy arropado por ella, pero es que además le da buen rollo al que lleva el coche, al que sirve el café... Tiene una gran sonrisa», explicó el malagueño Joaquín Núñez. Elogios que compartieron Rosario Pardo, Pepa Aniorte, Carmen Flores y Rocío Molina, las mujeres al poder de esta producción que se estrena el 4 de mayo.

La sonrisa se congeló en la siguiente cinta a competición. A Elena Trapé le «encantan las pelis de reuniones de amigos» y ese es el punto de partida de 'Las distancias'. Tres colegas y la novia de uno de ellos visitan por sorpresa a un antiguo compañero de universidad afincado en Berlín (donde se rodó toda la película). Es su 35 cumpleaños y esa será la excusa oficial, pero «todos esconden otra motivación» para hacer un viaje relámpago que, por inmadurez o falta de honestidad, acaba mal. Y quien más oculta es, precisamente, el cumpleañero. A él le da vida Mike Esparbé. «Se define por lo que calla. Es el personaje más honesto desde el inicio, se le ve que no sabe gestionar lo que le pasa. Y me gusta salvarlo: no sabe hacerlo mejor. Está en una contradicción permanente con su vida, con su momento vital, con el contexto», explicó. A su lado, la actriz Alexandra Jiménez vuelve a interpretar a una embarazada –«ya van seis o siete»– pero esta vez en un registro dramático poco visto en ella. Insistió en que el género es lo de menos, al fin y al cabo «la comedia contiene el drama desde otro punto de vista».

Sin ser un retrato generacional, el guión bebe del «estado de decepción y expectativas truncadas» que la directora percibe en su entorno. De ese «momento en el que esperabas que tu vida profesional subiera un eslabón» y descubres que eso «no va a suceder». Se cuenta más con gestos y silencios que con palabras, muchas de ellas se quedaron por el camino durante el montaje «porque ya estaba todo explicado».

De lo que no se dice y no se habla está lleno 'La voz do silêncio', una coproducción entre Brasil y Argentina. André Ristum pone el dedo en la llaga de São Paulo como referente de una gran ciudad «donde lo que hay a la vuelta de la esquina es el silencio». La soledad atraviesa a todos en esta cinta, individuos de vidas mediocres –con problemas de salud, dinero y amor– que se cruzan en una noche de eclipse lunar, el «momento catártico» del filme. Ahí está el rol del argentino Ricardo Merkin, un personaje «muy doliente» en la recta final de su vida: «Después me tenía que coser todos los pedacitos que me dejaba en la filmación», concluyó.

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Mi querida cofradía*** | Las distancias**** | A voz do silêncio*

El cine español estaba flojeando en esta edición, pero ayer golpeó dos veces. Primero para hacernos reír con un filme heredero de la mejor comedia patria y firmado de manera impropia por una debutante, Marta Díaz de Lope, que consigue unir crítica feminista y Semana Santa en 'Mi querida cofradía'. Y cuando todavía estábamos con la sonrisa en la cara llegó otra cineasta de talento, Elena Trapé, para borrarnos la alegría de un bofetón. Y dejarnos cierta inquietud interior con una pequeña y reveladora cinta sobre lo que supone asumir la madurez, 'Las distancias'. Dos películas con muchas 'x' en las quinielas a los premios de la sección oficial. Y que elevan aún más el cine hecho por mujeres que compite en esta edición.

El título de la segunda película de Trapé nos habla de las distancias de sus protagonistas, unos viejos amigos que, a sus 35 años, no son conscientes de que sus vidas han cambiado y sus sueños hace tiempo que están rotos. Y que el viaje de reencuentro que han emprendido es una huida hacia delante que los llevará a un escenario propicio. A un Berlín frío y oscuro que es la metáfora perfecta del interior de estos personajes.

Con un planteamiento casi teatral, Elena Trapé sabe imprimir intensidad y emoción a este drama apoyándose en un reparto formidable en el que Alexandra Jiménez, que da vida a una embarazada de siete meses aparentemente segura pero igual de perdida que sus compañeros, actúa como pieza central de un relato que nos habla de la amistad, la madurez, la pareja y el desencanto de una generación vapuleada por la crisis. Contada además con elocuentes imágenes y recurriendo a los silencios sonoros. Una película que nos habla de la decepción a los treintaytantos y que, pese a su desesperanza, conmueve por su sinceridad.

Por su parte, a la debutante Marta Díaz de Lope hay que reconocerle la valentía de hacer una comedia sobre la Semana Santa. Y además retratar una de sus divinas contradicciones, el papel menor de la mujer en la iglesia a través de la historia de Carmen, una devota que aspira a ser la nueva hermana mayor de su hermandad frente al candidato 'oficial': un hombre. El filme se sirve de elementos muy clásicos como el enredo y el costumbrismo para convencer con una comedia que se viene arriba conforme avanza la peripecia de la protagonista que asalta su sueño de dirigir la cofradía envenenando a su oponente. El acierto del casting es absoluto con el primer protagonista para la veterana Gloria Muñoz, que está rodeada por maestros del humor como Pepa Aniorte, Juan Gea, Joaquín Núñez y una Carmen Flores en estado de gracia.

Lo más llamativo de 'Mi querida cofradía' es que, además de ser el primer filme de su directora, nació como un trabajo académico de la Escuela de Cine de Cataluña. Pero, francamente, no se nota. La rondeña Marta Díaz de Lope (de)muestra madurez y frescura al llevar las situaciones al absurdo y reivindicar con ironía el papel de la mujer en un mundo tan cerrado como la Semana Santa. Y lo hace con la suficiente destreza e inteligencia para no herir susceptibilidades. Añadiendo además un toque de locura, a la que incluso le habría venido bien algo más de pecaminosa mala uva. Una comedia sabrosa y dulce como una torrija de pascua, pero con retranca al final de cada bocado.

La tercera película a concurso de la jornada fue 'A voz do silêncio'. Un filme del brasileño André Ristum que convierte las vidas cruzadas de sus personajes en una gran sinfonía sobre la soledad. Una partitura de intenciones estimables, pero desafinada por una trama irregular y, a veces, confusa.

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Mi querida cofradía** | Las distancias**** | La voz del silencio*

En 'I hate New York', el documental producido por los hermanos Bayona sobre varias transexuales del underground neoyorquino, una de las protagonistas sentencia que la nostalgia debería ser privada. «Como la masturbación», apostilla. La comparación no es descabellada. Hay algo de onanismo en la melancolía, aunque a veces convendría practicarla de forma colectiva. No estaría de más, por ejemplo, preguntarse cuánto ha perdido el cine español, y nosotros como espectadores, por el limitadísimo acceso de las mujeres a la dirección. La jornada de ayer en la sección oficial del Festival de Málaga podría servir como termómetro de ese menoscabo. 'Mi querida cofradía' y 'Las distancias' no pueden ser películas más opuestas; la primera funciona como comedia de enredos ambientada en una calurosa Semana Santa rondeña, mientras que la segunda acaba convertida en un drama generacional con las gélidas calles de Berlín como escenario. Una mira hacia fuera en una sucesión imparable de embrollos y chascarrillos y la otra está escrita desde la introspección. Ambas están dirigidas por mujeres. Si aún quedara algún prehistórico capaz de hablar de «cine femenino», como lo hacen sin ruborizarse de literatura femenina, el visionado de estas películas le sacudiría cualquier atisbo de argumento y caspa.

Del debut en el largometraje de Marta Díaz sorprende para bien su descarada vocación feminista. Aunque por estética parezca inofensiva, 'Mi querida cofradía' deja en evidencia los convencionalismos sociales y sobre todo religiosos que todavía obstaculizan la igualdad entre hombres y mujeres. Lo hace con un envidiable dominio del equilibrio, cuidando hasta la obsesión cualquier posibilidad de ofensa. Ese ejercicio de malabarismo supone, a la vez, un mérito y su principal lastre; la historia no termina de desmelenarse, aunque ofrece oportunidades para la carcajada (la mayoría, por cierto, de la mano de Carmen Flores).

Con 'Las distancias' llegó el filme hasta ahora más sólido e interesante de esta edición. Elena Trapé pone el foco sobre un grupo de viejos amigos de universidad que se reencuentran en la treintena, más desubicados de lo que nunca habrían imaginado una década atrás. A partir de cinco personajes a la deriva, construidos con mimo de orfebre, la realizadora catalana levanta un honesto retrato del desencanto, sin efectismos innecesarios, para situar delante del espejo a una generación desesperanzada que salió al mercado laboral en plena crisis económica. La erosión que el paso del tiempo y la desilusión han producido en sus relaciones personales centra esta película emocionante que merece llevarse un buen puñado de Biznagas.

La última cinta proyectada ayer, 'La voz del silencio', contrapone el bullicio de las grandes ciudades con la soledad de sus habitantes. André Ristum no da alas suficientes a estas historias cruzadas más cercanas al tedio que al impacto.

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