PONER CARA A UN VÁTER

Casi 40**** | Los buenos demonios* | Los adioses* | Invisible**

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Hace veintidós años que David Trueba, por entonces «hermano de», estrenó 'La buena vida' con Lucía Jiménez y Fernando Ramallo como protagonistas. En aquel momento ya estaba gestándose la idea de poner en marcha un festival de cine español en Málaga. Por el camino hemos perdido las cintas de casete y VHS, los mapas, la peseta, el fax, la ingenuidad y a Michael Jackson. De todo eso habla 'Casi 40', un homenaje a las librerías y los periódicos en papel, a las cantantes que no han triunfado y a los directores que nunca han pretendido hacer la película más taquillera, a los almuerzos sin prisas al sol y los viajes por carretera. A quienes ponen cara a las cosas para humanizarlas. Cosas corrientes como los váteres públicos que el personaje de Ramallo trata de no pringar desde que conoció a una de las mujeres que los limpian.

Trueba, que hace mucho tiempo que se despojó de la coletilla familiar por méritos propios, construye un filme pequeño y delicado, no apto para los militantes de los estallidos emocionales y los giros tramposos de guión. En este reencuentro a tres bandas los diálogos se imponen a la acción, que discurre de forma soterrada, en las canciones de ella y en la admiración de él. En la tensión disimulada de ambos. Jiménez y Ramallo merecían unos personajes como los de 'Casi 40', pero también la película merecía unos actores como ellos. No creo que la cinta alcance condición de retrato generacional, pero tampoco lo intenta. Aunque con un tono más nostálgico que romántico, por momentos recuerda a la saga 'Before' de Richard Linklater, incluso en sus adorables defectos. Ojalá no tengamos que esperar otros veinte años para completar la trilogía.

Más discretas, o quizá eclipsadas por 'Casi 40', resultaron el resto de películas proyectadas ayer a concurso en la sección oficial, donde Trueba se suma a 'Las distancias', 'Sergio & Serguéi' y 'Benzinho' para optar a los principales premios. Entre las cintas estrenadas en el último día de competición, 'Invisible' destaca como la más valiente. Pablo Giorgelli aborda el aborto en Argentina desde una perspectiva crítica con su ilegalidad. El desamparo de su protagonista, una adolescente sin referentes adultos, resalta el conflicto interno que sirve de hilo conductor a un guión desnudo, crudo pero sin estridencias.

'Los adioses' rescata el legado de la escritora Rosario Castellanos y recrea su difícil relación con el filósofo Ricardo Guerra. El segundo largometraje de la cineasta mexicana Natalia Beristáin está repleto de buenas intenciones que no salvan el tedio que producen ciertos pasajes. Tampoco 'Los buenos demonios', de Gerardo Chijona, adaptación de la novela 'Algún demonio', convence con una historia coral que se desinfla, por previsible, tras un arranque interesante. Como esas utopías que retrata la propia película, la trama se desmorona sin dejar ni rastro en la memoria del espectador.

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