Pepe Dámaso: «Yo he sido siempre un moderno»

El artista Pepe Dámaso, posando en el bar Puerta Oscura. /Ñito Salas
El artista Pepe Dámaso, posando en el bar Puerta Oscura. / Ñito Salas
Placeres culpables

El artista canario protagoniza el documental 'El pintor de las calaveras', de Sigfrid Monleón, que ayer estrenó el festival

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Quedar con alguien como él merece un lugar de categoría. El pintor canario Pepe Dámaso (Canarias, 1933) acude a Málaga para presentar el documental 'El pintor de las calaveras', que recoge las reflexiones de un vibrante artista en el ocaso. Nos habla en el mítico Puerta Oscura con la sabiduría y la elegancia de un dandy isleño que ha vivido su vida siempre con intensidad.

Usted es un pintor internacional pero, ¿cree que le ha aislado quedarse en Canarias?

–Claro que sí, pero es el centro el que tiene abandonadas a las provincias. El condicionante de la isla es duro pero también te hace distinto, modifica tu existencia. Canarias es turística, tropical y paradisíaca. Quizás hubiera sido más conocido si me hubiese mudado, pero también tengo amigos que fueron a Madrid y desaparecieron. Yo creo en la obra; mi fama es mi obra.

¿Dónde habría vivido de no haberse quedado allí?

–Yo viajo mucho, como buen Sagitario. Viví un año en Nueva York y conocimos a Warhol, pero no creo que fuera mi sitio. Lo importante de vivir en una ciudad es dónde te lleva, y a los isleños nos lleva al interior, al sueño, al surrealismo. Canarias es la tropicalidad, eso siempre lo he defendido. Y que el turismo es cultura, eso lo tienen muy claro ustedes. Me fascinan Lisboa y Praga pero a ellas le puse los cuernos para irme a La Habana, que es otra puta vieja, divina, donde me enamoré ya maduro, cuando menos me lo esperaba, porque me picaron el ojo.

«Después de estar en el Museo Picasso de Málaga ya me puedo morir tranquilo», asegura el pintor

¿Eso es una expresión sexual?

–A mis 84 años el sexo ya está proscrito. Ahora es el deseo lo que me conforma. He estado en la UCI y he reflexionado mucho. Estoy feliz porque mi primer viaje es a Andalucía, a la tierra de Lorca, porque yo he sido siempre muy lorquiano.

En el documental se reivindica su faceta como cineasta con unas películas que eran pura vanguardia. Usted ha sido siempre un moderno.

–Sí, siempre he sido un moderno por autenticidad y por hacer siempre algo contemporáneo. Pero las vanguardias son muy traicioneras porque se han quedado atrapadas en ese trozo de historia. La verdadera vanguardia es que la obra esté siempre viva.

¿Como Picasso?

–Ese es otro milagro. Vengo a la Málaga de Picasso pero yo nunca fui picassiano. ¡El picassiano era Manrique! Aunque yo en la madurez he buscado a Picasso y vengo muy emocionado. Me ha dado mucha alegría saber que vengo al Museo Picasso, no me podían haber dado al final de mi vida este enorme privilegio. Para mí, ir a este museo es redondear un sentimiento profundo y un sueño. ¡Ya me puedo morir tranquilo!

En el documental también se aprecia que usted es muy sensible a la belleza.

–Es que yo vivo para la belleza, siempre he aceptado las nuevas tendencias y como no me he quedado 'temblón' sigo pintando y eso me da vida, pero me pregunto muchas veces si mi obra estará al día. El arte se ha banalizado mucho con el todo vale, pero el arte de verdad sigue envuelto en un misterio que no podemos mangonear.

¿Todo es Duchamp?

–Completamente, todo es Duchamp. El arte está en entredicho, ahora todo el mundo es artista. Hace unos meses me hicieron la gran antológica de mi vida y los expertos me hablaban de cómo se ha conservado mi obra y mi técnica, es muy actual.

Usted ha donado toda su obra y en el documental hay un momento muy intenso en el que se llevan toda las piezas de su almacén. Tuvo que ser duro. ¿Por qué lo hizo?

–Una vez que terminas una obra, ese arte ya pertenece a los demás. Lo otro es especulación. En eso soy todavía noble y puro. La economía jamás ha sido la esencia de mi vida, sino la creación, el espíritu, lo otro, la locura y la fantasía. Yo tengo mi casa y pinto todos los días. No quiero más que eso.

Veo un valor testimonial en todo esto. ¿'El pintor de las calaveras' es su despedida?

–Sí, totalmente. Sigfrid Monleón, el director, le ha dado un sentido internacional a mi mundo y ha buscado mi identidad para mostrarme. Eso me ha sorprendido mucho.

La persona que más ha marcado su vida es el pintor César Manrique.

–Fue mi maestro, mi amigo, mi amor. Éramos íntimos pero no nos parecíamos en nada, era una amistad blanca de dos hombres. Decíamos «qué pena no ser amantes para ser más felices todavía». Él era bisexual y platónico. Yo sí soy homosexual, pero nunca estuve señalado porque los canarios somos gente del mundo, cosmopolitas. Como en La Habana o como aquí, en Málaga.

Temas

Cine

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos