'Formentera Lady': La conexión entre el «novato» Sacristán y el pequeño «experto» Sandro

José Sacristán, Sandro Ballesteros y Pau Durà. /Salvador Salas
José Sacristán, Sandro Ballesteros y Pau Durà. / Salvador Salas

Pau Durà emociona al Festival de Málaga con su nostálgico retrato de un hippy de los 70 en la isla. José Sacristán responde a su repercusión en las redes: «Maldita la gracia que me hace lo del trending topic»

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Reconoce Sandro Ballesteros que no conocía a aquel tipo con el que iba a compartir pantalla. «Pero me dijeron que era uno de los mejores actores de España y flipé», apunta. Es su primer largometraje, solo tiene once años, pero ante una sala abarrotada de prensa contesta con la soltura de quien lleva años en el negocio. Su colega de reparto resultó ser José Sacristán. «Y no es que me haya ayudado, es que me lo ha dado todo», sentencia el joven actor, acompañado de un tierno «ohhh» de los periodistas. El actor de Chinchón también se emociona y confirma ese buen rollo entre «el experto Sandro y el novato Sacristán». «Muchas gracias, Pepe. Bueno, abuelo», concluye Sandro para terminar de conquistar a la audiencia.

En esa conexión entre José Sacristán y Sandro Ballesteros, abuelo y nieto en la ficción, está la clave de 'Formentera Lady', la película que escribe y dirige Pau Durà que hoy se presentó a la competición oficial del Festival de Málaga. Forjó el guión durante unas vacaciones en la isla cuando estaba a punto de ser padre de gemelos. «Entonces pienso en el paraíso que fue Formentera en los 70 y en qué pasaría con un hippy que ha venido a vivir aquí y al que le caiga la gran responsabilidad de la paternidad», detalla.

A ese hippy encarna José Sacristán, un maestro del banjo que se resiste a dejar la aparente libertad que le da su estilo de vida desenfadado de música, amor y drogas. Todo cambia cuando su nieto aparece en escena y se ve obligado a responsabilizarse de alguien que no es él mismo. Se descubre entonces también «en el paraíso hay sombras». «Hay una cosa no resuelta en la vida de este individuo, un intento por buscar situaciones idílicas que no acaban de darse y que suponen huidas permanentes. Felizmente, este encuentro consigo mismo aparece en la figura del nieto», resume Sacristán.

Crítica

La habilidad de Pau Durà ha sido, en opinión del veterano actor («maduro», que no mayor, aclaró), encontrar el tono adecuado para contar esta historia. «Sin sentimentalismo gratuito, siempre con el humor rondando, con un desenfado permanente a lo largo de toda la película. Es de agradecer no intentar ir con la cucharilla de la manipulación emocional», reflexiona «uno de Chinchón», como recuerda una y otra vez durante su intervención. Ese origen «en la Castilla campesina» le ha hecho conocer solo «tangencialmente» el mundo hippy. «En Chinchón, como mucho se tomaba orujo. Con eso estamos ya al borde del abismo», bromea.

Aunque protagonizada por hombres, el equipo asegura que es una «película femenina». «Ellos no son nada sin la referencia, el apoyo y la constante evocación de la mujer», señala el director. Lo corrobora el actor: «Ni costillas ni leches. El origen de este es femenino y nosotros somos la mano de obra (…) Ese aparente mundo de felicidad es un mundo de carencias, de intentar con las drogas y la guitarra olvidar a la mujer».

«Es una película portavoza», añade en un irónico guiño a unas declaraciones suyas críticas con Podemos que se han convertido en centro de la polémica en las redes sociales. Por suerte, afirma, él vive al margen del universo virtual. «Doy una opinión, pero maldita la gracia que me hacen lo del 'topin' (en referencia al 'trending topic') y su puta madre. Mi mujer sabe que no quiero oír nada de la trapisonda que frecuenta esos tejemanejes», concluye.

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