Los compadres, los nuevos Pajares y Esteso

Alfonso Sánchez y Alberto López se reencontraron ayer con el festival./Francis Silva
Alfonso Sánchez y Alberto López se reencontraron ayer con el festival. / Francis Silva
Sección oficial

Alfonso Sánchez y Alberto López repiten alianza con 'El mundo es suyo'. Su secreto: «Somos una pareja abierta, de vez en cuando hacemos el amor con otros»

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Hay costumbres que no se perdonan ni fuera ni dentro de la pantalla: las doce del mediodía es la hora de la caña y el «piscolabis». «¿No podríamos ir al bar de la esquina a tomar una cerveza con unas aceitunitas o unos frutos secos?», deja caer Alberto López a la responsable de prensa. Pero no, no hay descanso entre entrevistas, así que la única comida que verán por el momento será el espeto de plata que el actor lleva en la solapa de su chaqueta. «Y diréis, ¿qué hace el sevillano este con un pin-espeto? ¿Mola, eh?», ríe el actor, que enseña orgulloso el regalo de un orfebre al que conoció en una boda de su familia malagueña (por parte de padre, aclara). «Me lo he traído para que me cuidéis», apostilla. Tipo listo.

Alberto López y Alfonso Sánchez vuelven a Málaga con el reto de repetir la gesta de 'El mundo es nuestro', una película modesta (pionera en el 'crowdfunding') que se ganó al público de Zonazine con su crudo e irónico retrato de los «desheredados» de la ciudad. Seis años después, con más experiencia y más dinero, compiten en sección oficial con 'El mundo es suyo'. Si en la primera entrega los protagonistas eran El Cabesa y El Culebra, aquí dan la cara los compadres Rafi y Fali, dos «vividores y golfos que se resisten a madurar». Dos pijos sevillanos que viven del braguetazo, que se ríen del 'tieso' y que se jactan de no hacer nada en casa. Pero esa actitud esconde un «'recao'»para el espectador: una «sátira del modelo masculino tradicional».

Les queda una tercera parte para completar la conversión al largo de la 'Trilogía sevillana', la serie de cortos que elevó a la pareja cómica a los altares de Youtube con 20 millones de visualizaciones. Y «si el público quiere», insiste Sánchez, la habrá.

La alianza entre ellos funciona. Alfonso Sánchez dirige, escribe y coprotagoniza junto a su compadre Alberto López. A lo Jack Lemmon y Walter Matthau, «salvando las distancias». A lo Pajares yEsteso, «a nivel ibérico». Diez años llevan ya de fructífera relación (que también ha dado el salto a los teatros) y en la 'infidelidad' está la clave de su unión. «Somos una pareja de cómicos de vez en cuando, porque también hacemos mucho trabajos solos. Somos una pareja abierta, de vez en cuando hacemos el amor con otros», bromea el director.

'El mundo es suyo' le da un repaso a todo:al político corrupto, a la alta sociedad anclada en otro tiempo, a los que viven del cuento, a Cataluña... Hasta al conflicto entre los taxistas y Cabify con un invitado estrella:a los mandos del coche está José Luis García Cossío, 'El Selu', el chirigotero más famoso del Carnaval de Cádiz. No son políticamente correctos, «nadie lo es en su vida cotidiana», pero también en la ironía hay que guardar un equilibrio: «Porque de hacer gracia a ser un gracioso hay solamente una palabra», observa el director.

Lo importante es reírse hasta de uno mismo. «Nos conocimos trabajando, que también es paradójico que dos sevillanos se conozcan trabajando», dice el actor. Desde entonces se apoyan el uno en el otro: «Porque nadie nos llamaba para nada». Poco a poco fue creciendo la admiración, los proyectos ('Ocho apellidos vascos', 'Allí abajo') y también la familia. Se ríen a carcajadas al caer en la cuenta de que van a hijo por película. Ocho meses tiene el segundo niño de Alfonso. «Yo vengo con una barriga de cinco meses», añade Alberto. Y todo apunta a que no hay dos sin tres.

Pedro Cruz, protagonista de 'Ojos de madera'.
Pedro Cruz, protagonista de 'Ojos de madera'. / Francis Silva

Cuando ni el 'prota' entiende su historia

'Ojos de madera', de Roberto Suárez y Germán Tejeira, desconcertó a la sección oficial. Para unos habla de «los fantasmas que se asoman en la soledad de un niño». Para otros es «la visión de la realidad de un autista». Para muchos no tiene explicación. Ni siquiera para su protagonista: «Al director siempre le pregunto, pero nunca me sabe responder». El actor uruguayo Pedro Cruz defendió ayer solo (sin los directores) y con honestidad un filme que rodó hace ya nueve años, cuando tenía 11. «Me parece un poco aburrida, muy lenta. Fui a verla cuatro veces y creo que me he dormido tres».

La crítica, por Francisco Griñán Compadre, me da la risa

El mundo es suyo *

Ojos de madera *

En esta obsesión por pillarle el hilo argumental no solo a las películas, sino también a la programación de la sección oficial, la jornada de ayer se podría resumir como la de los extremos. Porque las películas no pudieron ser más rabiosamente diferentes. Por un lado, una comedia andaluza para el (gran) público, 'El mundo es suyo', con los youtuberos Compadres como alma de una fiesta divertida e políticamente incorrecta pero con trama anecdótica y, por otra, la cinta uruguaya 'Ojos de madera', un filme de arte y ensayo para minorías en el que, paradójicamente, el argumento también resulta accesorio. Mira, al final, las dos películas tenían algo en común.

La pareja artística formada por Alberto López y Alfonso Sánchez encarnan en 'El mundo es suyo' a Fali y Rafa, que vienen a ser la versión complementaria y pija de El Cabesa y El Culebra, los quinquis protagonistas de la fresca e irreverente 'El mundo es nuestro'. Esta comedia, que como la anterior dirige Sánchez, no es una continuación, pero sí forma parte de la misma saga al presentarnos esta vez una versión casposa y sin vergüenza de Don Quijote y Sancho Panza. Y ese descaro irrespetuoso es el gran valor de este filme con momentos desternillantes.

La película reparte estopa al españolazo, al macho alfa, al señorito andaluz, a los políticos corruptos, a la iglesia, a los 'indepes', a los perro flautas, a los okupas, a los republicanos, a los podemitas y los peperos, a los taxistas y los 'cabifys', al fútbol y hasta la prensa. Nada se libra en 'El mundo es suyo' que afila su sarcasmo para ridiculizar las contradicciones de la España actual. Incluso introduce algún personaje para el recuerdo, como el chirigotero José Luis García Cossío, 'El Selu', que da vida a un impagable taxista. La crítica a través del humor más irreductible es lo mejor de esta comedia que muestra su inconsistencia y endeblez en la peripecia de estos dos herederos del esperpento nacional que nos enseñan que, por mucha crisis y lecciones que nos dé la realidad, el pelotazo sigue siendo un valor en alza. Lástima que el mensaje se quede en una sucesión de gags más o menos brillantes. Eso sí, la película ha conseguido eso que tanto ansían sus protagonistas: la distribuye Warner y se estrena en junio por todo lo alto. Todo un pelotazo.

Por su parte, 'Ojos de madera' es el debut en la dirección del dramaturgo uruguayo Roberto Suárez que firma esta película junto a Germán Tejeiro. Una de las cintas más radicales y experimentales que hemos visto pasar por la sección oficial a concurso. Un cuento por momentos arrebatador por la creación de un mundo onírico que busca ante todo la fascinación estética. Olvidándose de otras cuestiones como ritmo y narración. El protagonista de esta fábula es Víctor (Pedro Cruz), un niño al que la muerte de sus padres convierte en un ser introvertido que se refugia en su propio mundo, enmudece y enloquece poco a poco. Ambientada en los años 50 del siglo pasado, los fotogramas son deudores de la iconografía del circo y el universo felliniano ('8 y medio' y 'Roma'). La dirección de arte es un espectáculo, como su fotografía expresionista en blanco y negro con momentos de lúcido color, que aspira a llevarse la Biznaga. Pero la película avanza como los sueños del protagonista y acaba convirtiéndose en una pesadilla laberíntica y redundante. En un ejercicio de estilo. Dejando la sensación que aquí había un corto brillante más que este largo aburrido.

La crítica, por Alberto Gómez La conjura de la gomina

El mundo es suyo 0

Ojos de madera **

Dedicarse al cine en España requiere vocación, pasión y una mochila cargada de paciencia. Para sacar adelante un proyecto, sobre todo sin el paraguas de una multinacional, hace falta una bendita conspiración de inconscientes dispuestos a empeñar esfuerzo, dinero y hasta salud mental, cuando no física. A veces el resultado merece la pena y otras no, porque las buenas intenciones no siempre bastan. 'El mundo es suyo', la comedia estrenada ayer en la sección oficial, cuenta con el abrigo de una gran empresa como Warner, pero Alfonso Sánchez, su director y protagonista junto a Alberto López, viene de abajo. De ese mundo de papeles secundarios y 'crowdfunding'. Créanme, me habría encantado escribir que la película resulta desternillante, pero la única reacción de mi mandíbula consistió en algún bostezo que otro. Este retrato caricaturizado de dos machitos ibéricos (los compadres) no logra divertirme en ningún momento y tampoco arrasó entre el resto de asistentes al pase matinal de prensa y público, cuyas proyecciones suelen acabar (pero no esta vez) en aplausos más o menos tímidos cuando aparecen los títulos de crédito.

Cuenta su director que la película es una sátira sobre España y el modelo patriarcal. ¿Cómo se traduce esto sobre el guión? Con secuencias como la siguiente: Entra una mujer atractiva a un restaurante y uno de los protagonistas se ajusta el paquete, enfocado en primer plano. Luego, desde una estética de gomina y cinturones con los colores de la bandera española, se suceden los chascarrillos y gags sobre terrorismo yihadista, okupas, feminismo, tráfico de drogas, inmigración, amor libre, independentismo, prostitución y política. Demasiados ingredientes para un mismo cóctel, aunque sea molotov. Con esos retales pretende Sánchez tejer una comedia tosca que destape las vergüenzas nacionales, aunque la sensación final es que la historia no trasciende la mera montaña de estereotipos, acumulados para ser arrojados a lo largo del metraje. Como esas abuelas que bañan a sus nietos en colonia, el resultado colisiona con el objetivo y repele más que otra cosa. Tanta planicie acaba resultando inexplicable, especialmente en un festival que tiene en su memoria títulos brillantemente irreverentes como 'Selfie'.

En las antípodas de 'El mundo es suyo' se sitúa la otra película proyectada ayer en la sección oficial. 'Ojos de madera' es probablemente la historia más compleja de esta edición, un filme experimental que bucea en el expresionismo para narrar las visiones de Víctor, un niño de once años adoptado por sus tíos tras la muerte de sus padres. Siete años ha tardado Roberto Suárez en estrenar esta perturbadora cinta que no deja indiferente. Cada escena, cada rostro y cada diálogo están impregnados de un misterio que transpira cinefilia, desde la 'Repulsión' de Roman Polanski hasta los 'Ángeles sin paraíso' de John Cassavetes.

'Ojos de madera' propone un viaje sensorial que, pese a su corta duración (apenas una hora), inquieta por momentos y cae en el tedio en otras ocasiones. Su brillante producción, el mimo que se vislumbra tras cada fotograma, la hace merecedora de premios en el apartado técnico, pero falta alma si de lo que se trataba era de emular al Fellini de 'Ocho y medio'.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos