«Pero te habrá ayudado tu chico»: el machismo comienza en el corto

Paula Villegas, Marina M. Mata y Ana Pfaff coinciden en que aún queda camino para lograr la igualdad. /Salvador Salas
Paula Villegas, Marina M. Mata y Ana Pfaff coinciden en que aún queda camino para lograr la igualdad. / Salvador Salas
Una de tres una detrás

Paula Villegas, Marta M. Mata y Ana Pfaff cuentan a SUR su experiencia dirigiendo cortometrajes en una industria marcada por la desigualdad

ISABEL BELLIDO

No se conocen, pero ya entre ellas se atisban como los pájaros extraños que son. Paula Villegas, Marta M. Mata y Ana Pfaff dirigen cortometrajes, piezas audiovisuales que con frecuencia suponen el primer paso para iniciarse en el mundo del cine y donde, probablemente, nazca y se nutra la desigualdad. «Es jodidísimo», se queja, rotunda, Villegas. «De hecho, no conozco casi a mujeres directoras. Estamos presentes en muchos puestos, sobre todo de vestuario, producción, script, maquillaje o peluquería, pero los altos siempre los ocupan los hombres», continúa. Están unidas por el hilo generacional que se extiende desde la veintena a la treintena y han confluido en Málaga, donde presentan sus cortos: 'Hotel Royal Co' (Paula Villegas y Rakesh B. Narwani); 'El trabajo' (Marina M. Mata y otros doce directores), 'Diez y nueve. Autorretrato con herida' (Marina M. Mata); y 'Luna cautiva serpiente roja bandeja de plata' (Ana Pfaff y Ariadna Ribas). Ana Pfaff, montadora de profesión, viene, además, con tres largos: 'Ainhoa: yo no soy esa' (Carolina Astudillo), 'Con el viento' (Meritxell Colell) y 'Trinta Lumes' (Diana Toucedo). A todas se nos escapa una sonora ovación cuando descubrimos (casi por casualidad) que es la montadora de 'Verano 1993', por cuyo trabajo se hizo con un Premio Gaudí y cosechó otras tantas nominaciones. Nos cuenta que «muchas veces» la han llamado por teléfono en busca de «una chica montadora». «Me pregunto qué quiere decir eso», dice. «Yo soy buena en mi trabajo siendo mujer, siendo hombre o sea lo que sea, ¿no?», concluye.

Están unidas por el hilo generacional que se extiende desde la veintena a la treintena y han confluido en Málaga, donde presentan sus trabajos

Aún no hay informes específicos sobre la brecha de género en el cortometraje, pero según afirma desde CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y Medios Audiovisuales) la directora y guionista Irene Cardona, «incluso en los cortos se puede observar que sigue habiendo más dirigidos por hombres que por mujeres». Esto concuerda, de hecho, con la representación en el Festival de Málaga y con la propia mecánica de la ciudad, según atestigua Paula Villegas, que conoce bien el panorama. «En Málaga es muy patente. Yo soy directora de arte y de vestuario y noto un montón cómo se me juzga por eso», comenta. «¿Qué has hecho, un trabajo experimental de fashion film?», dice, imitando la voz de un interlocutor que cuestiona su trabajo. Al aclarar que es «un corto de ficción», la «condescendencia» continúa: «ah, bueno, pero te habrá ayudado tu chico». «Él me ha ayudado a codirigirlo, pero toda la idea ha sido mía», concluye.

Demostrar el doble

Villegas es, además, empresaria. Dirige junto a Rakesh B. Narwani la productora Objetivo 50, donde «hacen prácticas muchas chicas». «Me pregunto cuántas de ellas son seleccionadas en Sección Oficial. Hace falta mucho para que te crean y te tomen en serio. Siento que cuesta más darle una oportunidad a una mujer, tienes que demostrar el doble», opina. Pone como ejemplo la trayectoria de Greta Gerwig, directora de la aclamada 'Lady bird': trabaja durante largo tiempo «en muchas películas con gente tocha de ayudante de script o de lo que que sea» y «por fin» puede sacar su «proyecto», tras labrarse «una reputación con toda esa gente». Tenemos menos tiempo y menos oportunidades para errar: «Scorsese ha hecho siete mil millones de películas y ha tenido tiempo para cagarla. Las mujeres a lo mejor tienen tiempo para hacer dos películas y ya tienen que ser la hostia».

Sienten que las mujeres tienen menos tiempo y menos oportunidades para errar

Marta M. Mata la escucha con atención porque, además, le conviene. Acaba de terminar sus estudios y ya empieza a moverse. A ella la desigualdad le ha marcado laboralmente desde los inicios: a pesar de haber trabajado de eléctrica en producciones, «siempre» va a «por el puesto de script porque está muy feminizado». «Y yo lo que quiero es hacer cine», sostiene. «Si pegas una patada en el suelo te salen veinte eléctricos, y prefieren a hombres normalmente porque es un trabajo de levantar peso», explica.

Ya en el máster percibió claramente que su camino no iba a ser tan fácil como el de sus compañeros. «Yo venía de la carrera con experiencia en rodajes y hasta que no demostré en clase que sabía más que ellos, no me tenían en cuenta», cuenta M. Mata, quien asegura que le «cortaban al hablar». «Además lo tienes que hacer todo con mano izquierda porque si no quedas de borde y ya te etiquetan y no quieren trabajar contigo», arguye.

Con todo, las cosas «están cambiando». Todas concuerdan y CIMA lo ratifica. «Desde hace décadas la presencia de las mujeres en cortometrajes ha aumentado en distintas categorías técnicas», dice Cardona. «Las jóvenes vienen con bastante empuje, conscientes de la desigualdad y, justamente por eso, con más fuerza», apunta. Justo esta tarde (17:00 horas) la asociación celebra en el Museo Thyssen una mesa redonda para hablar, entre otros asuntos, de CIMA en Corto, una iniciativa que nació en 2015 «con la idea de dar visibilidad a los trabajos de cortometrajes dirigidos, fotografiados, producidos y escritos por socias de CIMA».

Quizás la que mejor pueda ilustrar esa transformación sea Ana Pfaff, que desde Barcelona trabaja «con muchas directoras con proyectos increíbles», como su ya extenso currículum puede atestiguar. Admite que ha vivido menos experiencias machistas, quizás por tener un «trabajo más solitario» («se tiene que basar en una confianza del director o directora en ti»); quizás por no hacer un cine «demasiado industrial». Sin embargo, sus amigas montadoras de televisión o industria le han hablado varias veces del «techo de cristal». «Es que todas las pelis gordas, las pelis de presupuesto, los puestos de director... son tíos», le cuentan. Ahora la gente se pregunta dónde estaban antes: «estábamos en la retaguardia y ahora estamos sacando todo». Estábamos «detrás de una puta cortina». «Es que no nos daban voz», Villegas dixit.

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